Mitología capitalista

MAURICIO DIMEO

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Introducción

El capitalismo es un sistema económico y social basado en la propiedad privada de los medios de producción y en la importancia del capital como generador de riqueza. El capitalismo surge en un proceso histórico de lucha de clases en el que la burguesía toma el poder derrotando a la clase feudal y se expande por todo el mundo.

En este ensayo se analizarán los principales mitos sobre el capitalismo, buscando mostrar cómo se ha generado toda una mitología para justificar la explotación capitalista y crear la ilusión de progreso social ocultando la lucha de clases.

Un mito es una historia imaginaria que altera las verdaderas cualidades de una persona o de una cosa y les da más valor del que tienen en realidad. En la sociedad actual, la mitología que domina la vida cotidiana no proviene de las religiones, sino del sistema capitalista, como veremos.

  1. Mito de la movilidad social

El capitalismo se compone de clases sociales en lucha, por un lado tenemos a la burguesía que se caracteriza por los dueños de los medios de producción y por otro lado al proletariado que no posee medios de producción y vende su fuerza de trabajo. La burguesía se compone por una minoría de la población que es cada vez más rica, mientras que el resto son trabajadores asalariados.

Para que el proletariado no se percate de que hace el trabajo y no recibe la riqueza que genera, el capitalismo ha inventado el mito de la movilidad social, también conocido como meritocracia, el cual consiste en hacer creer al trabajador que si se esfuerza mucho o tiene grandes ideas o emprende su propio negocio: podrá ascender a la clase burguesa. Esto es un mito en la medida en que el sistema capitalista sólo permite que una minoría de proletarios suba de clase social, en tanto que sólo una minoría de burgueses tiende a perder sus medios de producción y se convierten en proletarios.

En otras palabras, el capitalismo no podría permitir que todos los que son innovadores, emprendedores o “muy trabajadores” ascendieran económicamente, dado que la base económica del sistema exige una gran masa de proletarios en la más absoluta explotación. Sin embargo, el mito de la movilidad social es funcional para mantener la esperanza del pueblo de una vida mejor, mientras trabaja duramente para enriquecer al dueño de la empresa.

Además, este mito descansa en la estigmatización del pobre como flojo y tonto, siendo que la gran mayoría del proletariado trabaja muy duro por un salario miserable y todas sus grandes ideas son capitalizadas para el beneficio de la burguesía.

  1. Mito de la democracia

Para mantener su legitimidad, la clase burguesa instaura un sistema electoral que pretende dar cabida a todas las clases sociales, sin embargo la democracia capitalista es formal y no real por las siguientes razones:

  1. a) Toda la ciudadanía puede votar (las mujeres hasta hace algunas décadas), pero el Estado no se hace responsable de formar política y culturalmente a la población para dicho ejercicio. De modo que son fácilmente manipulados para que apoyen y aprueben a los representantes de la burguesía, sin ser conscientes de sus intereses como proletariado.
  2. b) La pluralidad de partidos es engañosa, dado que sólo tienen registro los que obedecen a los intereses de la clase capitalista. Ningún partido responde a los intereses de los trabajadores, ya que de ser así pondrían en riesgo al sistema capitalista, de modo que les es negado el registro, se les corrompe para que responda a la burguesía o se le extermina con golpes de estado cuando llegan al poder o la persecución de sus integrantes.
  3. c) Las elecciones son un producto más de consumo. El sistema electoral está diseñado para que sólo puedan acceder a puestos de elección quien invierta mucho dinero para las campañas, por lo que los partidos y candidatos se ven obligados a comprometerse con las empresas y una vez que llegan al poder deben responder a intereses particulares, de modo que la democracia se convierte en un mercado más.
  4. d) La democracia se reduce al voto. Muy pocos derechos se han ganado con el voto, la historia nos dice que la mayoría de los derechos han sido ganados mediante la protesta social, dado que el voto es un ejercicio pasivo de elegir entre varios candidatos y partidos cada cierto tiempo, mientras que la protesta social implica la participación activa de la población para exigir derechos a los gobernantes y manifestar el descontento social. Paradójicamente, en las democracias formales se concibe a la protesta social como un acto vandálico y violento, aun cuando la misma ONU reconoce el ejercicio de la protesta social como uno de los pilares de la democracia. La ONU, en La declaración de los Defensores y las Defensoras de los Derechos Humanos (Art. 5) afirma que “A fin de promover y proteger los derechos humanos y las libertades fundamentales, toda persona tiene derecho, individual o colectivamente, en el plano nacional e internacional: […] a) A reunirse o manifestarse pacíficamente”.

En pocas palabras, la democracia capitalista es sólo una fachada para cubrir a la dictadura de la burguesía, la cual utiliza dicha formalidad para mantener a los trabajadores engañados y que el costo político de su dominio sea menor, es decir, es más sencillo hacerle creer a  los trabajadores que los gobernantes los representan dado que votaron por ellos, que decirles abiertamente que la clase burguesa diseñó al Estado capitalista para proteger sus intereses y para explotar y oprimir a la clase trabajadora.

  1. Mito del Estado mediador.

Por la misma línea, el capitalismo nos vende la idea de que el Estado está diseñado para mediar las diferencias entre particulares, manteniéndose como una institución neutral entre las clases sociales, incluso atribuyéndole una fuerza independiente como “clase política”.

Esto es una trampa, dado que el Estado fue instaurado para defender los intereses de las clases dominantes, de modo que sólo simulará mediar entre particulares (como en las juntas de conciliación y arbitraje) mientras que en los hechos favorecerá a la clase capitalista. Una evidencia de ello es que los juicios son ganados por quien tiene para pagar un buen abogado y las cárceles están llenas de pobres.

  1. Mito de la empresa socialmente responsable

La Responsabilidad Social Empresarial (RSE) es un enfoque de negocios que incorpora respeto por las éticas, las personas, las comunidades y el medio ambiente. Sin embargo, el hecho de que haya que agregar el adjetivo “socialmente responsable” evidencia que las empresas son en esencia lo contrario.

Mientras que el objetivo del capitalismo es la acumulación del capital con base en la explotación de los trabajadores, la imagen pública de cada empresa influye en su potencial de ventas, es por esto que la responsabilidad social es tan sólo una fachada de rostro humano para ocultar las condiciones de miseria que suelen sufrir los trabajadores, dado que mientras las empresas implementan medidas para mejorar el entorno, los recursos para implementarlas vienen del trabajo no retribuido al proletariado. Hay casos de empresas socialmente responsables que ejecutan despidos masivos sin problema.

  1. Mito de la progenie irresponsable.

El capitalismo busca ante todo la acumulación del capital, lo cual implica la explotación de la naturaleza y del proletariado. Esto implica la demanda de una gran masa de trabajadores, lo cual requiere de la sobrepoblación y el hacinamiento en las grandes ciudades.

Cuando esta política de crecimiento poblacional se sale control se genera sobrepoblación. La burguesía no asume la responsabilidad de esta consecuencia y pretende culpabilizar a los pobres por no realizar una planificación familiar. Sin embargo,  la clase proletaria, como su mismo nombre indica, no tiene otro patrimonio que sus propios hijos, por lo que la responsabilidad recae en la clase burguesa que mantiene al proletariado en la miseria y que mediante el Estado no le ofrece oportunidades educativas y profesionales para que el pueblo no reduzca sus aspiraciones sociales a la procreación.

En pocas palabras, la sobrepoblación es un efecto de la demanda capitalista de mano de obra, por lo que la responsabilidad recae en el Estado capitalista que pretende controlar a la población bajo los intereses del mercado y no sobre la base de una vida digna, atentando contra el derecho humano a formar una familia.

  1. Mito de la repartición de riqueza

El capitalismo nos vende la idea de que la solución a la pobreza es generar más riqueza, para luego repartirla, pero esto es un mito en la medida en que en la actualidad hemos generado más riqueza que nunca antes en la historia, mientras que la pobreza y la miseria se agudizan en todo el mundo.

Lo cierto es que nunca antes un sistema había logrado tanta riqueza como el capitalismo, al grado de que si se repartiera justamente, alcanzaría para que toda la población mundial tuviera un vida diga. Dicha riqueza es producto de siglos de explotación de trabajadores para la acumulación del capital, por lo que toda esa riqueza pertenece a millones de trabajadores que no tienen la posibilidad de disfrutarla, dado que es acaparada por el uno por ciento de la población mundial.

  1. Mito de la individualidad

El capitalismo presume que su sistema exalta la individualidad y promueve el desarrollo de cada persona, lo cual es una trampa dado que esto no se traduce en el libre desenvolvimiento del individuo, sino en su posibilidad de elegir entre una infinidad de productos de consumo, de modo que el individuo no se desarrolla porque termina subsumido a las modas de consumo, en la cual todos terminan comprando y deseando el mismo tipo de producto, como los celulares, dado que su personalidad se determina por la elección de compra. Además, el capitalismo educa a los individuos en el egoísmo, por lo que el desarrollo de la personalidad se ve seriamente atrofiada por el individualismo burgués.

En contraste, el libre desarrollo de la personalidad implica el acceso a una educación de calidad y a un empleo digno, que permitan el máximo desenvolvimiento de nuestras habilidades, así como de una forma de vida en colectividad, que rompa con la lógica individualista y nos aproxime a una sociedad donde los intereses de la clase trabajadora sean asumidos como los intereses de cada individuo.

  1. Mito de la productividad

El discurso de la clase capitalista hacia los trabajadores reside en que para salir de la pobreza deben aumentar la productividad, lo cual es sólo un engaño para explotarlos más por el mismo salario, dado que en el capitalismo no gana más quien trabaja más sino quien puede generar más capital.

En otras palabras, al capitalismo no le interesa que se realicen labores tan valiosas como la agricultura, la atención médica a todo el que la necesite, la educación o la construcción de viviendas, ya que quienes se dedican a esos rubros suelen estar mal pagados. Lo que le interesa al capitalista es la generación de capital, cuanto más ganancias le reporte el trabajador al empresario más posibilidades tiene de aumentar su salario, aunque esto no tenga relación con un beneficio social o incluso se le contraponga. Por ejemplo, un empleado del sector financiero que trabaje para una empresa con el objetivo de pagar menos impuestos, un organizador de conciertos en grandes auditorios, un publicista en medios de comunicación masiva y un narcotraficante: todos ellos realizan actividades que no son productivas en el sentido de generar riqueza y que incluso generan perjuicios a la población, pero son expertos en generar capital con la riqueza ya generada, por lo que la clase capitalista los premia con buenos ingresos.

  1. Mito de la propiedad

La propiedad puede ser de dos tipos: individual y privada. La propiedad individual es una posesión que se disfruta de modo personal, como puede ser ropa, un auto, una casa, una computadora, un cepillo de dientes. La propiedad privada, como su nombre lo dice, es aquélla que “priva” a otros de dicho bien, como puede ser una empresa o una patente.

Ahora bien, probablemente nadie estaría en contra de que todos poseamos propiedades individuales, ya que son necesarias para una vida digna, pero con la propiedad privada es diferente, ya que presupone cierto grado de desigualdad: que una minoría sea dueña de los medios de producción, distribución y financiación, mientras que otros, los desposeídos, se vean obligados a trabajar para dichos dueños.

El argumento que se usa comúnmente para justificar dicha desigualdad es que los poseedores son los emprendedores que por su esfuerzo e inteligencia lograron acumular riqueza y que los desposeídos son idiotas o flojos que no son capaces de planear su futuro, pero la historia del capitalismo muestra que esto no es así, ya que es una minoría excepcional la que con el sólo esfuerzo e inteligencia logra enriquecerse, la mayoría de las riquezas se heredan o se logran mediante el saqueo, el robo o la dominación, baste resaltar que las grandes potencias mundiales lograron acumular su riqueza a costa del saqueo y explotación colonialista en África, Latinoamérica y Asia durante cientos de años, esto es a lo que Marx llamó la acumulación originaria del capital.

En pocas palabras la propiedad privada es un mito porque sólo puede ser poseída por una minoría que vive del trabajo no retribuido de la clase trabajadora.

  1. Mito del emprendimiento

El sistema capitalista genera miseria en la clase trabajadora, dado que es la única forma en la que puede generar la mayor cantidad de capital posible. Para ocultar su responsabilidad, la burguesía creó el mito del emprendimiento, el cual consiste en hacer creer que cualquiera puede dejar de ser un asalariado para convertirse en un emprendedor, tan sólo con una gran idea y un poco de dinero.

La realidad es que estadísticamente la mayoría de las pequeñas empresas fracasan, dejando al supuesto emprendedor en mayor miseria, lo cual no es consecuencia de no haber sido lo suficientemente creativo, innovador o suertudo, sino del mismo sistema capitalista que genera ventajas competitivas a las grandes corporaciones, quienes suelen ejecutar prácticas monopólicas para aplastar a los pequeños comerciantes.

En pocas palabras, el mito del emprendimiento funciona para hacer recaer la responsabilidad de la miseria en la clase trabajadora, haciéndole creer que es pobre porque quiere, reduciendo los problemas económicos y de lucha de clases a una cuestión de mentalidad y optimismo.

  1. Mito del poder del consumidor

Para ocultar las relaciones de producción, en las que la clase trabajadora es brutalmente explotada y oprimida, la burguesía ha creado la figura del consumidor y la ha mitificado con un poder exagerado.

Si bien los consumidores han logrado combatir a las empresas con prácticas como el boicot, sus acciones se limitan a una resistencia ante el abuso de algunas empresas, sin poner en duda al sistema capitalista ni ejercer acciones que trasciendan.

Es decir, aun cuando los consumidores se organicen y atenten contra las ganancias de algunas empresas, el capitalismo siempre encontrará nuevos mercados y formas de reparar las pérdidas, dado que el núcleo del capitalismo no está en la oferta y la demanda, sino en la extracción de plusvalía a la clase trabajadora, de modo que los esfuerzos encaminados a dejar de consumir cierto producto, serían mejor utilizados en huelgas, paros y protestas de la clase trabajadora, con el objetivo de expropiar los medios de producción.

Ya que históricamente las acciones de los consumidores han logrado muy poco comparados con la protesta social, por lo que el poder del consumidor es más que nada un mito capitalista.

  1. Mito de la libertad

Dentro del capitalismo se pretende que toda persona tenga la posibilidad de enriquecerse. Esto no es posible, dado que no todos tienen las posibilidades materiales para hacerlo, pues dentro de la sociedad capitalista se requiere de una clase proletaria que, generando una mercancía excedente, haga posible el enriquecimiento de la burguesía, por tanto, estaríamos hablando de una libertad negativa, es decir, de un hueco imposible de llenar más que por una minoría. Peor aún, el interés por enriquecerse por encima de las necesidades obedece a una falta de libertad individual, en la cual se es esclavo de las ambiciones, en donde las propiedades terminan poseyendo a los propietarios. Asimismo, el trabajo mecanizado que impera en el proceso de producción y distribución: atenta contra el desarrollo de la creatividad humana, por lo que tales trabajadores padecen una enajenación que quebranta su libertad en sentido estricto, pues la creatividad es la mayor prueba de la libertad. Por todo ello, la supuesta libertad del liberalismo económico sufre de una falta de libertad positiva (propiamente humana) y de una esclavitud material.

Es decir, para la mayoría de la población mundial, que constituye la clase trabajadora, las jornadas de trabajo son tan extenuantes y el salario tan bajo, que la libertad es sólo una ilusión, dado que el poco tiempo libre que les quede y el poco dinero que poseen para su esparcimiento, determinan una vida esclavizante.

  1. Mito del Estado benefactor

El capitalismo no es capaz de brindar una vida digna a sus trabajadores, dado que esto disminuiría la generación de capital. Sin embargo, el auge del socialismo en el siglo XX provocó que la clase trabajadora en los países desarrollados se organizara y exigiera condiciones laborales dignas.

Ante el peligro de la expansión del socialismo, la clase burguesa decidió ceder a las demandas de la clase trabajadora de primer mundo y brindar servicios sociales gratuitos de la mejor calidad en educación, salud y jubilación, entre otros, como en el caso de los países nórdicos.

Esto podría hacernos creer que la solución para mejorar al capitalismo es la socialdemocracia, que mantiene la propiedad privada capitalista y retoma las medidas socialistas de seguridad social y prestaciones. Todo lo cual es un mito por varias razones:

  1. a) El Estado benefactor no puede extenderse por todo el mundo, dado que eso implicaría un gasto público en beneficio de los trabajadores y frenaría la acumulación del capital, por lo que la gran burguesía combate a los países subdesarrollados que tratan de implementarla (como Venezuela y Bolivia).
  2. b) El Estado benefactor suele ser hipócrita dado que brinda condiciones dignas en su país de origen, pero las mismas empresas suelen ser rapaces contra la clase trabajadora y el medio ambiente cuando se instalan en países subdesarrollados (como las mineras canadienses en México).
  3. c) El Estado benefactor garantiza las condiciones económicas dignas en la clase trabajadora, pero frena la organización social, por lo que los trabajadores suelen deshumanizarse y aislarse del entorno, sufriendo soledad, alcoholismo, suicidio y depresión (Palomo, 2017).

En pocas palabras, aun el capitalismo con rostro humano (el que le copia los servicios públicos de calidad al socialismo) no puede expandirse a todo el mundo, es hipócrita y deshumaniza a los trabajadores, por lo que el Estado benefactor es un mito más dentro del capitalismo.

  1. Mito de las clases sociales inmutables

Para justificar la perpetuidad de la clase capitalista, a menudo se apela a la existencia inevitable de ricos y pobres, argumentando que siempre han existido, ya sea por apelar a una mítica naturaleza humana o a un destino inevitable. Esto es rotundamente falso dado que la mayor parte de la existencia humana fue en el periodo salvaje, que duró más de 40mil años y en el que no existían clases sociales, dado que las condiciones históricas eran tan precarias que la colectividad subsumía al individuo, de modo que los recursos se repartían equitativamente entre toda la comunidad, pues de otro modo corrían el riesgo de morir de hambre.

No fue sino hasta el periodo civilizatorio, en su forma esclavista, cuando las clases sociales se consolidaron en amos y esclavos, transformándose en el feudalismo a señores y siervos, hasta llegar al capitalismo con burgueses y proletarios. Sin embargo, es justo ahora cuando las condiciones históricas de producción son tan vastas que permiten la expropiación de la propiedad privada y con ello la superación de la lucha de clases, por lo que la clase trabajadora puede tomar el poder y superar las clases sociales, de modo que la inmutabilidad de las clases sociales es sólo un mito.

  1. Mito del dinero

El dinero es una relación social, producto de la necesidad de intercambiar mercancías, las cuales son generadas por la fuerza de trabajo. En el capitalismo, el dinero suele ser idolatrado como una divinidad, ya que se le atribuye la omnipotencia de lograr  cualquier cosa con su poder.

La mayoría de las personas sueñan con tener mucho dinero de la nada, siendo que grandes cantidades de dinero contienen mucho trabajo no retribuido a la clase proletaria, es decir, para que se acumule el dinero se requiere que muchos trabajadores desgasten su vida por años para que un capitalista lo utilice para su propio beneficio.

El problema del culto al dinero es que su lógica superficial se ha trasladado a todos los ámbitos de la cultura, de modo que el amor se mide en regalos costosos, la educación en el pago de colegiaturas y la salud en el costo del medicamento, entre otros.

Hemos perdido la capacidad de apreciar los objetos, las personas, las experiencias y los recursos por sí mismos y terminamos midiendo su valor tan sólo por su aspecto económico, con lo que somos víctimas de la deshumanización capitalista y del mito del Dios-dinero.

  1. Mito de la legalidad

La clase capitalista fundó el Estado burgués para defender sus intereses, de modo que creo un sistema legal para respaldarlos. La burguesía se mantiene en la legalidad cuando así le conviene, pero puede utilizar la vía ilegal cuando sea necesario, de modo que la supuesta corrupción no es una anomalía del sistema, sino una herramienta más para la acumulación del capital y el sometimiento de la clase trabajadora.

Esto es favorable para el capitalismo porque logra que la pretensiosa solución de la injusticia y la desigualdad se reduzca a una cuestión de corrupción, dejando intactos al sistema y a la clase burguesa. Es decir, la corrupción jamás será erradicada dentro del capitalismo porque es inherente a la clase capitalista, que desde sus orígenes traicionó a la clase proletaria con la promesa de libertad, igualdad y propiedad que sólo cumplió para sí misma.

La ventaja del mito de la legalidad es que permite a la burguesía deslindarse como clase de la injusticia y la desigualdad, para hacerla recaer en responsables individuales, tales como empresarios, gobernantes y militares, pretendiendo que los males del capitalismo son ejecutados por personas deformadas y por la clase capitalista en su conjunto.

La muestra de que la corrupción es inherente al sistema capitalista, reside en la economía criminal, que con el narcotráfico, el comercio de armas y la trata de mujeres y niños: genera una gran tasa de ganancia para los mismos capitalistas que también tienen negocios en la economía legal, con grandes fundaciones para evadir impuestos y empresas socialmente responsables para limpiar su imagen.

Por otra parte, el Estado capitalista utiliza la legalidad para criminalizar la protesta social, creando o modificando leyes para ilegalizar las manifestaciones públicas y la libertad de expresión, logrando que los defensores de derechos humanos sean juzgados como delincuentes.

Asimismo, la mayor evidencia de corrupción es la tasa de plusvalía, con la que la clase capitalista se apropia del trabajo no retribuido del obrero, en la más absoluta legalidad, sin lo cual el capitalismo no existiría.

En pocas palabras, la legalidad es un mito en tanto que la burguesía oscila entre la legalidad y la ilegalidad según le reporte ganancias o mantenga su hegemonía política.

  1. Mito de la cientificidad

El capitalismo creó la ciencia moderna y le brindó un impulso exponencial, capaz de dar explicación al surgimiento del universo, de la vida y de la humanidad. Sin embargo, la lógica capitalista no está orientada a la generación de conocimiento, sino a la acumulación del capital, así que gradualmente el capitalismo se transformó en un freno para la ciencia, al grado de sólo financiar investigaciones directamente enfocadas en la ganancia económica.

Al mismo tiempo, la burguesía desarrolló la ciencia económica para explicar el funcionamiento del capital, pero su límite histórico de clase propició que deformara a la economía para sus intereses, reduciendo la ganancia a una relación entre la oferta y la demanda, mientras que se oculta el factor más importante de la producción: la ley de la plusvalía descubierta por Marx.

En otras palabras, la economía burguesa pretende explicar el desarrollo económico mediante una relación superficial entre compradores y vendedores, sin entender que el valor de una mercancía viene determinada por la cantidad de trabajo materializada, es decir, por más demandada que sea una mercancía, no puede venderse por debajo de su valor, dado que eso reportaría pérdidas.

El secreto de la ganancia de la burguesía no reside en comprar barato y vender caro, lo cual es tan sólo un mito, sino en la explotación laboral, que consiste en alargar la jornada de trabajo y reducir el salario a lo socialmente necesario, de modo que se extraiga la mayor cantidad de plusvalía posible.

En pocas palabras, la clase burguesa ha transformado a la economía en una pseudociencia, dado que es la única forma en la que puede mantenerla como una justificación de sus intereses.

 

  1. Mito de la única alternativa.

Finalmente, la burguesía ha hecho todo lo posible para mantener el mito de que el sistema capitalista es la única alternativa, dado que se dedicó a sabotear al socialismo durante todo el siglo XX y el XXI. Para ello ha recurrido a todas las herramientas posibles: bloqueo económico, fascismo, nazismo, Segunda Guerra Mundial, infiltración capitalista en la URSS desde Kruschev hasta Gorvachov, Guerra fría, satanización del comunismo y criminalización de los partidos comunistas.

Con ello ha logrado que el capitalismo sea entendido como el único sistema posible y que la clase trabajadora lo defienda ante cualquier intento de crítica, reduciendo los problemas históricos de desigualdad e injusticia a una cuestión de actitud individual.

La verdadera religión de nuestro tiempo es el capitalismo, con su culto al dinero y sus defensores enajenados dentro de la clase trabajadora, con al menos 18 mitos que nos envuelven en una fantasía exaltadora de la clase burguesa.

Nuestro deber como clase trabajadora es desmitificar la realidad mediante la lucha social, preparando el camino para la revolución socialista, hasta que cada cual trabaje según sus capacidades y reciba según sus necesidades, como dijera Marx.

Referencias

Marx, Karl. (2006) Manuscritos económico-filosóficos de 1844. Buenos Aires, Colihue.

Marx, Karl. (1980) El Capital. Crítica de la Economía Política. Madrid, Siglo XXI

Palomo, Verónica (2017) La perfección nórdica es mentira: soledad, alcohol y antidepresivos. En: https://elpais.com/elpais/2017/05/24/fotorrelato/1495615590_126816.html

 

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