INTRODUCCIÓN A LO QUE NO ES LA POLÍTICA

 

MAURICIO DIMEO

analfabeto

  1. La política no es asunto de políticos

La palabra “política” es impopular, tanto que mucha gente se autonombra “apolítica” y prefiere evitar temas políticos en cualquier conversación. Brecht denomina a este tipo de personas como “analfabeto político”, cuestionando que mientras menos estemos involucrados en política, más somos cómplices de las injusticias y del abuso del Estado.

Es decir, la política es asunto de todos y no sólo de quienes se dedican a ella profesionalmente, de modo que cuanto más evadamos nuestra responsabilidad política en el entorno, más abonaremos a que se violen nuestros derechos humanos y se agudice la desigualdad, dado que quienes manejan los asuntos políticos sacarán el mayor provecho posible de la indiferencia generalizada.

Cada vez que nos dan un empleo sin seguridad social, o que nos dan un mal servicio en el centro de salud, cada vez que nos suben el precio del transporte público o nos exigen cuotas en las escuelas públicas, en todos esos casos el trasfondo es político y que nos desentendamos de la política nos hace cómplices de tales injusticias. En contraste, cada vez que criticamos una manifestación pública, cada vez que nos burlamos de los plantones, de las marchas y de los mítines, estamos perdiendo la oportunidad de comprometernos en la lucha política, que es la mejor vía para exigir nuestros derechos.

  1. Los políticos no son lo opuesto a los ciudadanos

Existe un discurso de algunos grupos políticos de desentenderse del adjetivo político y denominarse ciudadanos, con lo que pretenden establecer una dicotomía político-ciudadano, donde el político es ese profesional que escala puestos de poder y posee intereses mezquinos, ante el ciudadano que sólo tiene buenas intenciones pues es un votante como cualquier otro sin vicios partidistas.

Esta dicotomía es profundamente falsa, dado que el “político” jamás deja de ser un ciudadano con derechos y obligaciones, así como el “ciudadano” jamás deja de establecer relaciones de poder con sus semejantes y con el Estado, de modo que en sentido estricto, todos somos al mismo tiempo políticos y ciudadanos o como dijera Aristóteles: animales políticos.

Sin embargo, aunque todos seamos políticos (por establecer relaciones de poder) o ciudadanos (por disfrutar de derechos y obligaciones) existe una división fundamental en la sociedad: la que divide al pueblo en quienes poseen medios de producción (burguesía) y quienes venden su fuerza de trabajo (proletariado).

Dicha división en clases sociales constituye una oposición real e histórica en el acontecer político, contrario a la falsa dicotomía entre políticos y ciudadanos. Dado que quienes llegan al poder suelen representar a la burguesía y responder a sus intereses, dándole la espalda al proletariado, pero suelen hacernos creer que es una “clase política” la responsable de las injusticias, ocultando que la clase capitalista es la que dirige al Estado.

  1. La política no es sólo procesos electorales.

Nos han vendido la idea de que nuestro mayor deber político es votar cada cierto tiempo y que esto es vivir la democracia. Sin embargo, muy pocos derechos se han logrado votando y mucho se ha conquistado con el ejercicio del derecho a la protesta social. Simplemente, el derecho al voto no se ganó votando, sino protestando.

Es decir, hacer política no se reduce a votar y ser votado, sino que requiere de una cultura política en la que conozcamos nuestros derechos y ampliemos su margen mediante una presión permanente hacia el Estado.

Paradójicamente, en las democracias formales se concibe a la protesta social como un acto vandálico y violento, aun cuando la misma ONU reconoce el ejercicio de la protesta social como uno de los pilares de la democracia.

  1. La política no es neutral

Ante la infinidad de injusticias que se viven a diario, existe una postura de neutralidad con el afán de no perder objetividad ante los hechos sociales. Sin embargo, más que una posición científica es una posición ingenua o malintencionada, dado que las relaciones sociales no son de individuo a individuo en abstracto, sino que las relaciones sociales están determinadas por la lucha de clases, de modo que asumirse neutral ante una injusticia implica favorecer a la clase dominante, que no dudará en usar al aparato estatal a su favor. Por lo contrario, asumir una postura política en favor de los oprimidos, muestra claridad política ante una sociedad profundamente desigual e injusta.

Del mismo modo, el Estado capitalista pretende mostrarse como una estructura neutral que concilia y arbitra los conflictos entre las clases sociales, lo cual es una farsa, dado que el Estado responde a los intereses de la clase capitalista, en tanto que los integrantes de los tres poderes fueron colocados por los propios capitalistas para responder a sus necesidades económicas y políticas.

En pocas palabras, la supuesta neutralidad ideológica encubre una complicidad con la clase dominante, que pretende hacer de sus intereses los intereses universales, aplastando así a la mayoría de la población que vive en la desigualdad y la injusticia social.

  1. La política no se vicia con partidos o sindicatos

En la actualidad la idea de formar parte de un partido político está muy desprestigiada, dado que pareciera más un negocio familiar que una propuesta de emancipación social. Esto ocurre en razón de que la mayoría de los partidos políticos están diseñados al estilo de las empresas, en donde se invierte cierta suma de dinero para hacer campañas, ganar elecciones y aferrarse a los puestos de poder, dando la espalda a la población votante.

Sin embargo, el partido político es una estructura que puede ser usada en favor de los intereses de los trabajadores, dado que implica que la clase trabajadora se agrupe en una organización que pueda defender sus intereses y conducirla hacia una revolución social, como proponía Lenin. El problema no está en el partido político en sí, sino en que conlleve procesos democráticos y que sea una herramienta para elevar el nivel de conciencia de clase.

Del mismo modo, los sindicatos son en su mayoría instrumentos para contener las exigencias de los trabajadores y favorecer los intereses del patrón, pero esto ocurre porque sus dirigencias han sido compradas por la burguesía y sus bases no han vivido procesos democráticos.

Sin embargo, el sindicato es una estructura diseñada para defender los derechos colectivos de los trabajadores, por lo que se requiere implementar procesos democráticos para construir sindicatos que favorezcan a los trabajadores y les garanticen derechos laborales colectivos.

Así como los partidos y los sindicatos han sido desprestigiados hasta el grado de que nadie confía en ellos, así el concepto mismo de poder ha sido subestimado, dado que se dice que “el poder corrompe” y que por ende debemos “cambiar el mundo sin tomar el poder”. Estas posturas son ingenuas dado que ignoran que el poder corrompe sólo cuando la clase trabajadora lo permite, al no exigir sus derechos y desentenderse de la política, que es cuando los capitalistas sacan el mayor provecho. Asimismo, pretender cambiar el mundo sin tomar el poder es una postura utópica, dado que el Estado concentra todos los recursos, así como la fuerza pública y la estructura gubernamental, por lo que en vez de cambiar el mundo lo único que se logra es un relativo aislamiento político, que tarde o temprano sufrirá la represión del Estado.

En pocas palabras, formar partidos políticos, formar sindicatos y tomar el poder: son herramientas fundamentales para involucrarnos en una práctica política que responda a los intereses de la clase trabajadora, pues de otro modo favorecemos a la burguesía.

  1. La política no se reduce a combatir la corrupción

Se nos vende la idea de que gran parte de la política se reduce a combatir la corrupción y que el capitalismo funcionaría si no existieran gobernantes corruptos. Pero esto es tan sólo una ilusión, dado que la corrupción es inherente al sistema capitalista, es decir, la clase capitalista utiliza la legalidad cuando le conviene y no tiene empacho en romper sus propias leyes cuando lo requiere. La prueba de ello es que los grandes empresarios logran evadir impuestos sin ninguna consecuencia, si son acusados algún crimen jamás tocan la cárcel o lo hacen en condiciones de lujo y tienen grandes inversiones en negocios ilegales tales como el narcotráfico, la trata de mujeres y el tráfico de armas, sin que ello sea perseguido por la justicia.

En otras palabras, la corrupción es tan sólo una de las artimañas de la clase capitalista para mantener su dominación política, dado que el capitalismo se basa en el más grande acto de corrupción de la historia: la plusvalía. La cual consiste en el trabajo no retribuido al proletario, es decir, la clase trabajadora genera toda la riqueza y sólo se le paga con lo socialmente necesario para su subsistencia, por lo que mientras más riqueza genera, más se sume en la miseria y ese es el mayor acto de corrupción de la historia.

Por otra parte, el crimen organizado es un concepto ficticio, construido para varios fines que favorecen a la clase capitalista. En primera instancia, el crimen organizado sirve para encubrir los negocios ilegales de la burguesía, tales como el narcotráfico y el tráfico de armas, en donde la burguesía se desentiende de su responsabilidad, culpando a un supuesto crimen organizado, que no es otra cosa que los mercenarios que hacen el trabajo sucio de la burguesía. En segunda instancia, el crimen organizado sirve para criminalizar al pueblo organizado, dado que todo aquel que utilice la protesta social para exigir sus derechos: será estigmatizado como criminal, de modo que sirve como práctica contrainsurgente y de disciplinamiento social. En tercera instancia, el crimen organizado sirve como pantalla para justificar la militarización de la vida pública, de modo que se justifique la intrusión de la fuerza militar en las calles y favorezca el despojo de territorios y el desplazamiento forzado de las comunidades, todo ello para el beneficio de la clase capitalista y su ambición infinita de extracción de plusvalía.

  1. Hacer política no es una cuestión caudillista

Se suele creer que la política la hacen los grandes dirigentes, los líderes sindicalistas, los caudillos. Esta idea de política asume que la clase trabajadora es pasiva, que sólo está esperando ser dirigida y que los problemas políticos se reducen a una crisis de dirección. En contraste, desde la educación popular se propone que la política se construye desde la colectividad, es decir, elevando el nivel de conciencia de la clase trabajadora, de modo que mediante la práctica política la clase trabajadora tome conciencia de su papel histórico y construya relaciones colectivas, donde los líderes sean resultado de las bases y respondan a sus intereses.

En otras palabras, es un error esperar a que un líder político luche por nosotros contra la desigualdad y por la justicia social, dado que los líderes son producto de su contexto, de modo que la generación de líderes depende de que como pueblo organizado elevemos nuestro nivel de conciencia política y construyamos estructuras democráticas tales como partidos, sindicatos y organizaciones sociales que  contribuyan a la lucha política.

Es decir, la política no debe ser vista como algo ajeno o excepcional a nuestra vida cotidiana, pues no se reduce al voto o a la esperanza en un líder social, sino que la política es lo que construimos día con día en nuestro entorno, ya sea en lo laboral o en la organización social y en la medida en que seamos conscientes de ello, es que podemos construir relaciones colectivas que busquen la transformación social.

 

 

 

 

 

 

Capitulado.

En esta obra se desarrollan algunas problemáticas para comprender qué es la política y cómo tomar conciencia de nuestro papel histórico:

En el primer capítulo (Cristianos, brujas y comunistas) se cuenta una historia de la humanidad desde la clase oprimida en cada periodo histórico, mostrando similitudes entre estos tres actores.

En el segundo capítulo (Lo que no es el machismo) se analizan los principales prejuicios sobre el machismo, para mostrar la necesidad del feminismo como herramienta de análisis político.

En el tercer capítulo (Lo que no es la democracia) se muestra cómo ha sido la democracia a lo largo de la historia y qué tantos avances ha conquistado la humanidad en la democracia practicada dentro del socialismo.

En el cuarto capítulo (La izquierda y la derecha en el capitalismo) se explica cuáles son las distintas izquierdas y derechas, y a qué intereses responden de acuerdo a sus necesidades históricas.

En el quinto capítulo (Mitología capitalista) se explica cómo el capitalismo ha generado una serie de mitos para justificar su existencia y asumirse como el mejor de los sistemas posibles.

En el sexto capítulo (Marxismo y derechos humanos) se analiza la relación entre estas dos temáticas, mostrando cómo pueden articularse la lucha de clases y la herramienta de los derechos humanos en el camino de la emancipación social.

En el séptimo capítulo (El mito de la productividad capitalista) se muestra un análisis económico de la supuesta productividad en el capitalismo, partiendo de los textos fundamentales del marxismo.

En el octavo capítulo (Feminismo y derechos humanos) se propone el uso de la herramienta de los derechos humanos para fortalecer la lucha feminista, poniendo en el centro de la discusión los derechos humanos de las mujeres.

En el noveno capítulo y último capítulo (Lo que no es la felicidad) se hace un recuento sobre la felicidad en la filosofía y se hace una propuesta política para alcanzar la felicidad en nuestro contexto histórico.

Mi objetivo en esta obra es hacer filosofía desde la lucha social, para así romper la brecha entre el conocimiento y el pueblo, entre la teoría filosófica y la práctica emancipadora, y para combatir el temor a politizarnos, de modo que encontremos el significado de la vida luchando por una sociedad justa, donde cada cual trabaje según sus capacidad y reciba según sus necesidades (como dijera Marx), y donde las mujeres tengan poder sobre sí mismas (como dijera Mary Wollstonecraft).

Por último y no menos importante, quisiera remarcar que toda producción humana es colectiva, en la medida en que las personas que conforman nuestro contexto nos determinan, por lo que agradezco las aportaciones de Adriana Ramírez y el Comité Cerezo, que con sus teorías y praxis impulsaron esta obra.

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LO QUE NO ES LA FELICIDAD

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MAURICIO DIMEO

 

Introducción

Mucho se ha escrito sobre qué es la felicidad, desde los primeros filósofos hasta los libros de superación personal, llegando a trivializar el concepto. En este ensayo se busca romper con los principales prejuicios sobre la felicidad y se pretende dar una propuesta para alcanzarla.

Entendemos felicidad como un estado de grata satisfacción espiritual y física, sin embargo, ante la miseria y la desigualdad en el mundo, habría que preguntarse si es posible ser felices.

  1. La felicidad no es el punto de partida.

“Hagas lo que hagas, no te olvides de ser feliz”, es un slogan que pretende situar a la felicidad como el punto de partida y no como el resultado, además asume que la felicidad no depende de ninguna condición externa al individuo. Es decir, una idea de felicidad gratuita es peligrosa porque es falsa, dado que es producto de una gran industria de productos de pensamiento positivo que engañan a la población.

Es una especie de dictadura de la felicidad, donde quien no es feliz es “tóxico” como si la radiación nuclear tuviera que ver con la actitud individual. Pero es sano estar feliz así como lo es estar triste y esto no es cuestión de actitud sino de las circunstancias que nos rodean. Estar feliz siempre, aun ante la pérdida de un ser querido es tan absurdo como estar triste ante un éxito. Las sonrisas no curan y en muchos casos se requiere terapia profesional en vez del fraude de la psicología positiva.

En pocas palabras, pretenden vender la felicidad como el punto de partida, lo que genera una ilusión que termina en catástrofe, dado que el resultado es un vacío existencial que no hace adictos a la industria de la felicidad. En contraste, asumir la felicidad no como punto de partida, sino como resultado de ciertas condiciones, permite buscarla de modo realista, como se analizará en el resto del ensayo.

  1. La felicidad no es ajena a la filosofía

La felicidad ha sido un problema vigente en todos los periodos históricos de la filosofía, uno de los primeros filósofos en hablar de la felicidad fue Platón. Para él, la felicidad sólo es posible en el mundo inteligible, es decir, en el mundo de las ideas que se alcanza al morir, siempre que en vida se haya practicado la gimnasia y las virtudes cardinales (justicia, prudencia, fortaleza y templanza). Esta idea de la felicidad después de la muerte fue retomada por el catolicismo para justificar la opresión de los pobres, de modo que no lucharan por su felicidad en vida, sino que vivieran esperanzados con la felicidad eterna.

En contraste, para Aristóteles la felicidad se podía alcanzar en este mundo, lo que conlleva el requisito de la satisfacción de las necesidades básicas como el alimento y la vivienda, así como la práctica de la virtud, que para él consistía en el justo medio, de modo que no se puede ser feliz si se vive en la miseria.

Por otra parte, para los estoicos la felicidad consiste en aceptar la vida tal como viene, evitando entusiasmarse ante la bienaventuranza, para que luego no nos sorprenda la desventura, es decir, mantener una actitud de indiferencia permanente. Esta es una visión pesimista, ya que asume que no podemos influir en el entorno, sino que hay un destino inevitable.

En la época moderna, el filósofo Bentham propuso que nuestros actos deben tener como objetivo buscar la mayor felicidad para el mayor número de personas, por lo que relaciona la felicidad con la justicia. Incluso propuso una jerarquía de tipos de felicidad y un cálculo de felicidad.

En pocas palabras, mientras Platón propuso una solución ajena a la realidad, Aristóteles mostró la importancia de cubrir las necesidades para ser feliz, los estoicos pretenden escapar al sufrimiento y Bentham sugiere una relación entre felicidad y justicia. De modo que cada cual aportó de acuerdo a su contexto histórico, lo que nos servirá de base para el análisis actual de la felicidad.

  1. La felicidad no se alcanza con mucho dinero.

Se dice popularmente que la felicidad se alcanza con dinero, es decir, aunque es de conocimiento popular que el dinero es algo superficial, la cultura capitalista nos convence de que es el secreto de la felicidad.

Por ejemplo, el Índice global de felicidad es un estudio de la ONU que muestra qué países son más felices y casualmente pone a los países más ricos del mundo en la cima, dado que uno de sus indicadores es el producto interno bruto. En otras palabras, para los organismos internacionales el dinero es la felicidad.

Ser rico es ser feliz en cierto sentido, dado que se tienen cubiertas las necesidades básicas, tal como proponía Aristóteles, así como acceso a una infinidad de lujos y privilegios. Sin embargo, no es una felicidad completa por las siguientes razones:

  1. a) de ser el dinero un medio para la satisfacción de necesidades, se convierte en un fin en sí mismo, al grado de que los millonarios tienen suficiente dinero para vivir dignamente con su familia por varias generaciones y aun así están obsesionados con acumular más dinero hasta el infinito, dado que son esclavos de la lógica capitalista, por lo que nunca están satisfechos y eso les resta felicidad.
  2. b) Los grandes capitalistas están conscientes de que nadie se hace rico por esfuerzo propio, sino que su riqueza es producto de la explotación de millones de trabajadores que durante siglos han generado el capital que se apropia el burgués, dicha riqueza implica miseria para la clase obrera, devastación de la naturaleza y en muchos casos represión brutal hacia la protesta social. Para que esta situación no merme la felicidad de la burguesía, se establecen mecanismos que disminuyan su sentimiento de culpa, tales como grandes obras de filantropía, la instauración de fundaciones y grandes donaciones a instituciones religiosas, no por nada el mayor filántropo de la historia también fue el hombre más rico del mundo: Rockefeller.
  3. c) Los multimillonarios sufren una gran paranoia porque saben que su riqueza es producto de una grave desigualdad, por lo que viven en una permanente inseguridad. Gastan millones en seguridad privada y coches blindados. No pueden llevar una vida cotidiana porque deben salir escoltados y con toda una serie de precauciones para evitar que los secuestren. Cuanto más tienen, más temen perderlo todo.
  4. d) Su vida gira en torno al dinero, todas sus amistades y todos sus familiares son vistos como amenazas económicas o como oportunidades de hacer negocios y asumen que pueden comprar a todas las personas para su beneficio. Viven en una profunda deshumanización dado que todas sus relaciones sociales están mediadas por el dinero, todos sus sueños y aspiraciones se encaminan a obtener más dinero, por lo que sufren un individualismo extremo.

En pocas palabras, si bien el dinero puede cubrir nuestras necesidades y darnos cierta felicidad, el dinero en exceso nos deshumaniza y nos hace infelices, dado que descansa en la explotación de la clase trabajadora y en la desigualdad.

  1. La felicidad no se alcanza con dinero moderado

Si el exceso de dinero produce infelicidad, podríamos pensar que una cantidad moderada de dinero sí podría brindar felicidad, pero el asunto no es tan sencillo.

Quienes poseen un ingreso medio, de modo que puedan cubrir sus necesidades diarias, ya sea porque poseen una pequeña o mediana empresa o disfrutan de un salario digno, poseen cierto grado de felicidad, pero no es una felicidad completa por las siguientes razones:

  1. a) Viven en la incertidumbre de perderlo todo, dado que la anarquía de la producción capitalista puede hacer que en cualquier momento pierdan el trabajo o una corporación haga quebrar su pequeña o mediana empresa, por lo que viven una constante ansiedad.
  2. b) El capitalismo propicia un sentimiento aspiracionista en el que la clase media sueña con ser millonaria, de modo que los pequeños y medianos empresarios, así como los que perciben un salario digno, viven con el sueño de subir su posición socioeconómica, por lo que se obligan a trabajar hasta en su tiempo de descanso, piden préstamos y créditos, endeudándose al máximo para intentar subir su posición y saborean por momentos los lujos de la burguesía, pero sólo una minoría logra ascender, dado que el sistema capitalista favorece a los grandes capitalistas por encima de los pequeños, dada su naturaleza monopolista e imperialista.
  3. c) La clase media de los países más ricos del mundo, tales como los países nórdicos, disfruta de un Estado de bienestar que le garantiza una vida digna. Sin embargo, gran parte de la población del primer mundo sufre soledad, alcoholismo y depresión, así como la tasa más alta de suicidios. Esto muestra que la felicidad es una problemática que no se reduce a lo económico, sino que tiene profundas raíces sociales.

En pocas palabras, aun con dinero moderado no es posible alcanzar la felicidad, dado que el sistema capitalista nos genera insatisfacción y deshumanización, hasta el caso extremo del suicidio.

  1. La felicidad no se alcanza con poco dinero

La mayoría de la población mundial vive por debajo de la línea de la pobreza. Que no puedan cubrir sus necesidades básicas como agua, alimento y vivienda de manera digna, implica que no pueden ser felices.

Sin embargo, existe una postura que asume que no tener nada nos hace libres y felices, dado que podemos disfrutar de los instantes de la vida sin más preocupaciones. Esta posición es equivocada dado que romantiza la miseria, es decir, si bien se puede disfrutar de la vida aun en la miseria, los momentos felices vienen acompañados de enfermedades crónicas, hambre permanente y agotamiento extremo por jornadas laborales interminables, por lo que romantizar la miseria es en realidad un mecanismo de la burguesía para justificar la desigualdad que genera su ambición de capital.

Por otra parte, muchos pobres viven esperanzados con el mito de la movilidad social, el cual sostiene que cualquiera que tenga grandes ideas y se esfuerce puede salir de la pobreza. Sin embargo, el sistema capitalista está diseñado para que sólo una minoría logre el ascenso social, mientras que la gran mayoría nunca salga de la miseria, pero este mito funciona para que los pobres vivan con la esperanza de hacerse millonarios, en vez de luchar por sus derechos.

En pocas palabras, los pobres no son felices simplemente porque no pueden cubrir sus necesidades básicas y sociales, aun cuando se pretenda romantizar su condición para justificar la desigualdad.

  1. La felicidad no reside en la dominación sexual.

En la sociedad patriarcal, los hombres disfrutan de una serie de privilegios que les brindan cierta felicidad, tales como ganar mejor salario de las mujeres, poseer más propiedades que las mujeres, ser vistos como sujetos sexuales y no como objetos, ocupar más puestos de dirección que las mujeres, ser reconocidos socialmente más que las mujeres y ser eximidos del trabajo doméstico y la crianza de los hijos, entre otros.

Sin embargo, los privilegios que disfrutan los hombres, descansan en la dominación patriarcal que ejercen sobre las mujeres, por lo que la felicidad de la que gozan no es completa por las siguientes razones.

  1. a) Para ejercer su dominio sexual, los hombres tienen que endurecer sus sentimientos, por lo que no pueden mostrar emociones, con lo que sufren cierta deshumanización para mantener su hegemonía patriarcal.
  2. b) Para demostrar su hombría en sociedad, los hombres ejercen violencia hacia otros hombres y sobre todo hacia todas las mujeres, de modo que son violentos con la pareja hasta el grado de violarla y matarla.
  3. c) Para reafirmar su masculinidad hegemónica, los hombres asumen que todas las mujeres son objetos sexuales de consumo, por lo que acosan a las mujeres en la calle, en el transporte, en el centro de trabajo y en todo lugar posible.

En pocas palabras, los hombres son infelices dado que para disfrutar de los privilegios patriarcales se ven obligados a ejercer  violencia sistemática contra las mujeres, lo que los deshumaniza y los frustra, dado que sus demostraciones de masculinidad hegemónica reflejan una profunda soledad  e incapacidad de desarrollar sus emociones.

  1. La felicidad no reside en el amor romántico.

En contraparte, las mujeres son el sexo oprimido por el patriarcado, lo que limita su posibilidad de ser felices, como veremos.

En el mundo, las mujeres perciben menor salario que los hombres, poseen menos propiedades, son vistas como objetos sexuales y reproductivos, ocupan pocos puestos de poder y se les asigna la obligación de ser madres, así como el trabajo doméstico, de crianza y de cuidados, que no sólo no es pagado sino que es invisibilizado, por lo que tienen menos tiempo para sí mismas, mayor pobreza y dependencia económica, todo lo cual influye en su infelicidad.

La prohibición del aborto en muchas partes del mundo, implica que las mujeres deben parir hijos de una violación, se ven obligadas a tener hijos no deseados o recurren a abortos clandestinos que ponen en riesgo su vida y su salud.

Por otra parte, el patriarcado instituyó el amor romántico para controlar a las mujeres, dado que se les enseña que su objetivo en la vida debe ser encontrar el amor verdadero y darlo todo para mantenerlo, lo que es una trampa, dado que el principal agresor sexual  y feminicida es su pareja, ya sea esposo, novio, amante o alguien conocido por ellas. Además la trata de mujeres es uno de los negocios más lucrativos del mundo, en la mayoría de los casos se utiliza al amor romántico para engañar a las mujeres y secuestrarlas.

Del mismo modo, el patriarcado instauró la belleza como una forma de control social internalizado por las mujeres, de modo que gasten todo su tiempo, dinero y esfuerzo en mantenerse jóvenes y delgadas, en un parámetro imposible de alcanzar, por lo que terminan en una profunda infelicidad y rechazo de sí mismas, de modo que busquen la aprobación masculina y nunca estén satisfechas consigo mismas.

En pocas palabras, el patriarcado impide que las mujeres sean felices, dado que controla sus cuerpos y sus decisiones para que estén al servicio de los hombres, incluso las pone a pelear entre ellas para conseguir privilegios y favores de los hombres y del sistema patriarcal.

  1. La felicidad no es ajena a la lucha social

Hemos visto que el dinero causa infelicidad, ya sea que se tenga mucho, moderadamente o poco, también vimos que ser hombre o ser mujer implica una profunda infelicidad. Parece no haber solución, pero la causa de la infelicidad es el sistema capitalista-patriarcal, que instituye al dinero y al poder masculino como mecanismos de dominación, de modo que nadie pueda ser plenamente feliz.

En contraste, cuando tomamos conciencia de nuestro papel histórico, ya sea como trabajadores y/o como mujeres, podemos organizarnos y exigir nuestros derechos, tal como han hecho miles de pueblos a lo largo de la historia. Romper con el individualismo y organizarnos con un objetivo revolucionario en común: es el primer paso para ser felices.

La lucha social está llena de desventuras como la desaparición forzada, la ejecución extrajudicial y el encarcelamiento político, que son causa de mucha infelicidad, pero la esperanza en un mundo mejor, aunado a una lucha organizada por una vida digna, pueden darle un sentido a nuestras vidas, tal como decía el pedagogo soviético Makarenko.

Muchas de estas luchas han sido exitosas y han producido una felicidad inmensa en sus sujetos históricos, ese es el caso de las revoluciones socialistas como la rusa, la cubana, la laosiana, la vietnamita, la china y la norcoreana, en donde hombres y mujeres lucharon por una vida digna y conquistaron derechos laborales y sociales que en la actualidad se conservan.

En ese sentido, Cuba y Corea del norte mantienen el socialismo, donde la población disfruta de salud, alimentación, trabajo, vivienda y educación dignas, producto de la lucha organizada de los trabajadores y de las mujeres, que sostienen la revolución a pesar del asedio permanente del capitalismo, del bloqueo económico y de la propaganda de desprestigio.

El avance de Corea del norte en materia de derechos sociales es tan alto que podemos afirmar que es el país más feliz del mundo (RT en español, 2017), dado que mujeres y hombres pueden estudiar y trabajar en lo que  deseen, tener los hijos que deseen y el Estado se encarga de regular la economía para que todos tengan casa, salud y recreación gratuita. En Cuba no hay feminicidios y las mujeres poseen la mitad de los puestos de poder estatal.

 

 

 

 

 

Conclusión

La humanidad sólo puede ser feliz cuando no haya injusticia, miseria ni desigualdad, esto únicamente es posible superando al capitalismo y al patriarcado. Tal superación requiere que los trabajadores y las mujeres rompan el individualismo y se organicen para luchar por sus derechos. La felicidad inicia en el camino de la lucha social, aunque se entremezcla con la profunda tristeza que genera la brutal represión del Estado. Sin embargo, cada vez que una revolución socialista triunfa, la felicidad es inmensa y será infinita cuando la lucha socialista y la lucha feminista logren un triunfo mundial definitivo  y derroquen para siempre la dominación de la burguesía y del patriarcado, alcanzando el comunismo donde cada cual trabaje según sus capacidades y reciba según sus necesidades, como dijera Marx, y las mujeres tenga poder sobre sí mismas, como dijera Wollstonecraft.

Referencias

El español digital (2018) El suicidio: lacra del “estado del bienestar”. En: https://www.xn--elespaoldigital-3qb.com/el-suicidio-lacra-del-estado-del-bienestar/

Fekerfanta (2013) La mujer en Corea del norte. En: http://depyongyangalahabana.blogspot.com/2013/03/la-mujer-en-corea-del-norte.html

Makarenko, Anton (1977) La colectividad y la educación de la personalidad. Editorial Progreso, Moscú.

Matos Gil, Aymara Massiel (2018) Ser mujer en Cuba: garantía de derechos. En: http://www.cubahora.cu/politica/ser-mujer-en-cuba-garantia-de-derechos

Palomo, Verónica (2017) La perfección nórdica es mentira: soledad, alcohol y antidepresivos. En: https://elpais.com/elpais/2017/05/24/fotorrelato/1495615590_126816.html

Raffio, Valentina (2019) El peligro del pensamiento positivo: “Ni las sonrisas curan, ni estar feliz es un tratamiento”. En: https://www.elperiodico.com/es/ciencia/20190201/peligro-psicologia-positiva-sonrisa-no-cura-7252476?fbclid=IwAR1pQ29cd0qcH6A6Sp-U2EahR0FnCqldcZtkB2QKeqgViTxPxdCPrqqxWwY

RT en español (2017) ¿El país más feliz del mundo? En: https://youtu.be/sHQ0ul3xRY4

SOMOSMASS99 (2016) En cuba no hay feminicidios y eso es efecto de la revolución: Mariela Castro. En: http://www.somosmass99.com.mx/en-cuba-no-hay-feminicidios-y-eso-es-efecto-de-la-revolucion-mariela-castro/

 

FEMINISMO Y DERECHOS HUMANOS

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MAURICIO DIMEO

 

Introducción

 

En este ensayo se analizará la relación entre el feminismo y los derechos humanos, dado que si partimos de la definición de feminismo (la lucha de las mujeres por sus derechos), y la definición de derechos humanos como: las condiciones materiales para que una persona viva de manera digna; tales conceptos poseen una estrecha relación.

 

Para ello partiremos de dos teorías, por un lado el feminismo materialista, el cual parte de las condiciones históricas de la lucha de las mujeres; y por otro lado, la visión iushitórica que considera que los derechos humanos son producto de la lucha de los pueblos y que dichos derechos deben ser garantizados por el Estado.

 

  1. Derechos humanos de las mujeres

Si los derechos humanos incluyen a toda la humanidad, ¿Cuál es la necesidad de defender los derechos específicos de las mujeres? La razón es que las mujeres (la mitad de la humanidad) viven condiciones materiales distintas a los hombres y sus derechos son violados de formas cualitativamente diferentes, como veremos.

1.1 Derechos sexuales y reproductivos. Para que las mujeres disfruten de una vida digna, es necesario que existan las condiciones materiales necesarias para que vivan su sexualidad y su reproducción libremente, es decir, que tengan acceso a información científica sobre su sexualidad y que ésta sea proporcionada por el Estado, de modo que puedan ejercer su sexualidad libremente. Por otra parte, dentro de los derechos reproductivos está el derecho a elegir cuántos hijos tener y el derecho al aborto, los cuales implican el reconocimiento de las mujeres como seres humanos, con la capacidad de decidir sobre su propio cuerpo. Asimismo, el Estado es responsable de la violencia obstétrica, la cual consiste en cualquier conducta que realizada por personal de la salud afecte el cuerpo y los procesos reproductivos de las mujeres, como el trato deshumanizado, la medicalización injustificada y la patologización de procesos sexuales y reproductivos.

1.2 Derecho a una vida sin violencia. Si bien hombres y mujeres sufren violencia en muchos sentidos, las mujeres tienen derecho a una vida sin violencia en sentido específico, dado que el Estado debe garantizar que las mujeres puedan ocupar el espacio público libremente, a cualquier hora del día, sin el riesgo de ser violentadas sexualmente o asesinadas por odio misógino (feminicidio). A su vez, el derecho a una vida sin violencia implica que el Estado implemente mecanismos efectivos para las prevenir y solucionar las denuncias por violencia doméstica, dado que los perpetradores de la violencia machista suelen estar dentro del hogar. Es decir, el Estado debe garantizar que el riesgo de las mujeres a sufrir violencia sexual  o feminicida se reduzca al mínimo, tanto en lo público como en lo privado.

1.3 Derecho al trabajo. Existen varias condiciones para que las mujeres disfruten de un trabajo digno: que no se les exija certificado de no gravidez; recibir un salario que sea un salario suficiente para satisfacer sus necesidades biológicas y sociales, que dicho salario no sea menor a lo que perciben los hombres por el mismo trabajo; que disfrute de un horario laboral justo, con el que pueda compartir las responsabilidades familiares con los hombres, incluyendo licencias por paternidad y maternidad; derecho al trabajo sin que repercuta el estado de embarazo o el estado civil; y derecho a cualquier puesto de trabajo sin discriminación de género, principalmente en puestos directivos y cargos altos. El Estado debe garantizar que todas estas condiciones sean garantizadas para que las mujeres disfruten de un trabajo digno.

1.4 Derecho al desarrollo. El 70% de la población pobre en el mundo son mujeres y sólo el 1% de la propiedad de la riqueza mundial está en manos de mujeres, a esto se le denomina feminización de la pobreza y es un reflejo de la profunda desigualdad de oportunidades entre hombres y mujeres. El Estado debe garantizar el pleno desarrollo de las mujeres, el cual implica que las mujeres tengan mayor acceso a la riqueza social, dado que una vida digna implica la posibilidad de acceder a recursos que nos permitan el bienestar social y la independencia económica. Muchas mujeres recurren a al matrimonio o caen en la prostitución porque el Estado no les garantiza la oportunidad de desarrollo autónomo para una vida digna.

1.5 Derecho a la participación política. El derecho al voto de las mujeres es una realidad en gran parte del mundo, pero esto no garantiza el derecho a la participación política, dado que los hombres tienen mayores oportunidades de ser candidatos y de ser elegidos para cargos públicos. Asimismo, muchas de las mujeres que llegan a puestos de poder suelen responder a intereses particulares, por lo que no promueven la realización de los derechos de las mujeres. El Estado debe garantizar que las mujeres accedan a puestos de poder político a la par que los hombres y que una vez en el poder puedan defender y promover los derechos de las mujeres.

1.6 Derecho a la libertad de expresión. En el mundo las mujeres tienen menos acceso a la libertad de expresión que los hombres, dado que históricamente han sido excluidas de la participación en el espacio público. Del mismo modo, las mujeres periodistas sufren diversos tipos de violencia por ejercer la libertad de expresión, sobre todo cuando su labor pone en evidencia la corrupción y los intereses mezquinos de los grupos de poder. Los agresores de las mujeres periodistas suelen aprovechar la condición histórica de las mujeres para amedrentarlas, dado que las intimidan, las amenazan, las hostigan, las agreden, las bloquean informativamente y las desprestigian, abusando de su vulnerabilidad social que es producto de un Estado que no garantiza sus derechos humanos. (Ramírez en CIMAC, 2019).

En pocas palabras, existen al menos seis tipos de derechos humanos específicos de las mujeres, los cuales deben ser garantizados para que las mujeres disfruten de una vida digna.

  1. Estado patriarcal.

La violación a los derechos humanos de las mujeres es una realidad para todas las mujeres del mundo, dado que la pobreza obliga a muchas mujeres a ejercer la prostitución y el mercado de la trata de mujeres es uno de los más lucrativos en todo el globo. La pornografía es un gran negocio que promueve la cultura de la violación. El nivel de feminicidios alcanza los niveles de cualquier guerra, los matrimonios forzados hacia niñas o mujeres pobres siguen siendo frecuentes. La criminalización del aborto mantiene a miles de mujeres en las cárceles o pariendo hijos como producto de violaciones sexuales, la esterilización forzada se practica contra mujeres pobres, la mutilación genital femenina aún no se erradica y la violencia obstétrica es una práctica común en los hospitales públicos y privados.

Sin embargo, el machismo y la misoginia que impiden la realización de los derechos humanos de las mujeres, no son sólo producto de hombres en lo individual, sino de una estructura política, económica y cultura que respalda y fortalece la subordinación de las mujeres, dicha estructura es el Estado patriarcal. Es decir, los particulares no podrían ejercer violencia, explotación y opresión hacia las mujeres si no existiera una estructura de poder que los respaldara.

En otras palabras, el Estado surgió como un instrumento de las clases dominantes para garantizar su hegemonía. En consecuencia, los derechos humanos de las mujeres están lejos de ser una realidad en la mayor parte del mundo, dado que el Estado responde a los intereses de grupos hegemónicos, tales como la clase sexual de los hombres, es decir, vivimos en un Estado patriarcal que está estructurado para someter a la clase sexual de las mujeres.

Por otra parte, la herramienta de los derechos humanos es útil para evidenciar que no basta con castigar a los perpetradores de las violaciones a derechos humanos de las mujeres, dado que para garantizar la no repetición de tales violaciones, se requiere desmontar las estructuras patriarcales que hacen posible la violación sistemática de tales derechos, es decir, en última instancia se requiere superar al Estado patriarcal y que sea instaurado un Estado feminista.

El Estado feminista no puede ser instaurado por decreto, dado que desde las visión iushistórica se considera que los derechos humanos son el resultado de la lucha de los pueblos, por lo que sólo la organización y la lucha de las mujeres como clase sexual, puede lograr la instauración de un Estado feminista que responda a sus intereses, de modo que todas las mujeres disfruten de una vida digna.

Un Estado feminista no sería opresivo con los hombres en lo individual, dado que se centraría en establecer mecanismos para garantizar los derechos humanos de las mujeres y en llevar el debido proceso de castigo ante los agresores de mujeres y violadores de derechos humanos de las mujeres.

En pocas palabras, los derechos humanos de las mujeres son violados sistemáticamente por el sistema patriarcal, por lo que la única solución es que las mujeres se organicen y luchen por un Estado feminista, que garantice una vida digna a todas las mujeres.

  1. Derechos humanos conquistados por las mujeres.

La conquista de las mujeres por sus derechos humanos ha pasado por varias etapas, producto de la lucha histórica de las mujeres como clase sexual oprimida, como veremos.

3.1 Revolución francesa. Bajo la promesa de igualdad, libertad y fraternidad, el pueblo francés se levantó en armas para que la burguesía en ascenso tomara el poder, dentro de esta lucha las mujeres fungieron un papel muy importante, dado que se movilizaron para exigir sus derechos. Los cuales fueron plasmados por la activista revolucionaria Olimpic de Gouges en su obra: Declaración de los derechos de la mujer y la ciudadana. Sin embargo, los dirigentes de la revolución no compartían tales principios e impidieron que fueran una realidad. Sin embargo, junto con la obra de Mary Wollstonecraft, Vindicación de los derechos de la mujer, se sentó un precedente para la posterior conquista de los derechos civiles y políticos de las mujeres, con los movimientos sufragistas protagonizados por figuras como Flora Tristán.

3.2 Revolución rusa. A principios del siglo XX, los movimientos obreros en Europa y Estados Unidos propiciaron que las mujeres tomaran conciencia de su papel como trabajadoras, figuras como Clara Zetkin y Rosa Luxemburgo, fueron pioneras en exigir derechos laborales para las mujeres. En 1917, las trabajadoras rusas textiles se declararon en huelga y se enfrentaron violentamente a la policía el ejército, con lo que dio inicio la Revolución rusa, la cual fue pionera en garantizar derechos humanos de las mujeres en el ámbito económico, social y cultural, al conquistar por primera vez en la historia a las mujeres iguales a los hombres ante la ley, el derecho al divorcio, a administrar su propio dinero y el derecho al aborto seguro y gratuito. Además, se logró que las mujeres ocuparan cargos públicos importantes, como el caso de Alexandra Kollontai que fue la primera embajadora mujer del mundo (de la URSS en México). Además, se instauraron guarderías colectivas como derecho de las trabajadoras para que puedan estudiar y trabajar con la garantía de que sus hijos están protegidos.

3.3 Estado benefactor. Tras el éxito del socialismo soviético, muchos de los derechos de las mujeres se hicieron realidad, mostrando al mundo que la lucha social es el camino para la conquista de los derechos humanos. Esto impulsó a las mujeres de los Estados capitalistas a exigir sus derechos, extendiendo al capitalismo muchos de los derechos que ya habían logrado las mujeres soviéticas. Sin embargo, el Estado capitalista sólo admitió derechos humanos para las mujeres de la burguesía y para las mujeres trabajadoras en los Estados benefactores, por lo que en el capitalismo los derechos humanos de las mujeres no son sino privilegios, dado que sólo son disfrutados por una minoría de las mujeres.

3.4 Cuba y Corea del norte. Sólo dos países sobreviven a la guerra sucia del capitalismo para acabar con el socialismo y tanto Cuba como Corea del norte son un gran ejemplo de que las mujeres disfrutan de derechos sociales como producto de la lucha social.

En Cuba, las mujeres representan el 53,22 % de los puestos ocupados en la Asamblea Nacional del Poder Popular (ANPP), máximo órgano legislativo en el país; y constituyen el 48,4 % de los integrantes del Consejo de Estado. Según datos contenidos en el Informe presentado por Cuba al Examen Periódico Universal  (EPU) del Consejo de Derechos Humanos, las mujeres representan el 60,5 % de los graduados de la educación superior y el 67,2 % de los técnicos y profesionales en toda la nación. Constituyen el 49 % de la fuerza laboral en el sector estatal civil; el 48,6 % de los dirigentes; el 81,9 % de los profesores, maestros y científicos; el 80 % de los fiscales, presidentes de Tribunales Provinciales, jueces profesionales y de la fuerza laboral en los sectores de la salud y la educación. Además, en Cuba no hay feminicidios. Las cubanas perciben igual salario que los hombres por trabajo de igual valor, tienen derecho a licencia de maternidad retribuida hasta un año después de nacido el bebé; asimismo, cuentan con acceso gratuito a servicios de educación y salud universales; sus derechos sexuales y reproductivos también están garantizados.

En Corea del norte, luego de la fundación en 1945 de la Unión de mujeres democráticas de Corea y de la ley de igualdad de derechos entre el hombre y la mujer, se fueron logrando derechos humanos para todas las mujeres norcoreanas, dado que todas las mujeres tienen atención sanitaria de calidad y gratuita, se libraron de la pesada carga de los quehaceres domésticos con la creación de bases de servicio doméstico, casas-cuna gratuitas para que las mujeres puedan estudiar y trabajar si así lo desean. Actualmente, las mujeres norcoreanas ocupan el 35% de la Asamblea popular suprema (la media de mujeres en cargos máximos de gobierno en el mundo es 20.3%).

En pocas palabras, las mujeres socialistas han logrado las mayores conquistas en cuanto a derechos humanos de las mujeres, mientras que el capitalismo sólo brinda tales derechos en forma de privilegios.

Conclusión

Hemos visto que existen al menos seis tipos de derechos humanos de las mujeres, los cuales suelen ser violados sistemáticamente por el Estado patriarcal. Tales derechos han sido conquistados por la lucha organizada de las mujeres en su búsqueda por una vida digna y se han materializado principalmente en el contexto de las revoluciones socialistas.

Por lo tanto, el camino para la emancipación histórica de las mujeres como clase sexual oprimida, reside en derrocar al Estado patriarcal e instaurar Estados que respondan a los intereses del feminismo, buenos ejemplos de ellos son los Estados socialistas, pioneros en garantizar los derechos de las mujeres como la URSS y que han logrado mantenerlos hasta nuestros días como Cuba y Corea del norte, pese a la gran campaña de desprestigio que reciben del capitalismo.

Es decir, pese a que los Estados socialistas no se autoproclaman feministas, brindan derechos humanos a las mujeres, como resultado de la lucha de las mujeres socialistas, por lo que en la práctica se acercan mucho al ideal de un Estado feminista que garantice los derechos de las mujeres, aproximándose al sueño de Wollstonecraft: que las mujeres tengan poder sobre sí mismas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Referencias

Fekerfanta (2013) La mujer en Corea del norte. En: http://depyongyangalahabana.blogspot.com/2013/03/la-mujer-en-corea-del-norte.html

Instituto Nacional de las mujeres (2007) Derechos humanos de las mujeres. En: http://www.sct.gob.mx/fileadmin/_migrated/content_uploads/Derechos_Humanos_de_las_Mujeres.pdf

Matos Gil, Aymara Massiel (2018) Ser mujer en Cuba: garantía de derechos. En: http://www.cubahora.cu/politica/ser-mujer-en-cuba-garantia-de-derechos

Ramírez Vanegas, Adriana en Comunicación e información de la mujer A. C. (2019) Herencia de un sexenio: Simulación y desplazamiento. Violencia contra las mujeres periodistas 2012-2018. México. Heinrich Böll Stiftung.

SOMOSMASS99 (2016) En cuba no hay feminicidios y eso es efecto de la revolución: Mariela Castro. En: http://www.somosmass99.com.mx/en-cuba-no-hay-feminicidios-y-eso-es-efecto-de-la-revolucion-mariela-castro/

 

EL MITO DE LA PRODUCTIVIDAD CAPITALISTA

MAURICIO DIMEO

productividad

Introducción

 

Bajo el discurso de la productividad se obliga a la clase trabajadora a someterse a jornadas de explotación y opresión laboral infrahumanas, pero qué es realmente la productividad, este concepto suele definirse como la relación entre la cantidad de productos obtenida por un sistema productivo y los recursos utilizados para obtener dicha producción. Sin embargo, Marx estudió a profundidad la productividad capitalista, por lo que partiremos de sus obras para clarificar lo que subyace al mito de la productividad.

 

  1. La productividad relativa

 

Desde la lógica capitalista, sólo es productivo el trabajo que genera capital, dado que “trabajo productivo, desde el punto de vista de la producción capitalista, es el trabajo asalariado que, al cambiarse por la parte  variable del capital, además de reproducir esta parte del capital produce plusvalía para el capitalista” (Marx, 1976:9). Es decir, al capitalista no le interesa el tipo de trabajo que se realice, sino que el trabajador pueda ser explotado al grado de generar plusvalía, que consiste en el trabajo no retribuido al obrero.

 

Sin embargo, la productividad capitalista no es absoluta, es decir, no es válida para otros modos de producción, sino que sólo es relativa al capitalismo, dado que, “Si para mantener al obrero, es decir, para reproducir su fuerza de trabajo, bastase con una jornada de trabajo, este trabajo sería productivo en términos absolutos, pues reproduciría los valores consumidos por él, valores que serían iguales al valor de su propia fuerza de trabajo. Pero no sería productivo desde el punto de vista capitalista, pues no produciría plusvalía (…) La productividad del trabajo bajo el capitalismo se basa en una productividad relativa: el obrero, además de reponer el valor anterior, crea un valor nuevo” (Marx, 1976:9-10). Dicho de otro modo, al capitalista le interesa reponer la fuerza de trabajo cuanto antes, pero no porque le importe la vida del obrero, sino en tanto que a partir de ese punto, todo lo que genera el trabajador constituye la plusvalía que se apropia el capitalista para su propio beneficio.

 

En consecuencia, al capitalista le es indiferente en qué rama de la producción invierte su capital, siempre que sea el que le reporte más ganancias, las cuales dependen de la valorización del capital, por lo que le da igual que se produzcan mercancías o que se ofrezcan servicios, es decir, “La producción capitalista no sólo es producción de mercancía; es, en esencia, producción de plusvalor. El obrero no produce para sí, sino para el capital. Por tanto, ya no basta con que produzca en general. Tiene que producir plusvalor. Sólo es productivo el trabajador que produce plusvalor para el capitalista o que sirve para la autovalorización del capital. Si se nos permite ofrecer un ejemplo al margen de la esfera de la producción material, digamos que un maestro de escuela, por ejemplo, es un trabajador productivo cuando, además de cultivar las cabezas infantiles, se mata trabajando para enriquecer al empresario. Que este último haya invertido su capital en una fábrica de enseñanza en vez de hacerlo en una fábrica de embutidos, no altera en nada la relación. El concepto de trabajador productivo, por ende, en modo alguno implica meramente una relación entre actividad y efecto útil, entre trabajador y producto del trabajo, sino además una relación de producción específicamente social [e], que pone en el trabajador la impronta de medio directo de valorización del capital” (Marx, 1980, Tomo I, capítulo xiv). En otras palabras, al capitalista no le interesa la producción de valores de uso que satisfagan necesidades sociales, sino la mera generación de capital y a eso le llama productividad.

 

Esta productividad relativa del capitalismo, si se lleva a sus últimas consecuencias, genera una situación sumamente contradictoria, dado que “La profesión de impostor, de delator, de adulador, de parásito, es una profesión productiva para quien la ejerce mediante una retribución. Habrá que clasificar a todos estos individuos, por consiguiente, entre los obreros productivos, pues producen no sólo riqueza, sino capital. El mismo ladrón tendrá que ser incluido, según esto, entre los obreros productivos” (Marx, 1976:146.) De modo que la productividad capitalista, que reduce la fuerza de trabajo a una mera generación de plusvalía, termina por ser defensora de las actividades más decadentes de la sociedad.

 

En pocas palabras, la productividad capitalista no representa un beneficio para la clase trabajadora, en tanto que no le importa generar valores de uso para la satisfacción de las necesidades humanas, sino tan sólo generar capital, aun cuando dichas actividades puedan ser dañinas como el narcotráfico, la trata de mujeres y el tráfico de armas.

 

  1. Improductividad relativa

 

Para el capitalismo, toda actividad que no genere capital será improductiva, sin importar que aporte un beneficio a la sociedad, es decir, “Trabajo improductivo: aquel trabajo que no se cambia por capital, sino directamente por renta, por salario o ganancia” (Marx, 1976:15). Veamos las implicaciones de esta visión capitalista.

 

¿Qué necesita más una sociedad? ¿Un payaso que la divierta o un sastre que le arregle los zapatos? Para el capitalismo lo que importa es tan sólo el capital, por lo que “Un payaso puede ser  un obrero productivo si trabaja al servicio de un capitalista y entrega a éste una cantidad mayor de trabajo de la que recibe de él en forma de salario. En cambio, un sastre que trabaja a domicilio por días, para reparar los pantalones del capitalista, no crea más que un valor de uso y no es, por tanto, más que un obrero improductivo” (Marx, 1976:15). En otras palabras, todas las profesiones serán medidas con la vara del capital aunque salven vidas como el médico o den de comer a una familia como el agricultor, dado que si éstos sólo crean valores de uso y no capital, serán considerados improductivos.

 

Por otro lado, las actividades parasitarias pueden ser consideradas productivas si son generadoras de capital, pero también pueden ser consideradas improductivas, en tanto que  “Como ninguna de las partes contratantes se enfrenta a la otra como capitalista, esta prestación del que sirve no se puede incluir en la categoría de trabajo productivo. Desde una puta hasta el papa hay una buena cantidad de esa gentuza. Pero también se incluye aquí el honesto y laborioso lumpemproletariado; por ejemplo, grandes bandas de serviciales rufianes” (Marx, 1984, tomo I. pág. 213.) En ese sentido, para el capitalista da lo mismo si las actividades son delictivas o parasitarias, dado que sólo las considerará improductivas si no generan capital.

 

En pocas palabras, para el capitalismo el trabajo será improductivo siempre que no genere capital, aun cuando satisfaga las necesidades humanas, ese es el caso de todas las obras públicas como son la construcción de viviendas de interés social, la educación pública y gratuita, los comedores comunitarios y los hospitales públicos, esa es la razón de que la burguesía esté tan interesada en privatizar cuanto antes todas las paraestatales, en tanto que no generan capital.

 

  1. Productividad absoluta

 

El capitalismo pretende pasar su productividad relativa como la productividad por excelencia, asumiendo que sólo el trabajo que genera capital es productivo, pero esto está lejos de ser verdad, dado que “La distinción entre el trabajo productivo y el trabajo improductivo se establece aquí desde el punto de vista del capitalista exclusivamente, no desde el punto de vista del obrero” (Marx, 1976:16) De modo que trataremos de clarificar en qué consiste la productividad absoluta, que subyace al modo de producción capitalista.

 

Independientemente de la ganancia capitalista, lo que determina la productividad es algo tan sencillo como la generación de bienes materiales, es decir, “trabajo productivo es el que produce mercancías, productos materiales, cuya fabricación cuesta cierta cantidad de trabajo o de fuerza de trabajo. Entre estos productos materiales figuran todos los productos del arte y de la ciencia, los libros, las estatuas, los cuadros, etc. Mas para ello es necesario, además, que el producto del trabajo sea una mercancía, susceptible de ser vendida” (Marx, 1976:33-34). En tal sentido, la fuerza de trabajo invertida en producción de mercancías materiales es lo único que puede considerarse trabajo productivo, es decir, la producción industrial y agroindustrial, que es de donde se genera toda la riqueza.

 

¿Qué ocurre con toda la riqueza generada en la producción material? Es apropiada por el capitalista y utilizada en un sinfín de actividades improductivas, por ejemplo: “¡una muchacha se mata trabajando durante doce horas al día en la fábrica para que con una parte de su trabajo no retribuido su patrón pueda permitirse el lujo de tener a su hermana de criada, a su hermano de botones y a su primo de soldado o agente de policía!” (Marx, 1976:59) De modo que la extracción de plusvalía en el capitalismo es lo que ha permitido el surgimiento de una gran gama de profesiones y empleos completamente improductivos, dado que sólo pueden pagarse por la riqueza generada en la producción material.

 

Del mismo modo, entre los capitalistas se reparten la riqueza generada por el obrero industrial, dado que “todo el plusvalor pasa directamente de manos del obrero a manos del capitalista… aun cuando más tarde tenga que transferir una parte de él al otro capitalista que le facilitó el dinero, al terrateniente, etcétera” (Marx, 1959: tomo II, pág. 234) Por ende, el capitalista financiero, el terrateniente y el capitalista comercial, no hacen sino apropiarse del plusvalor extraído inicialmente del obrero industrial, por lo que son aún más parasitarios que el capitalista industrial.

 

La riqueza no proviene de la oferta y la demanda, de las grandes ideas emprendedoras o del valor de uso de los servicios, sino que

“Lo único que crea un fondo con cargo al cual se pagan los obreros improductivos es la productividad del trabajo industrial o agrícola, el remanente producido por los obreros productivos, pero no percibido por ellos” (Marx, 1976:71) De ahí la importancia de que la clase obrera es el sujeto histórico que puede tomar el poder y establecer una sociedad socialista.

 

En pocas palabras, sólo la producción industrial que recae en la clase obrera genera trabajo productivo, dado que la fuente de la riqueza absoluta son las mercancías materiales y de ahí se distribuye la riqueza entre toda la gama de capitalistas y actividades improductivas, como veremos en lo que sigue.

 

  1. Improductividad absoluta

 

Si sólo es productiva la producción material de mercancías, nos encontramos con una gran gama de parásitos que aparentemente son productivos, pero que sólo chupan la sangre de los trabajadores para su beneficio, en tanto que “La división del plusvalor que en primera instancia siempre tiene que encontrarse en manos del capitalista industrial en diversas categorías de las que aparecen como portadores, al lado del capitalista industrial, el terrateniente (para la renta de la tierra), el usurero (para el interés), etc., ditto [y otro tanto] el gobierno y sus funcionarios, rentistas, etc. Estos alegres compañeros aparecen, con respecto al capitalista industrial, como compradores y, en ese sentido, como convertidores de las mercancías de aquél en dinero; pro parte [a prorrata] también ellos vuelcan “dinero” en la circulación, y el capitalista lo recibe de ellos. Con lo cual siempre se olvida de qué fuente lo extrajeron en un principio, de qué fuente lo extraen siempre de nuevo.” (Marx, 1980: tomo II, pág. 515.) Es decir, pareciera que la riqueza se genera en todos los ámbitos, dado que circula velozmente por el Estado, las empresas, los bancos y el comercio, sin embargo esto no debe desorientarnos sobre la verdadera fuente de riqueza que se encuentra en la producción material de mercancías.

 

Esto implica que las clases sociales se complejizan junto con el desarrollo del modo de producción capitalista, dado que “junto a la gran mayoría constreñida a no hacer más que llevar la carga del trabajo, se forma una clase eximida del trabajo directamente productivo y a cuyo cargo corren los asuntos generales de la sociedad: la dirección de los trabajos, los negocios públicos, la justicia, las ciencias, las artes, etc.” (Engels, 2000) Engels se refiere a una clase que no se encarga del trabajo productivo como los obreros, pero que tampoco es burgués porque no es dueña de los medios de producción sino que se dedica a los asuntos generales; como la única clase intermedia entre la burguesía y el proletariado es la pequeña burguesía, afirmamos que todo aquél que no hace trabajo productivo absoluto, pero que tampoco es dueña de medios de producción, pertenece a la pequeña burguesía.

 

En pocas palabras, la gran mayoría de los trabajos en el modo de producción capitalista son improductivos, empezando por las actividades que realizan los capitalistas industriales, que son los responsables de extraer la plusvalía a la clase trabajadora; los capitalistas financieros y comerciales, que se reparten dicha plusvalía; y el sector de servicios que es completamente improductivo al no generar mercancías materiales, donde podemos encontrar la publicidad, el comercio, el entretenimiento, la burocracia, la educación, el mantenimiento, el turismo, la seguridad y la abogacía, entre muchos otros.

 

Conclusión

 

Hemos visto que la productividad (relativa) del capitalismo es tan sólo un mito dado que se define en función de la generación de capital, lo cual no implica la generación de riqueza sino tan sólo su apropiación por parte de la clase burguesa. También vimos que la productividad (absoluta o real) consiste en la producción material de mercancías, lo cual sólo genera la clase obrera industrial y agroindustrial, por lo que es la clase históricamente determinada para expropiar los medios de producción y repartir la riqueza justamente. Además, vimos que para la clase capitalista no es relevante si la riqueza satisface las necesidades humanas, mientras se logre el objetivo de explotar a los trabajadores, por lo que considerará improductivas (relativamente) las obras públicas, aun cuando sean primordiales para la vida digna de la clase trabajadora.

 

Sin embargo, la productividad absoluta es tan alta en la actualidad, que basta con que una minoría de la población se constituya como clase obrera industrial, dado que la tasa de plusvalía es tan grande que con esa riqueza se han generado una infinidad de trabajos improductivos, tales como los espectáculos, la publicidad, la seguridad privada, la abogacía, la lotería y la burocracia, entre otros. Esto implica que hemos llegado al momento histórico en que la clase obrera puede apropiarse de los medios de producción y planificar la economía de modo que cada cual trabaje según sus capacidades y reciba según sus necesidades, como dijera Marx.

 

Referencias

 

Engels, Friedrich. (2000) Del socialismo utópico al socialismo científico. En: https://www.marxists.org/espanol/m-e/1880s/dsusc/index.htm

 

Marx, Karl. (1980) El Capital. Tomos  I y II. Crítica de la Economía Política. Madrid, Siglo XXI
Marx, Karl. (1976) Trabajo productivo y trabajo improductivo. México. Ediciones Roca.

 

Marx, Karl (1959) Teorías sobre la plusvalía. Tomo II. México. Fondo de cultura económica.

 

Marx, Karl (1984) Elementos fundamentales para la crítica de la economía política (Grundrisse). Tomo I. México. Siglo XXI.

MARXISMO Y DERECHOS HUMANOS

engels vida digna

MAURICIO DIMEO

Ninguno de los llamados derechos humanos va, por tanto, más allá del hombre egoísta, del hombre como miembro de la sociedad burguesa, es decir, del individuo replegado en sí mismo, en su interés privado y en su arbitrariedad privada, y disociado de la comunidad

Karl Marx

Introducción

En este ensayo se analizarán las similitudes y diferencias entre el marxismo y los derechos humanos, para clarificar en qué sentido pueden articularse para la lucha social.

Existen varias corrientes de derechos humanos, para los fines de este escrito partiremos de la visión iushistórica, la cual define los derechos humanos de la siguiente forma: “Los derechos humanos son las condiciones materiales necesarias para el goce de una vida social digna; son el resultado histórico de prácticas concretas de los pueblos oprimidos que, de manera organizada, han luchado en contra de las minorías o clase social que los oprimen; son el conjunto de anhelos y aspiraciones colectivas para alcanzar una vida digna; son una herramienta que acompaña y protege a los individuos y colectividades en lucha, y por último, son una herramienta que busca desmantelar las estructuras estatales que permiten la violación a los derechos humanos” (Comité Cerezo, 2016).

Asimismo, existen diversas corrientes de marxismo, para los fines de este escrito nos basaremos en los textos del propio Marx. El marxismo puede entenderse como un sistema filosófico, político y económico que aspira a la superación del capitalismo, defiende la construcción de una sociedad sin clases y un Estado bajo control de los trabajadores.

  1. Derechos o privilegios

Los derechos humanos tienen una aspiración de universalidad, cuando esto no ocurre y sólo una minoría los disfruta, a costa de la miseria de la mayoría, estamos hablando de privilegios.

Esto es lo que ocurre en el Estado capitalista, que se jacta de defender los derechos humanos, mientras que sólo la clase burguesa disfruta de una vida digna, que consiste en acceso a alimentación, educación, salud, empleo y vivienda de calidad, entre otras.

En ese sentido, la clase trabajadora genera la riqueza necesaria para disfrutar de una vida digna, pero la clase capitalista se apropia de dicha riqueza y la disfruta en forma de privilegios, de modo que aunque sea materialmente posible que los derechos humanos sean disfrutados universalmente, la clase burguesa lo impide mediante la figura del Estado capitalista.

Por ejemplo, el acceso a la universidad pública o a seguridad social, son visualizados cada vez más como privilegios, hasta el grado de cuestionar a quienes tienen acceso a ellos, en vez cuestionar a quienes no los garantizan o exigir que todos disfrutemos de los derechos humanos.

  1. Propiedad privada

Uno de los derechos que más defiende la clase capitalista es el de la propiedad privada, al grado de proclamarlo como un derecho humano. Sin embargo, los derechos humanos tienen la aspiración de ser universales, por lo que lo deseable es que toda la gente disfrutara de tal derecho.

En el capitalismo tan sólo la décima parte de la población mundial posee propiedad privada, dado que el sistema capitalista se basa en la explotación de los desposeídos, de modo que es condición necesaria para la generación del capital que sólo una minoría posea propiedad privada de los medios de producción.

Lo que ocurre es que al capitalismo le es funcional un discurso de derechos humanos que incluya el derecho a la propiedad privada, dado que mientras asegura el dominio de la clase burguesa, difunde una propaganda esperanzadora en la que cualquier persona tiene derecho a la propiedad privada.

En cambio, desde el marxismo es posible realizar el derecho humano a la propiedad, mediante la figura de la propiedad colectiva de los medios de producción, en donde las empresas son nacionalizadas y controladas por la clase trabajadora, como sucedió principalmente en la URSS. Así mismo, el Estado socialista se encarga de construir casas y entregarlas gratuitamente a los ciudadanos como ocurre en Corea del Norte.

En pocas palabras, la propiedad privada es materialmente imposible porque satisface la ambición individual de posesión de la clase burguesa y despoja a la clase trabajadora de un bien colectivo. Al mismo tiempo, la propiedad colectiva es una meta que materializa el derecho humano a la propiedad, dado que expropia los medios de producción en beneficio de los trabajadores.

  1. Estado

El Estado es el organismo encargado de garantizar los derechos humanos, dado que concentra los recursos económicos, políticos y jurídicos necesarios para brindarlos. Sin embargo, en el sistema capitalista el Estado responde a los intereses de la clase burguesa, quien lo instauró como una dictadura para dominar a la clase trabajadora, pero con una apariencia de democracia para engañar al pueblo.

Esta es una situación contradictoria, en la que se espera que el Estado brinde derechos a toda la población, mientras que en los hechos es un instrumento de represión ante la protesta de la clase trabajadora. Ya sea abiertamente con un sistema judicial que criminaliza a los defensores de derechos humanos, o de modo cobarde y clandestino con el paramilitarismo, la detención arbitraria, la ejecución extrajudicial y la desaparición forzada.

En otras palabras, mientras los Estados capitalistas se jactan de firmar tratados internacionales en derechos humanos, en los hechos reprimen brutalmente a la clase trabajadora que exige sus derechos.

Lo importante es que con la herramienta de los derechos humanos se posibilita vislumbrar que el enemigo de la clase trabajadora no es éste o aquél empresario, sino la clase burguesa en su conjunto, la cual concentra su poder en cada Estado capitalista, por lo que se clarifica que para satisfacer sus derechos humanos, los trabajadores deben luchar por la toma del poder del Estado y no sólo contra cada capitalista en lo particular.

  1. Garantías de no repetición.

Ante una violación grave a los derechos humanos, tal como una desaparición forzada, las víctimas exigen los derechos a la memoria, la verdad y la justicia, así como a la reparación integral y a la garantía de no repetición. Mientras que el Estado intenta negar todos estos derechos, dado que no le conviene admitir que es el perpetrador.

De este modo, el Estado busca que las víctimas y la sociedad olviden el hecho tras el desgaste de los procesos jurídicos atentando contra el derecho a la memoria; también tergiversa los hechos para deslindar su responsabilidad con lo que atenta contra el derecho a la verdad; a su vez niega el castigo a los responsables o sólo lo limita a los mandos más bajos, con lo que impide el derecho a la justicia; no busca resarcir el daño o lo limita a una cuestión económica, con lo que impide la reparación integral; y finalmente, no desmonta las estructuras que hacen posible tal violación a los derechos humanos, con lo que no garantiza la no repetición de tal injusticia.

Este último derecho humano, el de la garantía de no repetición, es el que le es más útil al marxismo para superar al  Estado capitalista, dado que desmontar las estructuras que permiten las violaciones a derechos humanos, implica en última instancia la instauración de un Estado que no reprima a la clase trabajadora, sino que responda a sus intereses, con lo que se hace necesaria la revolución socialista para garantizar los derechos humanos.

  1. Capitalismo vs socialismo

La burguesía ha utilizado la herramienta de los derechos humanos de distintos modos, siempre para su propio beneficio. En las revoluciones burguesas (inglesa, francesa y de las trece colonias) los usó para engañar al pueblo trabajador con la promesa de los derechos universales que nunca les concedió.

En contraste, la clase trabajadora ha utilizado la herramienta de los derechos humanos para brindar una vida digna al pueblo, como lo hizo en la Revolución Rusa, donde por primera vez en la historia el Estado fue tomado por los trabajadores y brindó derechos económicos, sociales y culturales a toda la población, tales como educación, alimentación y empleo dignos.

Como respuesta, la clase burguesa creó el concepto de los derechos humanos para afirmar que en los países socialistas no se respetan los derechos civiles y políticos, tales como el derecho a la propiedad privada. Además, se vio obligada a responder a las protestas de la clase trabajadora de los países capitalistas, creando el Estado benefactor que recupera los derechos sociales generados por el socialismo, pero sin atentar contra el modo de producción capitalista.

La clase capitalista batalló contra el socialismo en todo el planeta, creando infinidad de mecanismos violadores de derechos humanos y de represión social, incluida la cárcel de Guantánamo, hasta lograr la caída de la URSS, asentando una grave derrota a la clase trabajadora a nivel mundial. Desde entonces se han estado perdiendo los derechos sociales en todo el mundo, tales como la seguridad social, el salario digno y el acceso a una vivienda.

Irónicamente, la crítica infundada hacia la ausencia de derechos humanos en el socialismo: se hizo realidad en el neoliberalismo, en tanto que el capitalismo aprovechó la caída de la URSS para desmantelar los Estados benefactores, con lo que continúa con su lógica de explotación rapaz.

Conclusión

Hemos visto que la posición iushistórica en derechos humanos y el marxismo son posiciones compatibles, en la medida en que convergen en señalar al Estado capitalista como el responsable de la injusticia y la desigualdad, comparten la idea de que la garantía de no repetición requiere el desmantelamiento del Estado capitalista, coinciden en que los derechos son el resultado de la lucha histórica del pueblo trabajador, concuerdan en la concepción de la vida digna como un derecho y no como un privilegio, así como convergen en la imposibilidad de la propiedad privada como derecho humano.

Necesitamos romper con el dogma de que los derechos humanos son tan sólo una herramienta de la burguesía y utilizarla en el camino de la emancipación proletaria, dado que nos muestra el rostro del Estado capitalista y sus diversas estructuras de represión social. Aun cuando a herramienta de los derechos humanos puede ser utilizada para los intereses de la clase burguesa, también puede ser usada bajo los intereses de la clase trabajadora, de modo que si el marxismo se desentiende de dicha herramienta pierde terreno en la lucha por el socialismo.

Mientras la sociedad esté dividida en clase sociales los derechos humanos son una mera utopía, dado que su universalidad es imposible cuando sólo la clase burguesa tiene la posibilidad material de disfrutar de una vida digna; por lo que la lucha por el socialismo (en el que la clase trabajadora toma el poder) y la lucha por el comunismo (en el que se superan las clase sociales y el Estado deja de ser un órgano de represión de una clase sobre otra) será la única forma de realizar plenamente los derechos humanos, donde cada cual trabaje según sus capacidades y reciba según sus necesidades, como dijera Marx.

Referencias

Arévalo Álvarez, Luis Ernesto (2001), El concepto jurídico y la génesis de los derechos humanos. México, Universidad Iberoamericana.

Comité Cerezo (2016) Qué son los derechos humanos. En: https://www.comitecerezo.org/spip.php?article2540

Giraldo, Javier (1993) Sólo los Estados violan derechos humanos. http://www.javiergiraldo.org/spip.php?article48

Marx, Karl y Engels, Friedrich (1848)  Manifiesto del partido comunista. En: https://www.marxists.org/espanol/m-e/1840s/48-manif.htm

Marx, Karl (1843), La cuestión judía. En: http://www.archivochile.com/Marxismo/Marx%20y%20Engels/kmarx0035.pdf

 

 

Mitología capitalista

MAURICIO DIMEO

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Introducción

El capitalismo es un sistema económico y social basado en la propiedad privada de los medios de producción y en la importancia del capital como generador de riqueza. El capitalismo surge en un proceso histórico de lucha de clases en el que la burguesía toma el poder derrotando a la clase feudal y se expande por todo el mundo.

En este ensayo se analizarán los principales mitos sobre el capitalismo, buscando mostrar cómo se ha generado toda una mitología para justificar la explotación capitalista y crear la ilusión de progreso social ocultando la lucha de clases.

Un mito es una historia imaginaria que altera las verdaderas cualidades de una persona o de una cosa y les da más valor del que tienen en realidad. En la sociedad actual, la mitología que domina la vida cotidiana no proviene de las religiones, sino del sistema capitalista, como veremos.

  1. Mito de la movilidad social

El capitalismo se compone de clases sociales en lucha, por un lado tenemos a la burguesía que se caracteriza por los dueños de los medios de producción y por otro lado al proletariado que no posee medios de producción y vende su fuerza de trabajo. La burguesía se compone por una minoría de la población que es cada vez más rica, mientras que el resto son trabajadores asalariados.

Para que el proletariado no se percate de que hace el trabajo y no recibe la riqueza que genera, el capitalismo ha inventado el mito de la movilidad social, también conocido como meritocracia, el cual consiste en hacer creer al trabajador que si se esfuerza mucho o tiene grandes ideas o emprende su propio negocio: podrá ascender a la clase burguesa. Esto es un mito en la medida en que el sistema capitalista sólo permite que una minoría de proletarios suba de clase social, en tanto que sólo una minoría de burgueses tiende a perder sus medios de producción y se convierten en proletarios.

En otras palabras, el capitalismo no podría permitir que todos los que son innovadores, emprendedores o “muy trabajadores” ascendieran económicamente, dado que la base económica del sistema exige una gran masa de proletarios en la más absoluta explotación. Sin embargo, el mito de la movilidad social es funcional para mantener la esperanza del pueblo de una vida mejor, mientras trabaja duramente para enriquecer al dueño de la empresa.

Además, este mito descansa en la estigmatización del pobre como flojo y tonto, siendo que la gran mayoría del proletariado trabaja muy duro por un salario miserable y todas sus grandes ideas son capitalizadas para el beneficio de la burguesía.

  1. Mito de la democracia

Para mantener su legitimidad, la clase burguesa instaura un sistema electoral que pretende dar cabida a todas las clases sociales, sin embargo la democracia capitalista es formal y no real por las siguientes razones:

  1. a) Toda la ciudadanía puede votar (las mujeres hasta hace algunas décadas), pero el Estado no se hace responsable de formar política y culturalmente a la población para dicho ejercicio. De modo que son fácilmente manipulados para que apoyen y aprueben a los representantes de la burguesía, sin ser conscientes de sus intereses como proletariado.
  2. b) La pluralidad de partidos es engañosa, dado que sólo tienen registro los que obedecen a los intereses de la clase capitalista. Ningún partido responde a los intereses de los trabajadores, ya que de ser así pondrían en riesgo al sistema capitalista, de modo que les es negado el registro, se les corrompe para que responda a la burguesía o se le extermina con golpes de estado cuando llegan al poder o la persecución de sus integrantes.
  3. c) Las elecciones son un producto más de consumo. El sistema electoral está diseñado para que sólo puedan acceder a puestos de elección quien invierta mucho dinero para las campañas, por lo que los partidos y candidatos se ven obligados a comprometerse con las empresas y una vez que llegan al poder deben responder a intereses particulares, de modo que la democracia se convierte en un mercado más.
  4. d) La democracia se reduce al voto. Muy pocos derechos se han ganado con el voto, la historia nos dice que la mayoría de los derechos han sido ganados mediante la protesta social, dado que el voto es un ejercicio pasivo de elegir entre varios candidatos y partidos cada cierto tiempo, mientras que la protesta social implica la participación activa de la población para exigir derechos a los gobernantes y manifestar el descontento social. Paradójicamente, en las democracias formales se concibe a la protesta social como un acto vandálico y violento, aun cuando la misma ONU reconoce el ejercicio de la protesta social como uno de los pilares de la democracia. La ONU, en La declaración de los Defensores y las Defensoras de los Derechos Humanos (Art. 5) afirma que “A fin de promover y proteger los derechos humanos y las libertades fundamentales, toda persona tiene derecho, individual o colectivamente, en el plano nacional e internacional: […] a) A reunirse o manifestarse pacíficamente”.

En pocas palabras, la democracia capitalista es sólo una fachada para cubrir a la dictadura de la burguesía, la cual utiliza dicha formalidad para mantener a los trabajadores engañados y que el costo político de su dominio sea menor, es decir, es más sencillo hacerle creer a  los trabajadores que los gobernantes los representan dado que votaron por ellos, que decirles abiertamente que la clase burguesa diseñó al Estado capitalista para proteger sus intereses y para explotar y oprimir a la clase trabajadora.

  1. Mito del Estado mediador.

Por la misma línea, el capitalismo nos vende la idea de que el Estado está diseñado para mediar las diferencias entre particulares, manteniéndose como una institución neutral entre las clases sociales, incluso atribuyéndole una fuerza independiente como “clase política”.

Esto es una trampa, dado que el Estado fue instaurado para defender los intereses de las clases dominantes, de modo que sólo simulará mediar entre particulares (como en las juntas de conciliación y arbitraje) mientras que en los hechos favorecerá a la clase capitalista. Una evidencia de ello es que los juicios son ganados por quien tiene para pagar un buen abogado y las cárceles están llenas de pobres.

  1. Mito de la empresa socialmente responsable

La Responsabilidad Social Empresarial (RSE) es un enfoque de negocios que incorpora respeto por las éticas, las personas, las comunidades y el medio ambiente. Sin embargo, el hecho de que haya que agregar el adjetivo “socialmente responsable” evidencia que las empresas son en esencia lo contrario.

Mientras que el objetivo del capitalismo es la acumulación del capital con base en la explotación de los trabajadores, la imagen pública de cada empresa influye en su potencial de ventas, es por esto que la responsabilidad social es tan sólo una fachada de rostro humano para ocultar las condiciones de miseria que suelen sufrir los trabajadores, dado que mientras las empresas implementan medidas para mejorar el entorno, los recursos para implementarlas vienen del trabajo no retribuido al proletariado. Hay casos de empresas socialmente responsables que ejecutan despidos masivos sin problema.

  1. Mito de la progenie irresponsable.

El capitalismo busca ante todo la acumulación del capital, lo cual implica la explotación de la naturaleza y del proletariado. Esto implica la demanda de una gran masa de trabajadores, lo cual requiere de la sobrepoblación y el hacinamiento en las grandes ciudades.

Cuando esta política de crecimiento poblacional se sale control se genera sobrepoblación. La burguesía no asume la responsabilidad de esta consecuencia y pretende culpabilizar a los pobres por no realizar una planificación familiar. Sin embargo,  la clase proletaria, como su mismo nombre indica, no tiene otro patrimonio que sus propios hijos, por lo que la responsabilidad recae en la clase burguesa que mantiene al proletariado en la miseria y que mediante el Estado no le ofrece oportunidades educativas y profesionales para que el pueblo no reduzca sus aspiraciones sociales a la procreación.

En pocas palabras, la sobrepoblación es un efecto de la demanda capitalista de mano de obra, por lo que la responsabilidad recae en el Estado capitalista que pretende controlar a la población bajo los intereses del mercado y no sobre la base de una vida digna, atentando contra el derecho humano a formar una familia.

  1. Mito de la repartición de riqueza

El capitalismo nos vende la idea de que la solución a la pobreza es generar más riqueza, para luego repartirla, pero esto es un mito en la medida en que en la actualidad hemos generado más riqueza que nunca antes en la historia, mientras que la pobreza y la miseria se agudizan en todo el mundo.

Lo cierto es que nunca antes un sistema había logrado tanta riqueza como el capitalismo, al grado de que si se repartiera justamente, alcanzaría para que toda la población mundial tuviera un vida diga. Dicha riqueza es producto de siglos de explotación de trabajadores para la acumulación del capital, por lo que toda esa riqueza pertenece a millones de trabajadores que no tienen la posibilidad de disfrutarla, dado que es acaparada por el uno por ciento de la población mundial.

  1. Mito de la individualidad

El capitalismo presume que su sistema exalta la individualidad y promueve el desarrollo de cada persona, lo cual es una trampa dado que esto no se traduce en el libre desenvolvimiento del individuo, sino en su posibilidad de elegir entre una infinidad de productos de consumo, de modo que el individuo no se desarrolla porque termina subsumido a las modas de consumo, en la cual todos terminan comprando y deseando el mismo tipo de producto, como los celulares, dado que su personalidad se determina por la elección de compra. Además, el capitalismo educa a los individuos en el egoísmo, por lo que el desarrollo de la personalidad se ve seriamente atrofiada por el individualismo burgués.

En contraste, el libre desarrollo de la personalidad implica el acceso a una educación de calidad y a un empleo digno, que permitan el máximo desenvolvimiento de nuestras habilidades, así como de una forma de vida en colectividad, que rompa con la lógica individualista y nos aproxime a una sociedad donde los intereses de la clase trabajadora sean asumidos como los intereses de cada individuo.

  1. Mito de la productividad

El discurso de la clase capitalista hacia los trabajadores reside en que para salir de la pobreza deben aumentar la productividad, lo cual es sólo un engaño para explotarlos más por el mismo salario, dado que en el capitalismo no gana más quien trabaja más sino quien puede generar más capital.

En otras palabras, al capitalismo no le interesa que se realicen labores tan valiosas como la agricultura, la atención médica a todo el que la necesite, la educación o la construcción de viviendas, ya que quienes se dedican a esos rubros suelen estar mal pagados. Lo que le interesa al capitalista es la generación de capital, cuanto más ganancias le reporte el trabajador al empresario más posibilidades tiene de aumentar su salario, aunque esto no tenga relación con un beneficio social o incluso se le contraponga. Por ejemplo, un empleado del sector financiero que trabaje para una empresa con el objetivo de pagar menos impuestos, un organizador de conciertos en grandes auditorios, un publicista en medios de comunicación masiva y un narcotraficante: todos ellos realizan actividades que no son productivas en el sentido de generar riqueza y que incluso generan perjuicios a la población, pero son expertos en generar capital con la riqueza ya generada, por lo que la clase capitalista los premia con buenos ingresos.

  1. Mito de la propiedad

La propiedad puede ser de dos tipos: individual y privada. La propiedad individual es una posesión que se disfruta de modo personal, como puede ser ropa, un auto, una casa, una computadora, un cepillo de dientes. La propiedad privada, como su nombre lo dice, es aquélla que “priva” a otros de dicho bien, como puede ser una empresa o una patente.

Ahora bien, probablemente nadie estaría en contra de que todos poseamos propiedades individuales, ya que son necesarias para una vida digna, pero con la propiedad privada es diferente, ya que presupone cierto grado de desigualdad: que una minoría sea dueña de los medios de producción, distribución y financiación, mientras que otros, los desposeídos, se vean obligados a trabajar para dichos dueños.

El argumento que se usa comúnmente para justificar dicha desigualdad es que los poseedores son los emprendedores que por su esfuerzo e inteligencia lograron acumular riqueza y que los desposeídos son idiotas o flojos que no son capaces de planear su futuro, pero la historia del capitalismo muestra que esto no es así, ya que es una minoría excepcional la que con el sólo esfuerzo e inteligencia logra enriquecerse, la mayoría de las riquezas se heredan o se logran mediante el saqueo, el robo o la dominación, baste resaltar que las grandes potencias mundiales lograron acumular su riqueza a costa del saqueo y explotación colonialista en África, Latinoamérica y Asia durante cientos de años, esto es a lo que Marx llamó la acumulación originaria del capital.

En pocas palabras la propiedad privada es un mito porque sólo puede ser poseída por una minoría que vive del trabajo no retribuido de la clase trabajadora.

  1. Mito del emprendimiento

El sistema capitalista genera miseria en la clase trabajadora, dado que es la única forma en la que puede generar la mayor cantidad de capital posible. Para ocultar su responsabilidad, la burguesía creó el mito del emprendimiento, el cual consiste en hacer creer que cualquiera puede dejar de ser un asalariado para convertirse en un emprendedor, tan sólo con una gran idea y un poco de dinero.

La realidad es que estadísticamente la mayoría de las pequeñas empresas fracasan, dejando al supuesto emprendedor en mayor miseria, lo cual no es consecuencia de no haber sido lo suficientemente creativo, innovador o suertudo, sino del mismo sistema capitalista que genera ventajas competitivas a las grandes corporaciones, quienes suelen ejecutar prácticas monopólicas para aplastar a los pequeños comerciantes.

En pocas palabras, el mito del emprendimiento funciona para hacer recaer la responsabilidad de la miseria en la clase trabajadora, haciéndole creer que es pobre porque quiere, reduciendo los problemas económicos y de lucha de clases a una cuestión de mentalidad y optimismo.

  1. Mito del poder del consumidor

Para ocultar las relaciones de producción, en las que la clase trabajadora es brutalmente explotada y oprimida, la burguesía ha creado la figura del consumidor y la ha mitificado con un poder exagerado.

Si bien los consumidores han logrado combatir a las empresas con prácticas como el boicot, sus acciones se limitan a una resistencia ante el abuso de algunas empresas, sin poner en duda al sistema capitalista ni ejercer acciones que trasciendan.

Es decir, aun cuando los consumidores se organicen y atenten contra las ganancias de algunas empresas, el capitalismo siempre encontrará nuevos mercados y formas de reparar las pérdidas, dado que el núcleo del capitalismo no está en la oferta y la demanda, sino en la extracción de plusvalía a la clase trabajadora, de modo que los esfuerzos encaminados a dejar de consumir cierto producto, serían mejor utilizados en huelgas, paros y protestas de la clase trabajadora, con el objetivo de expropiar los medios de producción.

Ya que históricamente las acciones de los consumidores han logrado muy poco comparados con la protesta social, por lo que el poder del consumidor es más que nada un mito capitalista.

  1. Mito de la libertad

Dentro del capitalismo se pretende que toda persona tenga la posibilidad de enriquecerse. Esto no es posible, dado que no todos tienen las posibilidades materiales para hacerlo, pues dentro de la sociedad capitalista se requiere de una clase proletaria que, generando una mercancía excedente, haga posible el enriquecimiento de la burguesía, por tanto, estaríamos hablando de una libertad negativa, es decir, de un hueco imposible de llenar más que por una minoría. Peor aún, el interés por enriquecerse por encima de las necesidades obedece a una falta de libertad individual, en la cual se es esclavo de las ambiciones, en donde las propiedades terminan poseyendo a los propietarios. Asimismo, el trabajo mecanizado que impera en el proceso de producción y distribución: atenta contra el desarrollo de la creatividad humana, por lo que tales trabajadores padecen una enajenación que quebranta su libertad en sentido estricto, pues la creatividad es la mayor prueba de la libertad. Por todo ello, la supuesta libertad del liberalismo económico sufre de una falta de libertad positiva (propiamente humana) y de una esclavitud material.

Es decir, para la mayoría de la población mundial, que constituye la clase trabajadora, las jornadas de trabajo son tan extenuantes y el salario tan bajo, que la libertad es sólo una ilusión, dado que el poco tiempo libre que les quede y el poco dinero que poseen para su esparcimiento, determinan una vida esclavizante.

  1. Mito del Estado benefactor

El capitalismo no es capaz de brindar una vida digna a sus trabajadores, dado que esto disminuiría la generación de capital. Sin embargo, el auge del socialismo en el siglo XX provocó que la clase trabajadora en los países desarrollados se organizara y exigiera condiciones laborales dignas.

Ante el peligro de la expansión del socialismo, la clase burguesa decidió ceder a las demandas de la clase trabajadora de primer mundo y brindar servicios sociales gratuitos de la mejor calidad en educación, salud y jubilación, entre otros, como en el caso de los países nórdicos.

Esto podría hacernos creer que la solución para mejorar al capitalismo es la socialdemocracia, que mantiene la propiedad privada capitalista y retoma las medidas socialistas de seguridad social y prestaciones. Todo lo cual es un mito por varias razones:

  1. a) El Estado benefactor no puede extenderse por todo el mundo, dado que eso implicaría un gasto público en beneficio de los trabajadores y frenaría la acumulación del capital, por lo que la gran burguesía combate a los países subdesarrollados que tratan de implementarla (como Venezuela y Bolivia).
  2. b) El Estado benefactor suele ser hipócrita dado que brinda condiciones dignas en su país de origen, pero las mismas empresas suelen ser rapaces contra la clase trabajadora y el medio ambiente cuando se instalan en países subdesarrollados (como las mineras canadienses en México).
  3. c) El Estado benefactor garantiza las condiciones económicas dignas en la clase trabajadora, pero frena la organización social, por lo que los trabajadores suelen deshumanizarse y aislarse del entorno, sufriendo soledad, alcoholismo, suicidio y depresión (Palomo, 2017).

En pocas palabras, aun el capitalismo con rostro humano (el que le copia los servicios públicos de calidad al socialismo) no puede expandirse a todo el mundo, es hipócrita y deshumaniza a los trabajadores, por lo que el Estado benefactor es un mito más dentro del capitalismo.

  1. Mito de las clases sociales inmutables

Para justificar la perpetuidad de la clase capitalista, a menudo se apela a la existencia inevitable de ricos y pobres, argumentando que siempre han existido, ya sea por apelar a una mítica naturaleza humana o a un destino inevitable. Esto es rotundamente falso dado que la mayor parte de la existencia humana fue en el periodo salvaje, que duró más de 40mil años y en el que no existían clases sociales, dado que las condiciones históricas eran tan precarias que la colectividad subsumía al individuo, de modo que los recursos se repartían equitativamente entre toda la comunidad, pues de otro modo corrían el riesgo de morir de hambre.

No fue sino hasta el periodo civilizatorio, en su forma esclavista, cuando las clases sociales se consolidaron en amos y esclavos, transformándose en el feudalismo a señores y siervos, hasta llegar al capitalismo con burgueses y proletarios. Sin embargo, es justo ahora cuando las condiciones históricas de producción son tan vastas que permiten la expropiación de la propiedad privada y con ello la superación de la lucha de clases, por lo que la clase trabajadora puede tomar el poder y superar las clases sociales, de modo que la inmutabilidad de las clases sociales es sólo un mito.

  1. Mito del dinero

El dinero es una relación social, producto de la necesidad de intercambiar mercancías, las cuales son generadas por la fuerza de trabajo. En el capitalismo, el dinero suele ser idolatrado como una divinidad, ya que se le atribuye la omnipotencia de lograr  cualquier cosa con su poder.

La mayoría de las personas sueñan con tener mucho dinero de la nada, siendo que grandes cantidades de dinero contienen mucho trabajo no retribuido a la clase proletaria, es decir, para que se acumule el dinero se requiere que muchos trabajadores desgasten su vida por años para que un capitalista lo utilice para su propio beneficio.

El problema del culto al dinero es que su lógica superficial se ha trasladado a todos los ámbitos de la cultura, de modo que el amor se mide en regalos costosos, la educación en el pago de colegiaturas y la salud en el costo del medicamento, entre otros.

Hemos perdido la capacidad de apreciar los objetos, las personas, las experiencias y los recursos por sí mismos y terminamos midiendo su valor tan sólo por su aspecto económico, con lo que somos víctimas de la deshumanización capitalista y del mito del Dios-dinero.

  1. Mito de la legalidad

La clase capitalista fundó el Estado burgués para defender sus intereses, de modo que creo un sistema legal para respaldarlos. La burguesía se mantiene en la legalidad cuando así le conviene, pero puede utilizar la vía ilegal cuando sea necesario, de modo que la supuesta corrupción no es una anomalía del sistema, sino una herramienta más para la acumulación del capital y el sometimiento de la clase trabajadora.

Esto es favorable para el capitalismo porque logra que la pretensiosa solución de la injusticia y la desigualdad se reduzca a una cuestión de corrupción, dejando intactos al sistema y a la clase burguesa. Es decir, la corrupción jamás será erradicada dentro del capitalismo porque es inherente a la clase capitalista, que desde sus orígenes traicionó a la clase proletaria con la promesa de libertad, igualdad y propiedad que sólo cumplió para sí misma.

La ventaja del mito de la legalidad es que permite a la burguesía deslindarse como clase de la injusticia y la desigualdad, para hacerla recaer en responsables individuales, tales como empresarios, gobernantes y militares, pretendiendo que los males del capitalismo son ejecutados por personas deformadas y por la clase capitalista en su conjunto.

La muestra de que la corrupción es inherente al sistema capitalista, reside en la economía criminal, que con el narcotráfico, el comercio de armas y la trata de mujeres y niños: genera una gran tasa de ganancia para los mismos capitalistas que también tienen negocios en la economía legal, con grandes fundaciones para evadir impuestos y empresas socialmente responsables para limpiar su imagen.

Por otra parte, el Estado capitalista utiliza la legalidad para criminalizar la protesta social, creando o modificando leyes para ilegalizar las manifestaciones públicas y la libertad de expresión, logrando que los defensores de derechos humanos sean juzgados como delincuentes.

Asimismo, la mayor evidencia de corrupción es la tasa de plusvalía, con la que la clase capitalista se apropia del trabajo no retribuido del obrero, en la más absoluta legalidad, sin lo cual el capitalismo no existiría.

En pocas palabras, la legalidad es un mito en tanto que la burguesía oscila entre la legalidad y la ilegalidad según le reporte ganancias o mantenga su hegemonía política.

  1. Mito de la cientificidad

El capitalismo creó la ciencia moderna y le brindó un impulso exponencial, capaz de dar explicación al surgimiento del universo, de la vida y de la humanidad. Sin embargo, la lógica capitalista no está orientada a la generación de conocimiento, sino a la acumulación del capital, así que gradualmente el capitalismo se transformó en un freno para la ciencia, al grado de sólo financiar investigaciones directamente enfocadas en la ganancia económica.

Al mismo tiempo, la burguesía desarrolló la ciencia económica para explicar el funcionamiento del capital, pero su límite histórico de clase propició que deformara a la economía para sus intereses, reduciendo la ganancia a una relación entre la oferta y la demanda, mientras que se oculta el factor más importante de la producción: la ley de la plusvalía descubierta por Marx.

En otras palabras, la economía burguesa pretende explicar el desarrollo económico mediante una relación superficial entre compradores y vendedores, sin entender que el valor de una mercancía viene determinada por la cantidad de trabajo materializada, es decir, por más demandada que sea una mercancía, no puede venderse por debajo de su valor, dado que eso reportaría pérdidas.

El secreto de la ganancia de la burguesía no reside en comprar barato y vender caro, lo cual es tan sólo un mito, sino en la explotación laboral, que consiste en alargar la jornada de trabajo y reducir el salario a lo socialmente necesario, de modo que se extraiga la mayor cantidad de plusvalía posible.

En pocas palabras, la clase burguesa ha transformado a la economía en una pseudociencia, dado que es la única forma en la que puede mantenerla como una justificación de sus intereses.

 

  1. Mito de la única alternativa.

Finalmente, la burguesía ha hecho todo lo posible para mantener el mito de que el sistema capitalista es la única alternativa, dado que se dedicó a sabotear al socialismo durante todo el siglo XX y el XXI. Para ello ha recurrido a todas las herramientas posibles: bloqueo económico, fascismo, nazismo, Segunda Guerra Mundial, infiltración capitalista en la URSS desde Kruschev hasta Gorvachov, Guerra fría, satanización del comunismo y criminalización de los partidos comunistas.

Con ello ha logrado que el capitalismo sea entendido como el único sistema posible y que la clase trabajadora lo defienda ante cualquier intento de crítica, reduciendo los problemas históricos de desigualdad e injusticia a una cuestión de actitud individual.

La verdadera religión de nuestro tiempo es el capitalismo, con su culto al dinero y sus defensores enajenados dentro de la clase trabajadora, con al menos 18 mitos que nos envuelven en una fantasía exaltadora de la clase burguesa.

Nuestro deber como clase trabajadora es desmitificar la realidad mediante la lucha social, preparando el camino para la revolución socialista, hasta que cada cual trabaje según sus capacidades y reciba según sus necesidades, como dijera Marx.

Referencias

Marx, Karl. (2006) Manuscritos económico-filosóficos de 1844. Buenos Aires, Colihue.

Marx, Karl. (1980) El Capital. Crítica de la Economía Política. Madrid, Siglo XXI

Palomo, Verónica (2017) La perfección nórdica es mentira: soledad, alcohol y antidepresivos. En: https://elpais.com/elpais/2017/05/24/fotorrelato/1495615590_126816.html

 

LA IZQUIERDA Y LA DERECHA EN EL CAPITALISMO

LA IZQUIERDA Y LA DERECHA EN EL CAPITALISMO

izquierda derecha

MAURICIO DIMEO

Introducción

En este ensayo se explicará lo que son la derecha y la izquierda políticas en su contexto histórico, con el objetivo de mostrar cuáles son las principales ideologías en el capitalismo, las cuales responden a intereses de clase.

El origen de las dos grandes posiciones políticas (izquierda y derecha) viene de la revolución francesa, dado que en la asamblea nacional los partidarios de la creación de la República se apostaron a la izquierda y los monárquicos a la derecha.

  1. La derecha clásica o liberal.

La transición del feudalismo al capitalismo fue protagonizada por una naciente clase burguesa, la cual abanderó la ideología del liberalismo, que consiste en la libertad de comercio, de empresa y el derecho a la propiedad privada. Como tales derechos sólo pueden ser para beneficio de la clase capitalista, ésta se vio obligada a mostrar sus intereses como si fueran universales y así arrastrar al proletariado a su lucha histórica, pero una vez que la clase capitalista triunfó, frenó el entusiasmo con leyes positivas que sólo benefician a los poderosos. El hecho de que el liberalismo le dé la espalda a los desposeídos y responda a los intereses de los capitalistas, implica que sea considerada como una posición de derecha.

La derecha liberal sólo está interesada en la clase trabajadora para extraerle la mayor cantidad de riqueza en el trabajo no retribuido, por lo que en la época de la Revolución Industrial oprimió y explotó a los trabajadores en el grado máximo posible, manteniendo a sus familias en la más absoluta miseria, sin ningún tipo de derecho laboral o prestación. La misma clase proletaria que apoyó a la burguesía para derrocar al feudalismo, fue brutalmente traicionada en el desarrollo del capitalismo, dado que cuanta más riqueza producían más miserable era su vida.

La derecha liberal creó todo un aparato estatal que le favorece, con una democracia electoral que mantiene a la clase burguesa en el poder, un sistema de justicia que sólo funciona para quien puede pagarlo y un poder legislativo que genera leyes en favor del capital, mientras que el discurso que pretende justificar dicho sistema muestra una reivindicación de universalidad, basado en los ideales de libertad, igualdad y fraternidad (entre propietarios, claro está).

  1. La izquierda anarquista o utópica

Ante la miseria y la brutal opresión de la burguesía, surgieron las primeras huelgas de la clase proletaria, las cuales eran brutalmente reprimidas. Algunos intelectuales como Proudhon y Stirner fundaron la izquierda anarquista, la cual es izquierda en tanto ofrece una alternativa a las masas explotadas.

La idea básica del anarquismo es la oposición y la abolición del Estado entendido como monopolio de la fuerza, y por extensión también puede llamarse así al rechazo de todo gobierno político o de toda autoridad social impuestos sobre el individuo, por considerarlos innecesarios o nocivos. Su entusiasmo contribuyó a la formación de la primera organización internacional de trabajadores y al nacimiento de sindicatos, dado que los sueños de los anarquistas por una sociedad justa fueron un avance histórico fundamental para la lucha social, sin embargo sus concepciones eran insuficientes, dado que no comprendieron que el Estado puede usarse para beneficio de los trabajadores, de modo que proponían la formación de comunidades descentralizadas compuestas por pequeños propietarios, lo cual es un retroceso histórico que la burguesía ha impedido fácilmente en cada intento.

El declive del anarquismo como movimiento social internacional inicia en la década de 1910 hasta prácticamente extinguirse en la década de 1940, dado que nunca pudieron llevar a triunfo sus revoluciones y su teoría no soporta el juicio de la historia, ni rebasa el pensamiento burgués.

El anarquismo puede clasificarse dentro del socialismo utópico, junto con Fourier y Owen que pretendían forjar sociedades igualitarias sin comprender la lucha de clases y sin poseer un método objetivo para derrotar a la burguesía. La izquierda anarquista responde a los intereses de la pequeña burguesía, dado que favorece principalmente a los pequeños productores.

  1. la izquierda socialista o comunista

Junto a los anarquistas surgió la corriente de Marx y Engels llamada socialista científica, la cual identificó que la lucha de clases es el motor de la historia y que la clase trabajadora debe tomar el poder del Estado, para instaurar una dictadura del proletariado (socialismo) hasta que se logre aniquilar a la clase capitalista y así llegar a una sociedad sin clases y sin Estado (comunismo).

La izquierda socialista descubrió las leyes de la historia como la de plusvalía, la cual explica cómo la clase burguesa se queda con el trabajo no retribuido del obrero. Descubrió la importancia de la formación de partidos comunistas que conciencien al pueblo trabajador y lo orienten hacia la revolución socialista, la cual requiere tomar el poder por la razón de las armas dado que la burguesía no soltará el poder por las armas de la razón (Marx).

La izquierda socialista es la izquierda en sentido estricto, dado que es la única que ha logrado revoluciones exitosas, tales como la soviética, la china, la laosiana, la vietnamita, la cubana y la norcoreana, así como lograr que en el siglo XX la tercer parte de la población mundial viviera bajo un régimen socialista que abarcó casi todos los continentes. Esto conllevó por primera vez en la historia una sociedad con los derechos garantizados para la clase trabajadora, tales como la salud, la vivienda, la educación, el derecho al aborto, el trabajo digno y la alimentación, todo ello proporcionado por el Estado bajo control de los trabajadores.

Aun cuando la izquierda socialista tiene la claridad política, la experiencia exitosa y las herramientas para emancipar a la humanidad; en la actualidad se ha visto sumamente disminuida, al grado de sólo sobrevivir en Corea del norte, Cuba y una gama de organizaciones comunistas minoritarias en todo el mundo.

En adelante veremos por qué y cómo fue la debacle de la izquierda socialista desde el gran triunfo de la revolución soviética de 1917.

  1. la izquierda reformista o revisionista.

Mientras que la primera internacional de trabajadores fue disputada entre anarquistas y socialistas, la segunda internacional vivió una lucha entre marxistas y reformistas, los cuales son un intento de suavizar el socialismo científico, abogando por una transición al socialismo sin una revolución, sino con la vía democrática burguesa.

  1. a) La izquierda reformista se basa en Bernstein quien postula que el capitalismo puede evolucionar hacia el socialismo pacíficamente mediante el sindicalismo, sin necesidad de la lucha de clases como motor de la historia.

La izquierda reformista de Bernstein fue una posición hábilmente utilizada para frenar la efervescencia socialista en Europa de inicios del siglo XX, para frenar la lucha política de la clase trabajadora y redirigirla hacia una lucha meramente económica o sindicalista, respondiendo así a los intereses de la pequeña burguesía.

  1. b) La siguiente forma de revisionismo recayó en el trotskismo, el cual deriva de un sector de los mencheviques que querían el poder soviético para sí mismos y que al término de la revolución soviética traicionaron a la clase trabajadora en el poder. Desde entonces se han dedicado a descalificar toda revolución socialista ante su incapacidad de realizar revoluciones. Su práctica política es pequeño burguesa porque se reduce a colgarse de los movimientos sociales, así como introducirse en las organizaciones burguesas para tratar de reorientarlas a su visión, lo cual nunca les ha funcionado.

Los intereses de la izquierda revisionista trotskista responden a los de la pequeña burguesía que reduce la lucha de clases a “problemas de dirección” asumiendo a la clase trabajadora como una entidad pasiva que debe ser conducida (que no formada políticamente) hacia los intereses mezquinos del oportunismo.

  1. c) La siguiente forma de revisionismo recayó en Kruschev, quien dirigió la URSS a la muerte de Stalin. Kruschev y sus sucesores fueron mandatados por la burguesía internacional para derrocar al socialismo de la URSS, lográndolo hasta el mandato de Gorvachov.

Este revisionismo consistió en exagerar los logros de la URSS, asumiendo que ya se estaba entrando en la fase comunista, con lo cual se negaba la lucha de clases y se pactaba con la burguesía internacional. En el fondo este revisionismo fue el causante de la burocratización y posterior caída de la URSS, dado que consistió en una infiltración de la clase capitalista al interior del partido comunista de la URSS para destruirlo gradualmente, con ello la clase trabajadora sufrió una derrota histórica de la cual no se ha levantado.

  1. d) La siguiente forma de revisionismo se vivió en China a la muerte de Mao, donde nuevamente la clase capitalista se infiltró en el partido comunista chino para desmantelarlo por dentro. Desde entonces China viró hacia el capitalismo de Estado en el que se encuentra actualmente, disputándose la hegemonía mundial con Estados Unidos.
  2. e) Otra forma de revisionismo fue el eurocomunismo, que fue una política de infiltración hacia los partidos comunistas europeos, principalmente en Italia y Francia, con el objetivo de desmantelar la organización proletaria, afirmando que en Europa no era posible una revolución socialista, por lo que había que pasar al socialismo por la vía democrática burguesa, acercándose mucho a la posición de Bernstein.

En pocas palabras el revisionismo o reformismo de izquierda es una herramienta de la burguesía para derrotar al socialismo sin una confrontación directa, sino mediante infiltraciones políticas y negando la importancia de la lucha de clases para la emancipación de la clase trabajadora, tomando posturas pequeñoburguesas y de conciliación con la clase capitalista.

 

 

  1. la derecha fascista o nazi

La derecha liberal triunfó sobre la aristocracia y extendió el capitalismo a todo el mundo, para ello engañó al pueblo con valores presuntamente universales como igualdad, libertad y fraternidad, los cuales nunca fueron disfrutados por el naciente proletariado, quien fue sometido a la más absoluta miseria. Los primeros brotes de protesta obrera fueron brutalmente reprimidos por una burguesía confiada en su dominación mundial. Pero tal burguesía cayó en un exceso de confianza, dado que poseía poca fuerza en la Rusia zarista y tuvo su primera derrota en la revolución soviética, la cual no sólo instauró el primer Estado socialista, sino que propagó la esperanza en una sociedad justa cuando menos en Europa. La clase burguesa europea se dio cuenta muy tarde y no logró revertir dicha revolución, así como tampoco pudo impedir que se formaran fuertes sindicatos y partidos socialistas en toda Europa.

La derecha liberal sufrió una derrota definitiva, dado que los conflictos interburgueses que desataron la primera guerra mundial, prepararon las condiciones para que el proletariado soviético encontrara una coyuntura inigualable para tomar el poder.

La clase capitalista europea temía que la previsión de Marx fuera a realizarse, que el fantasma que recorre Europa se encarnara y culminara en la revolución socialista mundial. De modo que las condiciones históricas impulsaron a la clase capitalista al último recurso que fue mostrar su verdadero rostro, ya no el democrático del liberalismo, sino el dictatorial del fascismo, el cual es una ideología, un movimiento político y un tipo de Estado de carácter totalitario y antidemocrático.

El primer objetivo del fascismo fue aniquilar a los partidos comunistas, pero no de modo frontal puesto que eso avivaría más la llama del levantamiento popular, sino que se infiltró para revertirlos desde dentro. Eso hizo Mussolini con su bien conocido pasado socialista, así también hizo Hitler al apropiarse del concepto de socialismo para el partido de los trabajadores alemanes nacionales socialistas (Nazi). Es decir, se apropiaron de un discurso y una práctica que brindaba a los trabajadores el control del Estado, para imponer una práctica dictatorial que pone al Estado (capitalista) como el controlador totalitario de los trabajadores y pequeños burgueses, en manos de la gran burguesía.

El segundo objetivo del fascismo fue derrotar a la URSS para recuperar la hegemonía mundial capitalista, lo cual intentaron con la Segunda Guerra Mundial, pero el ejército rojo logró resistir gracias a la valentía y entrega de la clase trabajadora en la Gran Guerra Patria, derrotando al fascismo y extendiendo el socialismo a la mitad de Europa.

Por otra parte, mientras la derecha liberal reprimía descaradamente las huelgas, los sindicatos y los levantamientos populares, la derecha fascista inventó formas de represión más efectivas en el terrorismo de Estado. El fascismo somete al pueblo mediante la amenaza de desaparición forzada, la cual es una desaparición que comete el Estado, pero que no admite que cometió, de modo que los familiares no tienen ninguna certeza de dónde está el desaparecido o quiénes son los perpetradores. También aplicó sistemáticamente el paramilitarismo, el cual consiste en financiar, entrenar y mandatar a particulares para que repriman al pueblo organizado sin una orden oficial, con lo que no es posible acusar directamente al Estado. Asimismo, el fascismo inventó el concepto de enemigo interno, que consiste en criminalizar al pueblo organizado como política contrainsurgente, de modo que cualquiera que exija sus derechos sea visto como un delincuente.

De este modo, los fascistas implementaron una serie de medidas que sirven para reprimir brutalmente a la clase trabajadora hasta el grado de aterrorizarlos, mientras que utiliza mecanismos que disminuyen al mínimo el costo político, dado que se deslindan de toda responsabilidad con al menos tres tácticas: desaparición forzada, paramilitarismo y la ficción de un enemigo interno, que puede ser judío, comunista, musulmán, migrante o anarquista, entre otros.

En pocas palabras, la derecha fascista surgió como medida para contraatacar al movimiento socialista internacional, mostrando la verdadera cara del capitalismo: antidemocrático, clasista, racista, dictatorial, terrorista y bélico.

  1. la izquierda socialdemócrata o benefactora o socialismo del siglo XXI.

Al terminar la Segunda Guerra Mundial, el mundo se dividió en dos bloques que dieron inicio a la guerra fría. La URSS ganó la guerra y se extendió por el este de Europa, mientras que China se sumaba como revolución triunfante, así que la clase capitalista mundial ideó varias estrategias para contrarrestar tal correlación de fuerzas. Una medida fue la revisionista, la cual se infiltró en la URSS desde Krushev como ya vimos. Otra medida fue el bloqueo económico a todo país socialista. Otra medida fue la creación de los organismos no gubernamentales (ONG) para cuestionar la supuesta falta de derechos humanos en los países socialistas. Otra medida fue satanizar a los países socialistas como dictaduras totalitarias semejantes a los regímenes fascistas y gran parte de la izquierda lo sigue creyendo. Por último, ante la lucha incansable de la clase obrera nórdica (Finlandia, Suecia, Noruega, Alemania, Austria, Dinamarca), el capitalismo se vio obligado a crear el Estado benefactor, con lo que surgió la izquierda socialdemócrata, es decir, una izquierda que no renuncia al capitalismo, pero que recupera la medida socialista de garantizar los derechos sociales a la población.

Esta postura es la heredera de la izquierda reformista, con la diferencia de que la reformista busca llegar al socialismo mediante la democracia y la socialdemocracia abandona la idea del socialismo, buscando integrar los derechos sociales en un Estado capitalista benefactor. La socialdemocracia defiende  el sistema de economía social de mercado, sostiene que la autoridad pública debe intervenir para restablecer el equilibrio y la libertad económica.

La izquierda socialdemócrata posee varias deficiencias, por un lado no refleja los intereses de la clase trabajadora, dado que mantiene la desigualdad de clase, sino que representa a la pequeña burguesía que sólo busca un capitalismo con rostro humano para su propio beneficio. Además, constituye un freno a la lucha proletaria, dado que limita el avance del proletariado a objetivos meramente económicos como acceso a un salario digno, dejando intacta a la clase capitalista en su posesión de los medios de producción. Por otra parte, al cimentarse en la economía capitalista, suele explotar los recursos naturales y explotar trabajadores de países subdesarrollados, como hace Canadá con las mineras en México. Finalmente, la izquierda socialdemócrata sueña con extenderse a todo el mundo, pero en cuanto se trata de implementar fuera del primer mundo, es fuertemente castigado por el imperialismo, tal como pasa en Venezuela y los países del ALBA (Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América).

En pocas palabras, la socialdemocracia es la única posición que es capitalista y de izquierda, lo cual no satisface a la clase capitalista que busca la explotación laboral a toda costa, pero tampoco satisface a la clase obrera porque impide su lucha por el poder político. De modo que sólo favorece a la pequeña burguesía, que por su carácter transitorio oscila entre aspirar a ser gran burguesía y caer en la gran masa proletaria.

  1. la derecha neoliberal o libertaria

La clase capitalista aprendió de sus errores, tanto de la derrota que le propinó el proletariado soviético en 1917, como de la siguiente derrota en la Segunda Guerra Mundial por el mismo proletariado. Entendió que el liberalismo clásico no era suficiente para someter a los trabajadores y que el fascismo le representaba un alto costo político.

El primer objetivo de la estrategia capitalista era desmantelar a la URSS, ya que el referente de vida digna y derechos sociales para el proletariado mundial era el socialismo real. Una o dos décadas antes de derrocar a la URSS, el capitalismo inició su política neoliberal, que consistió en desmantelar los derechos sociales ganados por el proletariado, es decir, lo que definió el inicio del neoliberalismo fue la privatización gradual de las empresas públicas, puesto que en sentido estricto el Estado benefactor no genera ganancias al capital, por lo que es contrario a su proceso de acumulación.

En tal sentido, en cuanto se derrotó a la URSS se aplicó la disminución del salario y prestaciones sociales a nivel mundial, tanto en superpotencias como Estados Unidos, así como en países subdesarrollados como México, difundiendo ante la opinión pública que el socialismo había fracasado por sí mismo y que la única opción era el capitalismo. En realidad, el capitalismo se infiltró en la URSS para desmantelarla por dentro y el capitalismo no sólo no es la única opción sino la más rapaz hacia los trabajadores y el medio ambiente.

El objetivo principal del neoliberalismo es recuperar la máxima tasa de plusvalía posible, la cual consiste en precarizar a la clase trabajadora al grado máximo, es decir, eliminar todas las prestaciones sociales como servicios médicos, jubilación, vacaciones, días de descanso y jornadas máximas al día. De modo que restituya las condiciones que disfrutó en la época de la Revolución Industrial, donde el proletariado vivía en la más absoluta miseria y no disfrutaba de ningún derecho.

Por otra parte, el neoliberalismo retomó lo más destacado del fascismo, para contener la protesta social y toda forma de organización popular. En tal sentido, los Estados neoliberales implementan una política de terrorismo de Estado, el cual consiste en acciones como la ejecución extrajudicial, la desaparición forzada y la detención arbitraria, con el objetivo de atemorizar a la población y desmovilizarla. Esta política se perfecciona con la herramienta del paramilitarismo, que consiste en contratar, capacitar, armar y encubrir a particulares para que ejecuten las acciones represivas, sin que el Estado pueda identificarse como el responsable, sino que se genera un supuesto enemigo interno llamado narcotráfico, para justificar la militarización de las calles, siendo que el narcotráfico es un negocio capitalista protegido por el mismo Estado.

En tal sentido, el neoliberalismo requiere de un Estado fuerte como el del fascismo, para controlar al pueblo trabajador y favorecer a los capitalistas, que implemente una imagen pública de progreso en lo económico y en derechos humanos, mientras que en los hechos mantiene una política sistemática de violación a derechos humanos y de precariedad laboral.

En pocas palabras, la derecha neoliberal es la posición política más acabada de la clase capitalista, que recupera lo mejor del liberalismo clásico para la explotación de la clase trabajadora y recupera lo mejor del fascismo, para contener y reprimir toda forma de protesta y organización popular, y es la única derecha que sobrevive actualmente.

  1. La izquierda autonomista o comunitaria o decolonial.

Ante la derrota de la URSS y el dogmatismo de ciertos partidos comunistas en el mundo, surgió una posición de izquierda que retoma aspectos del marxismo y del anarquismo, pero suprimiendo un factor tan importante como lo es la toma del poder del Estado. Los teóricos de la izquierda autonomista son Antonio Negri y John Holloway, quienes sostienen la idea de que se pude cambiar el mundo sin tomar el poder, perdiendo de antemano toda posibilidad histórica de triunfo para la clase trabajadora.

En otras palabras, mientras la derecha aprendió de sus errores y se perfeccionó con la posición neoliberal, la izquierda se tragó el cuento del supuesto régimen de terror soviético y del fracaso del socialismo, con lo que se refugió en el autonomismo, el cual pierde de vista al proletariado como sujeto histórico y la conquista del poder del Estado como meta fundamental para la superación de la lucha de clases, para refugiarse en comunidades autónomas que son brutalmente reprimidas por la fuerza del Estado capitalista.

Los autonomistas italianos, los piqueteros argentinos y los neozapatistas  mexicanos, son buenos ejemplos de izquierda autonomista, así como los colectivos estudiantiles okupas.

La izquierda autonomista refleja los intereses de la pequeña burguesía, dado que diluye al proletariado en sectores que si bien son oprimidos por el capitalismo, no tienen la capacidad histórica de derrotarlo, tales como los pueblos indígenas, los migrantes, la comunidad de la diversidad sexual, los estudiantes y los campesinos.

La prueba de que todos esos sectores dependen del proletariado como sujeto histórico para su emancipación, reside en la revolución soviética, que solucionó gran parte de los problemas de racismo, sexismo y todo tipo de discriminación en la URSS, lo que fue perdiéndose con la posterior infiltración del capitalismo.

Otro retroceso que implica el autonomismo lo constituye la desconfianza del partido como una herramienta de organización, anteponiéndole la comunidad horizontal, la cual en el fondo es una utopía que termina por ser manipulada por intereses particulares. Además la izquierda autonomista renunció a luchar frontalmente contra el capitalismo, por lo que optó por resignarse a la resistencia.

En pocas palabras,  la izquierda a nivel mundial sufrió un retroceso con el autonomismo, dado que abandonó el objetivo fundamental de la toma de poder del Estado, renunció a la estructura organizativa del partido, perdió de vista a la clase trabajadora como el sujeto histórico de transformación y negó la memoria histórica de las revoluciones socialistas triunfantes, que son ejemplo de cómo derrotar a la derecha capitalista.

Conclusión

Hemos visto que existen diversos tipos de derecha y de izquierda, ya que cada cual intenta responder a las necesidades de su contexto histórico dentro del capitalismo y obedece a los intereses de una clase social como son la burguesía, la pequeña burguesía y el proletariado.

También vimos que mientras la derecha se perfecciona hasta la forma más acabada del neoliberalismo, la izquierda retrocede a posiciones que la alejan de los objetivos históricos de la clase trabajadora, negando los triunfos del pasado y refugiándose en problemas secundarios como la migración y la discriminación indígena.

Además, la derecha se ha perfeccionado a tal grado que no parece existir, dado que utiliza eufemismos como “centrismo político” y “ni de izquierda ni de derecha”. Logrando ejercer su dominio con un discurso de progreso social.

Nuestro deber histórico como clase trabajadora, es recuperar la posición de la izquierda socialista y utilizar la teoría y práctica del marxismo-leninismo para lograr la revolución socialista.

 

Referencias.

Comité Cerezo (2015) Estado terrorista. En: https://www.comitecerezo.org/spip.php?article2177

CIUDADANO 014-Q (2010) ¿Qué es la derecha y la izquierda política? En: http://www.lasangredelleonverde.com/ique-es-la-derecha-y-la-izquierda-politica/

Martens, Ludo (2003) Otra mirada sobre Stalin. Ediciones EPO, Bélgica.

Martens, Ludo (1992) El trotskismo al servicio de la CIA contra los países socialistas. En: http://socialismo-solucion.blogspot.com/2012/03/el-trotskismo-al-servicio-de-la-cia.html

Partido Comunista (Bolchevique) de la Unión Soviética (1939) Historia del partido comunista (bolchevique) de la URSS. En: https://www.marxists.org/espanol/te…

Rodríguez Kauth, Angel (sin año) Izquierda y derecha en política. En: http://www.uca.edu.sv/publica/realidad/r82izqui.htm