EL MITO DE LA PRODUCTIVIDAD CAPITALISTA

MAURICIO DIMEO

productividad

Introducción

 

Bajo el discurso de la productividad se obliga a la clase trabajadora a someterse a jornadas de explotación y opresión laboral infrahumanas, pero qué es realmente la productividad, este concepto suele definirse como la relación entre la cantidad de productos obtenida por un sistema productivo y los recursos utilizados para obtener dicha producción. Sin embargo, Marx estudió a profundidad la productividad capitalista, por lo que partiremos de sus obras para clarificar lo que subyace al mito de la productividad.

 

  1. La productividad relativa

 

Desde la lógica capitalista, sólo es productivo el trabajo que genera capital, dado que “trabajo productivo, desde el punto de vista de la producción capitalista, es el trabajo asalariado que, al cambiarse por la parte  variable del capital, además de reproducir esta parte del capital produce plusvalía para el capitalista” (Marx, 1976:9). Es decir, al capitalista no le interesa el tipo de trabajo que se realice, sino que el trabajador pueda ser explotado al grado de generar plusvalía, que consiste en el trabajo no retribuido al obrero.

 

Sin embargo, la productividad capitalista no es absoluta, es decir, no es válida para otros modos de producción, sino que sólo es relativa al capitalismo, dado que, “Si para mantener al obrero, es decir, para reproducir su fuerza de trabajo, bastase con una jornada de trabajo, este trabajo sería productivo en términos absolutos, pues reproduciría los valores consumidos por él, valores que serían iguales al valor de su propia fuerza de trabajo. Pero no sería productivo desde el punto de vista capitalista, pues no produciría plusvalía (…) La productividad del trabajo bajo el capitalismo se basa en una productividad relativa: el obrero, además de reponer el valor anterior, crea un valor nuevo” (Marx, 1976:9-10). Dicho de otro modo, al capitalista le interesa reponer la fuerza de trabajo cuanto antes, pero no porque le importe la vida del obrero, sino en tanto que a partir de ese punto, todo lo que genera el trabajador constituye la plusvalía que se apropia el capitalista para su propio beneficio.

 

En consecuencia, al capitalista le es indiferente en qué rama de la producción invierte su capital, siempre que sea el que le reporte más ganancias, las cuales dependen de la valorización del capital, por lo que le da igual que se produzcan mercancías o que se ofrezcan servicios, es decir, “La producción capitalista no sólo es producción de mercancía; es, en esencia, producción de plusvalor. El obrero no produce para sí, sino para el capital. Por tanto, ya no basta con que produzca en general. Tiene que producir plusvalor. Sólo es productivo el trabajador que produce plusvalor para el capitalista o que sirve para la autovalorización del capital. Si se nos permite ofrecer un ejemplo al margen de la esfera de la producción material, digamos que un maestro de escuela, por ejemplo, es un trabajador productivo cuando, además de cultivar las cabezas infantiles, se mata trabajando para enriquecer al empresario. Que este último haya invertido su capital en una fábrica de enseñanza en vez de hacerlo en una fábrica de embutidos, no altera en nada la relación. El concepto de trabajador productivo, por ende, en modo alguno implica meramente una relación entre actividad y efecto útil, entre trabajador y producto del trabajo, sino además una relación de producción específicamente social [e], que pone en el trabajador la impronta de medio directo de valorización del capital” (Marx, 1980, Tomo I, capítulo xiv). En otras palabras, al capitalista no le interesa la producción de valores de uso que satisfagan necesidades sociales, sino la mera generación de capital y a eso le llama productividad.

 

Esta productividad relativa del capitalismo, si se lleva a sus últimas consecuencias, genera una situación sumamente contradictoria, dado que “La profesión de impostor, de delator, de adulador, de parásito, es una profesión productiva para quien la ejerce mediante una retribución. Habrá que clasificar a todos estos individuos, por consiguiente, entre los obreros productivos, pues producen no sólo riqueza, sino capital. El mismo ladrón tendrá que ser incluido, según esto, entre los obreros productivos” (Marx, 1976:146.) De modo que la productividad capitalista, que reduce la fuerza de trabajo a una mera generación de plusvalía, termina por ser defensora de las actividades más decadentes de la sociedad.

 

En pocas palabras, la productividad capitalista no representa un beneficio para la clase trabajadora, en tanto que no le importa generar valores de uso para la satisfacción de las necesidades humanas, sino tan sólo generar capital, aun cuando dichas actividades puedan ser dañinas como el narcotráfico, la trata de mujeres y el tráfico de armas.

 

  1. Improductividad relativa

 

Para el capitalismo, toda actividad que no genere capital será improductiva, sin importar que aporte un beneficio a la sociedad, es decir, “Trabajo improductivo: aquel trabajo que no se cambia por capital, sino directamente por renta, por salario o ganancia” (Marx, 1976:15). Veamos las implicaciones de esta visión capitalista.

 

¿Qué necesita más una sociedad? ¿Un payaso que la divierta o un sastre que le arregle los zapatos? Para el capitalismo lo que importa es tan sólo el capital, por lo que “Un payaso puede ser  un obrero productivo si trabaja al servicio de un capitalista y entrega a éste una cantidad mayor de trabajo de la que recibe de él en forma de salario. En cambio, un sastre que trabaja a domicilio por días, para reparar los pantalones del capitalista, no crea más que un valor de uso y no es, por tanto, más que un obrero improductivo” (Marx, 1976:15). En otras palabras, todas las profesiones serán medidas con la vara del capital aunque salven vidas como el médico o den de comer a una familia como el agricultor, dado que si éstos sólo crean valores de uso y no capital, serán considerados improductivos.

 

Por otro lado, las actividades parasitarias pueden ser consideradas productivas si son generadoras de capital, pero también pueden ser consideradas improductivas, en tanto que  “Como ninguna de las partes contratantes se enfrenta a la otra como capitalista, esta prestación del que sirve no se puede incluir en la categoría de trabajo productivo. Desde una puta hasta el papa hay una buena cantidad de esa gentuza. Pero también se incluye aquí el honesto y laborioso lumpemproletariado; por ejemplo, grandes bandas de serviciales rufianes” (Marx, 1984, tomo I. pág. 213.) En ese sentido, para el capitalista da lo mismo si las actividades son delictivas o parasitarias, dado que sólo las considerará improductivas si no generan capital.

 

En pocas palabras, para el capitalismo el trabajo será improductivo siempre que no genere capital, aun cuando satisfaga las necesidades humanas, ese es el caso de todas las obras públicas como son la construcción de viviendas de interés social, la educación pública y gratuita, los comedores comunitarios y los hospitales públicos, esa es la razón de que la burguesía esté tan interesada en privatizar cuanto antes todas las paraestatales, en tanto que no generan capital.

 

  1. Productividad absoluta

 

El capitalismo pretende pasar su productividad relativa como la productividad por excelencia, asumiendo que sólo el trabajo que genera capital es productivo, pero esto está lejos de ser verdad, dado que “La distinción entre el trabajo productivo y el trabajo improductivo se establece aquí desde el punto de vista del capitalista exclusivamente, no desde el punto de vista del obrero” (Marx, 1976:16) De modo que trataremos de clarificar en qué consiste la productividad absoluta, que subyace al modo de producción capitalista.

 

Independientemente de la ganancia capitalista, lo que determina la productividad es algo tan sencillo como la generación de bienes materiales, es decir, “trabajo productivo es el que produce mercancías, productos materiales, cuya fabricación cuesta cierta cantidad de trabajo o de fuerza de trabajo. Entre estos productos materiales figuran todos los productos del arte y de la ciencia, los libros, las estatuas, los cuadros, etc. Mas para ello es necesario, además, que el producto del trabajo sea una mercancía, susceptible de ser vendida” (Marx, 1976:33-34). En tal sentido, la fuerza de trabajo invertida en producción de mercancías materiales es lo único que puede considerarse trabajo productivo, es decir, la producción industrial y agroindustrial, que es de donde se genera toda la riqueza.

 

¿Qué ocurre con toda la riqueza generada en la producción material? Es apropiada por el capitalista y utilizada en un sinfín de actividades improductivas, por ejemplo: “¡una muchacha se mata trabajando durante doce horas al día en la fábrica para que con una parte de su trabajo no retribuido su patrón pueda permitirse el lujo de tener a su hermana de criada, a su hermano de botones y a su primo de soldado o agente de policía!” (Marx, 1976:59) De modo que la extracción de plusvalía en el capitalismo es lo que ha permitido el surgimiento de una gran gama de profesiones y empleos completamente improductivos, dado que sólo pueden pagarse por la riqueza generada en la producción material.

 

Del mismo modo, entre los capitalistas se reparten la riqueza generada por el obrero industrial, dado que “todo el plusvalor pasa directamente de manos del obrero a manos del capitalista… aun cuando más tarde tenga que transferir una parte de él al otro capitalista que le facilitó el dinero, al terrateniente, etcétera” (Marx, 1959: tomo II, pág. 234) Por ende, el capitalista financiero, el terrateniente y el capitalista comercial, no hacen sino apropiarse del plusvalor extraído inicialmente del obrero industrial, por lo que son aún más parasitarios que el capitalista industrial.

 

La riqueza no proviene de la oferta y la demanda, de las grandes ideas emprendedoras o del valor de uso de los servicios, sino que

“Lo único que crea un fondo con cargo al cual se pagan los obreros improductivos es la productividad del trabajo industrial o agrícola, el remanente producido por los obreros productivos, pero no percibido por ellos” (Marx, 1976:71) De ahí la importancia de que la clase obrera es el sujeto histórico que puede tomar el poder y establecer una sociedad socialista.

 

En pocas palabras, sólo la producción industrial que recae en la clase obrera genera trabajo productivo, dado que la fuente de la riqueza absoluta son las mercancías materiales y de ahí se distribuye la riqueza entre toda la gama de capitalistas y actividades improductivas, como veremos en lo que sigue.

 

  1. Improductividad absoluta

 

Si sólo es productiva la producción material de mercancías, nos encontramos con una gran gama de parásitos que aparentemente son productivos, pero que sólo chupan la sangre de los trabajadores para su beneficio, en tanto que “La división del plusvalor que en primera instancia siempre tiene que encontrarse en manos del capitalista industrial en diversas categorías de las que aparecen como portadores, al lado del capitalista industrial, el terrateniente (para la renta de la tierra), el usurero (para el interés), etc., ditto [y otro tanto] el gobierno y sus funcionarios, rentistas, etc. Estos alegres compañeros aparecen, con respecto al capitalista industrial, como compradores y, en ese sentido, como convertidores de las mercancías de aquél en dinero; pro parte [a prorrata] también ellos vuelcan “dinero” en la circulación, y el capitalista lo recibe de ellos. Con lo cual siempre se olvida de qué fuente lo extrajeron en un principio, de qué fuente lo extraen siempre de nuevo.” (Marx, 1980: tomo II, pág. 515.) Es decir, pareciera que la riqueza se genera en todos los ámbitos, dado que circula velozmente por el Estado, las empresas, los bancos y el comercio, sin embargo esto no debe desorientarnos sobre la verdadera fuente de riqueza que se encuentra en la producción material de mercancías.

 

Esto implica que las clases sociales se complejizan junto con el desarrollo del modo de producción capitalista, dado que “junto a la gran mayoría constreñida a no hacer más que llevar la carga del trabajo, se forma una clase eximida del trabajo directamente productivo y a cuyo cargo corren los asuntos generales de la sociedad: la dirección de los trabajos, los negocios públicos, la justicia, las ciencias, las artes, etc.” (Engels, 2000) Engels se refiere a una clase que no se encarga del trabajo productivo como los obreros, pero que tampoco es burgués porque no es dueña de los medios de producción sino que se dedica a los asuntos generales; como la única clase intermedia entre la burguesía y el proletariado es la pequeña burguesía, afirmamos que todo aquél que no hace trabajo productivo absoluto, pero que tampoco es dueña de medios de producción, pertenece a la pequeña burguesía.

 

En pocas palabras, la gran mayoría de los trabajos en el modo de producción capitalista son improductivos, empezando por las actividades que realizan los capitalistas industriales, que son los responsables de extraer la plusvalía a la clase trabajadora; los capitalistas financieros y comerciales, que se reparten dicha plusvalía; y el sector de servicios que es completamente improductivo al no generar mercancías materiales, donde podemos encontrar la publicidad, el comercio, el entretenimiento, la burocracia, la educación, el mantenimiento, el turismo, la seguridad y la abogacía, entre muchos otros.

 

Conclusión

 

Hemos visto que la productividad (relativa) del capitalismo es tan sólo un mito dado que se define en función de la generación de capital, lo cual no implica la generación de riqueza sino tan sólo su apropiación por parte de la clase burguesa. También vimos que la productividad (absoluta o real) consiste en la producción material de mercancías, lo cual sólo genera la clase obrera industrial y agroindustrial, por lo que es la clase históricamente determinada para expropiar los medios de producción y repartir la riqueza justamente. Además, vimos que para la clase capitalista no es relevante si la riqueza satisface las necesidades humanas, mientras se logre el objetivo de explotar a los trabajadores, por lo que considerará improductivas (relativamente) las obras públicas, aun cuando sean primordiales para la vida digna de la clase trabajadora.

 

Sin embargo, la productividad absoluta es tan alta en la actualidad, que basta con que una minoría de la población se constituya como clase obrera industrial, dado que la tasa de plusvalía es tan grande que con esa riqueza se han generado una infinidad de trabajos improductivos, tales como los espectáculos, la publicidad, la seguridad privada, la abogacía, la lotería y la burocracia, entre otros. Esto implica que hemos llegado al momento histórico en que la clase obrera puede apropiarse de los medios de producción y planificar la economía de modo que cada cual trabaje según sus capacidades y reciba según sus necesidades, como dijera Marx.

 

Referencias

 

Engels, Friedrich. (2000) Del socialismo utópico al socialismo científico. En: https://www.marxists.org/espanol/m-e/1880s/dsusc/index.htm

 

Marx, Karl. (1980) El Capital. Tomos  I y II. Crítica de la Economía Política. Madrid, Siglo XXI
Marx, Karl. (1976) Trabajo productivo y trabajo improductivo. México. Ediciones Roca.

 

Marx, Karl (1959) Teorías sobre la plusvalía. Tomo II. México. Fondo de cultura económica.

 

Marx, Karl (1984) Elementos fundamentales para la crítica de la economía política (Grundrisse). Tomo I. México. Siglo XXI.

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MARXISMO Y DERECHOS HUMANOS

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MAURICIO DIMEO

Ninguno de los llamados derechos humanos va, por tanto, más allá del hombre egoísta, del hombre como miembro de la sociedad burguesa, es decir, del individuo replegado en sí mismo, en su interés privado y en su arbitrariedad privada, y disociado de la comunidad

Karl Marx

Introducción

En este ensayo se analizarán las similitudes y diferencias entre el marxismo y los derechos humanos, para clarificar en qué sentido pueden articularse para la lucha social.

Existen varias corrientes de derechos humanos, para los fines de este escrito partiremos de la visión iushistórica, la cual define los derechos humanos de la siguiente forma: “Los derechos humanos son las condiciones materiales necesarias para el goce de una vida social digna; son el resultado histórico de prácticas concretas de los pueblos oprimidos que, de manera organizada, han luchado en contra de las minorías o clase social que los oprimen; son el conjunto de anhelos y aspiraciones colectivas para alcanzar una vida digna; son una herramienta que acompaña y protege a los individuos y colectividades en lucha, y por último, son una herramienta que busca desmantelar las estructuras estatales que permiten la violación a los derechos humanos” (Comité Cerezo, 2016).

Asimismo, existen diversas corrientes de marxismo, para los fines de este escrito nos basaremos en los textos del propio Marx. El marxismo puede entenderse como un sistema filosófico, político y económico que aspira a la superación del capitalismo, defiende la construcción de una sociedad sin clases y un Estado bajo control de los trabajadores.

  1. Derechos o privilegios

Los derechos humanos tienen una aspiración de universalidad, cuando esto no ocurre y sólo una minoría los disfruta, a costa de la miseria de la mayoría, estamos hablando de privilegios.

Esto es lo que ocurre en el Estado capitalista, que se jacta de defender los derechos humanos, mientras que sólo la clase burguesa disfruta de una vida digna, que consiste en acceso a alimentación, educación, salud, empleo y vivienda de calidad, entre otras.

En ese sentido, la clase trabajadora genera la riqueza necesaria para disfrutar de una vida digna, pero la clase capitalista se apropia de dicha riqueza y la disfruta en forma de privilegios, de modo que aunque sea materialmente posible que los derechos humanos sean disfrutados universalmente, la clase burguesa lo impide mediante la figura del Estado capitalista.

Por ejemplo, el acceso a la universidad pública o a seguridad social, son visualizados cada vez más como privilegios, hasta el grado de cuestionar a quienes tienen acceso a ellos, en vez cuestionar a quienes no los garantizan o exigir que todos disfrutemos de los derechos humanos.

  1. Propiedad privada

Uno de los derechos que más defiende la clase capitalista es el de la propiedad privada, al grado de proclamarlo como un derecho humano. Sin embargo, los derechos humanos tienen la aspiración de ser universales, por lo que lo deseable es que toda la gente disfrutara de tal derecho.

En el capitalismo tan sólo la décima parte de la población mundial posee propiedad privada, dado que el sistema capitalista se basa en la explotación de los desposeídos, de modo que es condición necesaria para la generación del capital que sólo una minoría posea propiedad privada de los medios de producción.

Lo que ocurre es que al capitalismo le es funcional un discurso de derechos humanos que incluya el derecho a la propiedad privada, dado que mientras asegura el dominio de la clase burguesa, difunde una propaganda esperanzadora en la que cualquier persona tiene derecho a la propiedad privada.

En cambio, desde el marxismo es posible realizar el derecho humano a la propiedad, mediante la figura de la propiedad colectiva de los medios de producción, en donde las empresas son nacionalizadas y controladas por la clase trabajadora, como sucedió principalmente en la URSS. Así mismo, el Estado socialista se encarga de construir casas y entregarlas gratuitamente a los ciudadanos como ocurre en Corea del Norte.

En pocas palabras, la propiedad privada es materialmente imposible porque satisface la ambición individual de posesión de la clase burguesa y despoja a la clase trabajadora de un bien colectivo. Al mismo tiempo, la propiedad colectiva es una meta que materializa el derecho humano a la propiedad, dado que expropia los medios de producción en beneficio de los trabajadores.

  1. Estado

El Estado es el organismo encargado de garantizar los derechos humanos, dado que concentra los recursos económicos, políticos y jurídicos necesarios para brindarlos. Sin embargo, en el sistema capitalista el Estado responde a los intereses de la clase burguesa, quien lo instauró como una dictadura para dominar a la clase trabajadora, pero con una apariencia de democracia para engañar al pueblo.

Esta es una situación contradictoria, en la que se espera que el Estado brinde derechos a toda la población, mientras que en los hechos es un instrumento de represión ante la protesta de la clase trabajadora. Ya sea abiertamente con un sistema judicial que criminaliza a los defensores de derechos humanos, o de modo cobarde y clandestino con el paramilitarismo, la detención arbitraria, la ejecución extrajudicial y la desaparición forzada.

En otras palabras, mientras los Estados capitalistas se jactan de firmar tratados internacionales en derechos humanos, en los hechos reprimen brutalmente a la clase trabajadora que exige sus derechos.

Lo importante es que con la herramienta de los derechos humanos se posibilita vislumbrar que el enemigo de la clase trabajadora no es éste o aquél empresario, sino la clase burguesa en su conjunto, la cual concentra su poder en cada Estado capitalista, por lo que se clarifica que para satisfacer sus derechos humanos, los trabajadores deben luchar por la toma del poder del Estado y no sólo contra cada capitalista en lo particular.

  1. Garantías de no repetición.

Ante una violación grave a los derechos humanos, tal como una desaparición forzada, las víctimas exigen los derechos a la memoria, la verdad y la justicia, así como a la reparación integral y a la garantía de no repetición. Mientras que el Estado intenta negar todos estos derechos, dado que no le conviene admitir que es el perpetrador.

De este modo, el Estado busca que las víctimas y la sociedad olviden el hecho tras el desgaste de los procesos jurídicos atentando contra el derecho a la memoria; también tergiversa los hechos para deslindar su responsabilidad con lo que atenta contra el derecho a la verdad; a su vez niega el castigo a los responsables o sólo lo limita a los mandos más bajos, con lo que impide el derecho a la justicia; no busca resarcir el daño o lo limita a una cuestión económica, con lo que impide la reparación integral; y finalmente, no desmonta las estructuras que hacen posible tal violación a los derechos humanos, con lo que no garantiza la no repetición de tal injusticia.

Este último derecho humano, el de la garantía de no repetición, es el que le es más útil al marxismo para superar al  Estado capitalista, dado que desmontar las estructuras que permiten las violaciones a derechos humanos, implica en última instancia la instauración de un Estado que no reprima a la clase trabajadora, sino que responda a sus intereses, con lo que se hace necesaria la revolución socialista para garantizar los derechos humanos.

  1. Capitalismo vs socialismo

La burguesía ha utilizado la herramienta de los derechos humanos de distintos modos, siempre para su propio beneficio. En las revoluciones burguesas (inglesa, francesa y de las trece colonias) los usó para engañar al pueblo trabajador con la promesa de los derechos universales que nunca les concedió.

En contraste, la clase trabajadora ha utilizado la herramienta de los derechos humanos para brindar una vida digna al pueblo, como lo hizo en la Revolución Rusa, donde por primera vez en la historia el Estado fue tomado por los trabajadores y brindó derechos económicos, sociales y culturales a toda la población, tales como educación, alimentación y empleo dignos.

Como respuesta, la clase burguesa creó el concepto de los derechos humanos para afirmar que en los países socialistas no se respetan los derechos civiles y políticos, tales como el derecho a la propiedad privada. Además, se vio obligada a responder a las protestas de la clase trabajadora de los países capitalistas, creando el Estado benefactor que recupera los derechos sociales generados por el socialismo, pero sin atentar contra el modo de producción capitalista.

La clase capitalista batalló contra el socialismo en todo el planeta, creando infinidad de mecanismos violadores de derechos humanos y de represión social, incluida la cárcel de Guantánamo, hasta lograr la caída de la URSS, asentando una grave derrota a la clase trabajadora a nivel mundial. Desde entonces se han estado perdiendo los derechos sociales en todo el mundo, tales como la seguridad social, el salario digno y el acceso a una vivienda.

Irónicamente, la crítica infundada hacia la ausencia de derechos humanos en el socialismo: se hizo realidad en el neoliberalismo, en tanto que el capitalismo aprovechó la caída de la URSS para desmantelar los Estados benefactores, con lo que continúa con su lógica de explotación rapaz.

Conclusión

Hemos visto que la posición iushistórica en derechos humanos y el marxismo son posiciones compatibles, en la medida en que convergen en señalar al Estado capitalista como el responsable de la injusticia y la desigualdad, comparten la idea de que la garantía de no repetición requiere el desmantelamiento del Estado capitalista, coinciden en que los derechos son el resultado de la lucha histórica del pueblo trabajador, concuerdan en la concepción de la vida digna como un derecho y no como un privilegio, así como convergen en la imposibilidad de la propiedad privada como derecho humano.

Necesitamos romper con el dogma de que los derechos humanos son tan sólo una herramienta de la burguesía y utilizarla en el camino de la emancipación proletaria, dado que nos muestra el rostro del Estado capitalista y sus diversas estructuras de represión social. Aun cuando a herramienta de los derechos humanos puede ser utilizada para los intereses de la clase burguesa, también puede ser usada bajo los intereses de la clase trabajadora, de modo que si el marxismo se desentiende de dicha herramienta pierde terreno en la lucha por el socialismo.

Mientras la sociedad esté dividida en clase sociales los derechos humanos son una mera utopía, dado que su universalidad es imposible cuando sólo la clase burguesa tiene la posibilidad material de disfrutar de una vida digna; por lo que la lucha por el socialismo (en el que la clase trabajadora toma el poder) y la lucha por el comunismo (en el que se superan las clase sociales y el Estado deja de ser un órgano de represión de una clase sobre otra) será la única forma de realizar plenamente los derechos humanos, donde cada cual trabaje según sus capacidades y reciba según sus necesidades, como dijera Marx.

Referencias

Arévalo Álvarez, Luis Ernesto (2001), El concepto jurídico y la génesis de los derechos humanos. México, Universidad Iberoamericana.

Comité Cerezo (2016) Qué son los derechos humanos. En: https://www.comitecerezo.org/spip.php?article2540

Giraldo, Javier (1993) Sólo los Estados violan derechos humanos. http://www.javiergiraldo.org/spip.php?article48

Marx, Karl y Engels, Friedrich (1848)  Manifiesto del partido comunista. En: https://www.marxists.org/espanol/m-e/1840s/48-manif.htm

Marx, Karl (1843), La cuestión judía. En: http://www.archivochile.com/Marxismo/Marx%20y%20Engels/kmarx0035.pdf

 

 

Mitología capitalista

MAURICIO DIMEO

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Introducción

El capitalismo es un sistema económico y social basado en la propiedad privada de los medios de producción y en la importancia del capital como generador de riqueza. El capitalismo surge en un proceso histórico de lucha de clases en el que la burguesía toma el poder derrotando a la clase feudal y se expande por todo el mundo.

En este ensayo se analizarán los principales mitos sobre el capitalismo, buscando mostrar cómo se ha generado toda una mitología para justificar la explotación capitalista y crear la ilusión de progreso social ocultando la lucha de clases.

Un mito es una historia imaginaria que altera las verdaderas cualidades de una persona o de una cosa y les da más valor del que tienen en realidad. En la sociedad actual, la mitología que domina la vida cotidiana no proviene de las religiones, sino del sistema capitalista, como veremos.

  1. Mito de la movilidad social

El capitalismo se compone de clases sociales en lucha, por un lado tenemos a la burguesía que se caracteriza por los dueños de los medios de producción y por otro lado al proletariado que no posee medios de producción y vende su fuerza de trabajo. La burguesía se compone por una minoría de la población que es cada vez más rica, mientras que el resto son trabajadores asalariados.

Para que el proletariado no se percate de que hace el trabajo y no recibe la riqueza que genera, el capitalismo ha inventado el mito de la movilidad social, también conocido como meritocracia, el cual consiste en hacer creer al trabajador que si se esfuerza mucho o tiene grandes ideas o emprende su propio negocio: podrá ascender a la clase burguesa. Esto es un mito en la medida en que el sistema capitalista sólo permite que una minoría de proletarios suba de clase social, en tanto que sólo una minoría de burgueses tiende a perder sus medios de producción y se convierten en proletarios.

En otras palabras, el capitalismo no podría permitir que todos los que son innovadores, emprendedores o “muy trabajadores” ascendieran económicamente, dado que la base económica del sistema exige una gran masa de proletarios en la más absoluta explotación. Sin embargo, el mito de la movilidad social es funcional para mantener la esperanza del pueblo de una vida mejor, mientras trabaja duramente para enriquecer al dueño de la empresa.

Además, este mito descansa en la estigmatización del pobre como flojo y tonto, siendo que la gran mayoría del proletariado trabaja muy duro por un salario miserable y todas sus grandes ideas son capitalizadas para el beneficio de la burguesía.

  1. Mito de la democracia

Para mantener su legitimidad, la clase burguesa instaura un sistema electoral que pretende dar cabida a todas las clases sociales, sin embargo la democracia capitalista es formal y no real por las siguientes razones:

  1. a) Toda la ciudadanía puede votar (las mujeres hasta hace algunas décadas), pero el Estado no se hace responsable de formar política y culturalmente a la población para dicho ejercicio. De modo que son fácilmente manipulados para que apoyen y aprueben a los representantes de la burguesía, sin ser conscientes de sus intereses como proletariado.
  2. b) La pluralidad de partidos es engañosa, dado que sólo tienen registro los que obedecen a los intereses de la clase capitalista. Ningún partido responde a los intereses de los trabajadores, ya que de ser así pondrían en riesgo al sistema capitalista, de modo que les es negado el registro, se les corrompe para que responda a la burguesía o se le extermina con golpes de estado cuando llegan al poder o la persecución de sus integrantes.
  3. c) Las elecciones son un producto más de consumo. El sistema electoral está diseñado para que sólo puedan acceder a puestos de elección quien invierta mucho dinero para las campañas, por lo que los partidos y candidatos se ven obligados a comprometerse con las empresas y una vez que llegan al poder deben responder a intereses particulares, de modo que la democracia se convierte en un mercado más.
  4. d) La democracia se reduce al voto. Muy pocos derechos se han ganado con el voto, la historia nos dice que la mayoría de los derechos han sido ganados mediante la protesta social, dado que el voto es un ejercicio pasivo de elegir entre varios candidatos y partidos cada cierto tiempo, mientras que la protesta social implica la participación activa de la población para exigir derechos a los gobernantes y manifestar el descontento social. Paradójicamente, en las democracias formales se concibe a la protesta social como un acto vandálico y violento, aun cuando la misma ONU reconoce el ejercicio de la protesta social como uno de los pilares de la democracia. La ONU, en La declaración de los Defensores y las Defensoras de los Derechos Humanos (Art. 5) afirma que “A fin de promover y proteger los derechos humanos y las libertades fundamentales, toda persona tiene derecho, individual o colectivamente, en el plano nacional e internacional: […] a) A reunirse o manifestarse pacíficamente”.

En pocas palabras, la democracia capitalista es sólo una fachada para cubrir a la dictadura de la burguesía, la cual utiliza dicha formalidad para mantener a los trabajadores engañados y que el costo político de su dominio sea menor, es decir, es más sencillo hacerle creer a  los trabajadores que los gobernantes los representan dado que votaron por ellos, que decirles abiertamente que la clase burguesa diseñó al Estado capitalista para proteger sus intereses y para explotar y oprimir a la clase trabajadora.

  1. Mito del Estado mediador.

Por la misma línea, el capitalismo nos vende la idea de que el Estado está diseñado para mediar las diferencias entre particulares, manteniéndose como una institución neutral entre las clases sociales, incluso atribuyéndole una fuerza independiente como “clase política”.

Esto es una trampa, dado que el Estado fue instaurado para defender los intereses de las clases dominantes, de modo que sólo simulará mediar entre particulares (como en las juntas de conciliación y arbitraje) mientras que en los hechos favorecerá a la clase capitalista. Una evidencia de ello es que los juicios son ganados por quien tiene para pagar un buen abogado y las cárceles están llenas de pobres.

  1. Mito de la empresa socialmente responsable

La Responsabilidad Social Empresarial (RSE) es un enfoque de negocios que incorpora respeto por las éticas, las personas, las comunidades y el medio ambiente. Sin embargo, el hecho de que haya que agregar el adjetivo “socialmente responsable” evidencia que las empresas son en esencia lo contrario.

Mientras que el objetivo del capitalismo es la acumulación del capital con base en la explotación de los trabajadores, la imagen pública de cada empresa influye en su potencial de ventas, es por esto que la responsabilidad social es tan sólo una fachada de rostro humano para ocultar las condiciones de miseria que suelen sufrir los trabajadores, dado que mientras las empresas implementan medidas para mejorar el entorno, los recursos para implementarlas vienen del trabajo no retribuido al proletariado. Hay casos de empresas socialmente responsables que ejecutan despidos masivos sin problema.

  1. Mito de la progenie irresponsable.

El capitalismo busca ante todo la acumulación del capital, lo cual implica la explotación de la naturaleza y del proletariado. Esto implica la demanda de una gran masa de trabajadores, lo cual requiere de la sobrepoblación y el hacinamiento en las grandes ciudades.

Cuando esta política de crecimiento poblacional se sale control se genera sobrepoblación. La burguesía no asume la responsabilidad de esta consecuencia y pretende culpabilizar a los pobres por no realizar una planificación familiar. Sin embargo,  la clase proletaria, como su mismo nombre indica, no tiene otro patrimonio que sus propios hijos, por lo que la responsabilidad recae en la clase burguesa que mantiene al proletariado en la miseria y que mediante el Estado no le ofrece oportunidades educativas y profesionales para que el pueblo no reduzca sus aspiraciones sociales a la procreación.

En pocas palabras, la sobrepoblación es un efecto de la demanda capitalista de mano de obra, por lo que la responsabilidad recae en el Estado capitalista que pretende controlar a la población bajo los intereses del mercado y no sobre la base de una vida digna, atentando contra el derecho humano a formar una familia.

  1. Mito de la repartición de riqueza

El capitalismo nos vende la idea de que la solución a la pobreza es generar más riqueza, para luego repartirla, pero esto es un mito en la medida en que en la actualidad hemos generado más riqueza que nunca antes en la historia, mientras que la pobreza y la miseria se agudizan en todo el mundo.

Lo cierto es que nunca antes un sistema había logrado tanta riqueza como el capitalismo, al grado de que si se repartiera justamente, alcanzaría para que toda la población mundial tuviera un vida diga. Dicha riqueza es producto de siglos de explotación de trabajadores para la acumulación del capital, por lo que toda esa riqueza pertenece a millones de trabajadores que no tienen la posibilidad de disfrutarla, dado que es acaparada por el uno por ciento de la población mundial.

  1. Mito de la individualidad

El capitalismo presume que su sistema exalta la individualidad y promueve el desarrollo de cada persona, lo cual es una trampa dado que esto no se traduce en el libre desenvolvimiento del individuo, sino en su posibilidad de elegir entre una infinidad de productos de consumo, de modo que el individuo no se desarrolla porque termina subsumido a las modas de consumo, en la cual todos terminan comprando y deseando el mismo tipo de producto, como los celulares, dado que su personalidad se determina por la elección de compra. Además, el capitalismo educa a los individuos en el egoísmo, por lo que el desarrollo de la personalidad se ve seriamente atrofiada por el individualismo burgués.

En contraste, el libre desarrollo de la personalidad implica el acceso a una educación de calidad y a un empleo digno, que permitan el máximo desenvolvimiento de nuestras habilidades, así como de una forma de vida en colectividad, que rompa con la lógica individualista y nos aproxime a una sociedad donde los intereses de la clase trabajadora sean asumidos como los intereses de cada individuo.

  1. Mito de la productividad

El discurso de la clase capitalista hacia los trabajadores reside en que para salir de la pobreza deben aumentar la productividad, lo cual es sólo un engaño para explotarlos más por el mismo salario, dado que en el capitalismo no gana más quien trabaja más sino quien puede generar más capital.

En otras palabras, al capitalismo no le interesa que se realicen labores tan valiosas como la agricultura, la atención médica a todo el que la necesite, la educación o la construcción de viviendas, ya que quienes se dedican a esos rubros suelen estar mal pagados. Lo que le interesa al capitalista es la generación de capital, cuanto más ganancias le reporte el trabajador al empresario más posibilidades tiene de aumentar su salario, aunque esto no tenga relación con un beneficio social o incluso se le contraponga. Por ejemplo, un empleado del sector financiero que trabaje para una empresa con el objetivo de pagar menos impuestos, un organizador de conciertos en grandes auditorios, un publicista en medios de comunicación masiva y un narcotraficante: todos ellos realizan actividades que no son productivas en el sentido de generar riqueza y que incluso generan perjuicios a la población, pero son expertos en generar capital con la riqueza ya generada, por lo que la clase capitalista los premia con buenos ingresos.

  1. Mito de la propiedad

La propiedad puede ser de dos tipos: individual y privada. La propiedad individual es una posesión que se disfruta de modo personal, como puede ser ropa, un auto, una casa, una computadora, un cepillo de dientes. La propiedad privada, como su nombre lo dice, es aquélla que “priva” a otros de dicho bien, como puede ser una empresa o una patente.

Ahora bien, probablemente nadie estaría en contra de que todos poseamos propiedades individuales, ya que son necesarias para una vida digna, pero con la propiedad privada es diferente, ya que presupone cierto grado de desigualdad: que una minoría sea dueña de los medios de producción, distribución y financiación, mientras que otros, los desposeídos, se vean obligados a trabajar para dichos dueños.

El argumento que se usa comúnmente para justificar dicha desigualdad es que los poseedores son los emprendedores que por su esfuerzo e inteligencia lograron acumular riqueza y que los desposeídos son idiotas o flojos que no son capaces de planear su futuro, pero la historia del capitalismo muestra que esto no es así, ya que es una minoría excepcional la que con el sólo esfuerzo e inteligencia logra enriquecerse, la mayoría de las riquezas se heredan o se logran mediante el saqueo, el robo o la dominación, baste resaltar que las grandes potencias mundiales lograron acumular su riqueza a costa del saqueo y explotación colonialista en África, Latinoamérica y Asia durante cientos de años, esto es a lo que Marx llamó la acumulación originaria del capital.

En pocas palabras la propiedad privada es un mito porque sólo puede ser poseída por una minoría que vive del trabajo no retribuido de la clase trabajadora.

  1. Mito del emprendimiento

El sistema capitalista genera miseria en la clase trabajadora, dado que es la única forma en la que puede generar la mayor cantidad de capital posible. Para ocultar su responsabilidad, la burguesía creó el mito del emprendimiento, el cual consiste en hacer creer que cualquiera puede dejar de ser un asalariado para convertirse en un emprendedor, tan sólo con una gran idea y un poco de dinero.

La realidad es que estadísticamente la mayoría de las pequeñas empresas fracasan, dejando al supuesto emprendedor en mayor miseria, lo cual no es consecuencia de no haber sido lo suficientemente creativo, innovador o suertudo, sino del mismo sistema capitalista que genera ventajas competitivas a las grandes corporaciones, quienes suelen ejecutar prácticas monopólicas para aplastar a los pequeños comerciantes.

En pocas palabras, el mito del emprendimiento funciona para hacer recaer la responsabilidad de la miseria en la clase trabajadora, haciéndole creer que es pobre porque quiere, reduciendo los problemas económicos y de lucha de clases a una cuestión de mentalidad y optimismo.

  1. Mito del poder del consumidor

Para ocultar las relaciones de producción, en las que la clase trabajadora es brutalmente explotada y oprimida, la burguesía ha creado la figura del consumidor y la ha mitificado con un poder exagerado.

Si bien los consumidores han logrado combatir a las empresas con prácticas como el boicot, sus acciones se limitan a una resistencia ante el abuso de algunas empresas, sin poner en duda al sistema capitalista ni ejercer acciones que trasciendan.

Es decir, aun cuando los consumidores se organicen y atenten contra las ganancias de algunas empresas, el capitalismo siempre encontrará nuevos mercados y formas de reparar las pérdidas, dado que el núcleo del capitalismo no está en la oferta y la demanda, sino en la extracción de plusvalía a la clase trabajadora, de modo que los esfuerzos encaminados a dejar de consumir cierto producto, serían mejor utilizados en huelgas, paros y protestas de la clase trabajadora, con el objetivo de expropiar los medios de producción.

Ya que históricamente las acciones de los consumidores han logrado muy poco comparados con la protesta social, por lo que el poder del consumidor es más que nada un mito capitalista.

  1. Mito de la libertad

Dentro del capitalismo se pretende que toda persona tenga la posibilidad de enriquecerse. Esto no es posible, dado que no todos tienen las posibilidades materiales para hacerlo, pues dentro de la sociedad capitalista se requiere de una clase proletaria que, generando una mercancía excedente, haga posible el enriquecimiento de la burguesía, por tanto, estaríamos hablando de una libertad negativa, es decir, de un hueco imposible de llenar más que por una minoría. Peor aún, el interés por enriquecerse por encima de las necesidades obedece a una falta de libertad individual, en la cual se es esclavo de las ambiciones, en donde las propiedades terminan poseyendo a los propietarios. Asimismo, el trabajo mecanizado que impera en el proceso de producción y distribución: atenta contra el desarrollo de la creatividad humana, por lo que tales trabajadores padecen una enajenación que quebranta su libertad en sentido estricto, pues la creatividad es la mayor prueba de la libertad. Por todo ello, la supuesta libertad del liberalismo económico sufre de una falta de libertad positiva (propiamente humana) y de una esclavitud material.

Es decir, para la mayoría de la población mundial, que constituye la clase trabajadora, las jornadas de trabajo son tan extenuantes y el salario tan bajo, que la libertad es sólo una ilusión, dado que el poco tiempo libre que les quede y el poco dinero que poseen para su esparcimiento, determinan una vida esclavizante.

  1. Mito del Estado benefactor

El capitalismo no es capaz de brindar una vida digna a sus trabajadores, dado que esto disminuiría la generación de capital. Sin embargo, el auge del socialismo en el siglo XX provocó que la clase trabajadora en los países desarrollados se organizara y exigiera condiciones laborales dignas.

Ante el peligro de la expansión del socialismo, la clase burguesa decidió ceder a las demandas de la clase trabajadora de primer mundo y brindar servicios sociales gratuitos de la mejor calidad en educación, salud y jubilación, entre otros, como en el caso de los países nórdicos.

Esto podría hacernos creer que la solución para mejorar al capitalismo es la socialdemocracia, que mantiene la propiedad privada capitalista y retoma las medidas socialistas de seguridad social y prestaciones. Todo lo cual es un mito por varias razones:

  1. a) El Estado benefactor no puede extenderse por todo el mundo, dado que eso implicaría un gasto público en beneficio de los trabajadores y frenaría la acumulación del capital, por lo que la gran burguesía combate a los países subdesarrollados que tratan de implementarla (como Venezuela y Bolivia).
  2. b) El Estado benefactor suele ser hipócrita dado que brinda condiciones dignas en su país de origen, pero las mismas empresas suelen ser rapaces contra la clase trabajadora y el medio ambiente cuando se instalan en países subdesarrollados (como las mineras canadienses en México).
  3. c) El Estado benefactor garantiza las condiciones económicas dignas en la clase trabajadora, pero frena la organización social, por lo que los trabajadores suelen deshumanizarse y aislarse del entorno, sufriendo soledad, alcoholismo, suicidio y depresión (Palomo, 2017).

En pocas palabras, aun el capitalismo con rostro humano (el que le copia los servicios públicos de calidad al socialismo) no puede expandirse a todo el mundo, es hipócrita y deshumaniza a los trabajadores, por lo que el Estado benefactor es un mito más dentro del capitalismo.

  1. Mito de las clases sociales inmutables

Para justificar la perpetuidad de la clase capitalista, a menudo se apela a la existencia inevitable de ricos y pobres, argumentando que siempre han existido, ya sea por apelar a una mítica naturaleza humana o a un destino inevitable. Esto es rotundamente falso dado que la mayor parte de la existencia humana fue en el periodo salvaje, que duró más de 40mil años y en el que no existían clases sociales, dado que las condiciones históricas eran tan precarias que la colectividad subsumía al individuo, de modo que los recursos se repartían equitativamente entre toda la comunidad, pues de otro modo corrían el riesgo de morir de hambre.

No fue sino hasta el periodo civilizatorio, en su forma esclavista, cuando las clases sociales se consolidaron en amos y esclavos, transformándose en el feudalismo a señores y siervos, hasta llegar al capitalismo con burgueses y proletarios. Sin embargo, es justo ahora cuando las condiciones históricas de producción son tan vastas que permiten la expropiación de la propiedad privada y con ello la superación de la lucha de clases, por lo que la clase trabajadora puede tomar el poder y superar las clases sociales, de modo que la inmutabilidad de las clases sociales es sólo un mito.

  1. Mito del dinero

El dinero es una relación social, producto de la necesidad de intercambiar mercancías, las cuales son generadas por la fuerza de trabajo. En el capitalismo, el dinero suele ser idolatrado como una divinidad, ya que se le atribuye la omnipotencia de lograr  cualquier cosa con su poder.

La mayoría de las personas sueñan con tener mucho dinero de la nada, siendo que grandes cantidades de dinero contienen mucho trabajo no retribuido a la clase proletaria, es decir, para que se acumule el dinero se requiere que muchos trabajadores desgasten su vida por años para que un capitalista lo utilice para su propio beneficio.

El problema del culto al dinero es que su lógica superficial se ha trasladado a todos los ámbitos de la cultura, de modo que el amor se mide en regalos costosos, la educación en el pago de colegiaturas y la salud en el costo del medicamento, entre otros.

Hemos perdido la capacidad de apreciar los objetos, las personas, las experiencias y los recursos por sí mismos y terminamos midiendo su valor tan sólo por su aspecto económico, con lo que somos víctimas de la deshumanización capitalista y del mito del Dios-dinero.

  1. Mito de la legalidad

La clase capitalista fundó el Estado burgués para defender sus intereses, de modo que creo un sistema legal para respaldarlos. La burguesía se mantiene en la legalidad cuando así le conviene, pero puede utilizar la vía ilegal cuando sea necesario, de modo que la supuesta corrupción no es una anomalía del sistema, sino una herramienta más para la acumulación del capital y el sometimiento de la clase trabajadora.

Esto es favorable para el capitalismo porque logra que la pretensiosa solución de la injusticia y la desigualdad se reduzca a una cuestión de corrupción, dejando intactos al sistema y a la clase burguesa. Es decir, la corrupción jamás será erradicada dentro del capitalismo porque es inherente a la clase capitalista, que desde sus orígenes traicionó a la clase proletaria con la promesa de libertad, igualdad y propiedad que sólo cumplió para sí misma.

La ventaja del mito de la legalidad es que permite a la burguesía deslindarse como clase de la injusticia y la desigualdad, para hacerla recaer en responsables individuales, tales como empresarios, gobernantes y militares, pretendiendo que los males del capitalismo son ejecutados por personas deformadas y por la clase capitalista en su conjunto.

La muestra de que la corrupción es inherente al sistema capitalista, reside en la economía criminal, que con el narcotráfico, el comercio de armas y la trata de mujeres y niños: genera una gran tasa de ganancia para los mismos capitalistas que también tienen negocios en la economía legal, con grandes fundaciones para evadir impuestos y empresas socialmente responsables para limpiar su imagen.

Por otra parte, el Estado capitalista utiliza la legalidad para criminalizar la protesta social, creando o modificando leyes para ilegalizar las manifestaciones públicas y la libertad de expresión, logrando que los defensores de derechos humanos sean juzgados como delincuentes.

Asimismo, la mayor evidencia de corrupción es la tasa de plusvalía, con la que la clase capitalista se apropia del trabajo no retribuido del obrero, en la más absoluta legalidad, sin lo cual el capitalismo no existiría.

En pocas palabras, la legalidad es un mito en tanto que la burguesía oscila entre la legalidad y la ilegalidad según le reporte ganancias o mantenga su hegemonía política.

  1. Mito de la cientificidad

El capitalismo creó la ciencia moderna y le brindó un impulso exponencial, capaz de dar explicación al surgimiento del universo, de la vida y de la humanidad. Sin embargo, la lógica capitalista no está orientada a la generación de conocimiento, sino a la acumulación del capital, así que gradualmente el capitalismo se transformó en un freno para la ciencia, al grado de sólo financiar investigaciones directamente enfocadas en la ganancia económica.

Al mismo tiempo, la burguesía desarrolló la ciencia económica para explicar el funcionamiento del capital, pero su límite histórico de clase propició que deformara a la economía para sus intereses, reduciendo la ganancia a una relación entre la oferta y la demanda, mientras que se oculta el factor más importante de la producción: la ley de la plusvalía descubierta por Marx.

En otras palabras, la economía burguesa pretende explicar el desarrollo económico mediante una relación superficial entre compradores y vendedores, sin entender que el valor de una mercancía viene determinada por la cantidad de trabajo materializada, es decir, por más demandada que sea una mercancía, no puede venderse por debajo de su valor, dado que eso reportaría pérdidas.

El secreto de la ganancia de la burguesía no reside en comprar barato y vender caro, lo cual es tan sólo un mito, sino en la explotación laboral, que consiste en alargar la jornada de trabajo y reducir el salario a lo socialmente necesario, de modo que se extraiga la mayor cantidad de plusvalía posible.

En pocas palabras, la clase burguesa ha transformado a la economía en una pseudociencia, dado que es la única forma en la que puede mantenerla como una justificación de sus intereses.

 

  1. Mito de la única alternativa.

Finalmente, la burguesía ha hecho todo lo posible para mantener el mito de que el sistema capitalista es la única alternativa, dado que se dedicó a sabotear al socialismo durante todo el siglo XX y el XXI. Para ello ha recurrido a todas las herramientas posibles: bloqueo económico, fascismo, nazismo, Segunda Guerra Mundial, infiltración capitalista en la URSS desde Kruschev hasta Gorvachov, Guerra fría, satanización del comunismo y criminalización de los partidos comunistas.

Con ello ha logrado que el capitalismo sea entendido como el único sistema posible y que la clase trabajadora lo defienda ante cualquier intento de crítica, reduciendo los problemas históricos de desigualdad e injusticia a una cuestión de actitud individual.

La verdadera religión de nuestro tiempo es el capitalismo, con su culto al dinero y sus defensores enajenados dentro de la clase trabajadora, con al menos 18 mitos que nos envuelven en una fantasía exaltadora de la clase burguesa.

Nuestro deber como clase trabajadora es desmitificar la realidad mediante la lucha social, preparando el camino para la revolución socialista, hasta que cada cual trabaje según sus capacidades y reciba según sus necesidades, como dijera Marx.

Referencias

Marx, Karl. (2006) Manuscritos económico-filosóficos de 1844. Buenos Aires, Colihue.

Marx, Karl. (1980) El Capital. Crítica de la Economía Política. Madrid, Siglo XXI

Palomo, Verónica (2017) La perfección nórdica es mentira: soledad, alcohol y antidepresivos. En: https://elpais.com/elpais/2017/05/24/fotorrelato/1495615590_126816.html

 

LA IZQUIERDA Y LA DERECHA EN EL CAPITALISMO

LA IZQUIERDA Y LA DERECHA EN EL CAPITALISMO

izquierda derecha

MAURICIO DIMEO

Introducción

En este ensayo se explicará lo que son la derecha y la izquierda políticas en su contexto histórico, con el objetivo de mostrar cuáles son las principales ideologías en el capitalismo, las cuales responden a intereses de clase.

El origen de las dos grandes posiciones políticas (izquierda y derecha) viene de la revolución francesa, dado que en la asamblea nacional los partidarios de la creación de la República se apostaron a la izquierda y los monárquicos a la derecha.

  1. La derecha clásica o liberal.

La transición del feudalismo al capitalismo fue protagonizada por una naciente clase burguesa, la cual abanderó la ideología del liberalismo, que consiste en la libertad de comercio, de empresa y el derecho a la propiedad privada. Como tales derechos sólo pueden ser para beneficio de la clase capitalista, ésta se vio obligada a mostrar sus intereses como si fueran universales y así arrastrar al proletariado a su lucha histórica, pero una vez que la clase capitalista triunfó, frenó el entusiasmo con leyes positivas que sólo benefician a los poderosos. El hecho de que el liberalismo le dé la espalda a los desposeídos y responda a los intereses de los capitalistas, implica que sea considerada como una posición de derecha.

La derecha liberal sólo está interesada en la clase trabajadora para extraerle la mayor cantidad de riqueza en el trabajo no retribuido, por lo que en la época de la Revolución Industrial oprimió y explotó a los trabajadores en el grado máximo posible, manteniendo a sus familias en la más absoluta miseria, sin ningún tipo de derecho laboral o prestación. La misma clase proletaria que apoyó a la burguesía para derrocar al feudalismo, fue brutalmente traicionada en el desarrollo del capitalismo, dado que cuanta más riqueza producían más miserable era su vida.

La derecha liberal creó todo un aparato estatal que le favorece, con una democracia electoral que mantiene a la clase burguesa en el poder, un sistema de justicia que sólo funciona para quien puede pagarlo y un poder legislativo que genera leyes en favor del capital, mientras que el discurso que pretende justificar dicho sistema muestra una reivindicación de universalidad, basado en los ideales de libertad, igualdad y fraternidad (entre propietarios, claro está).

  1. La izquierda anarquista o utópica

Ante la miseria y la brutal opresión de la burguesía, surgieron las primeras huelgas de la clase proletaria, las cuales eran brutalmente reprimidas. Algunos intelectuales como Proudhon y Stirner fundaron la izquierda anarquista, la cual es izquierda en tanto ofrece una alternativa a las masas explotadas.

La idea básica del anarquismo es la oposición y la abolición del Estado entendido como monopolio de la fuerza, y por extensión también puede llamarse así al rechazo de todo gobierno político o de toda autoridad social impuestos sobre el individuo, por considerarlos innecesarios o nocivos. Su entusiasmo contribuyó a la formación de la primera organización internacional de trabajadores y al nacimiento de sindicatos, dado que los sueños de los anarquistas por una sociedad justa fueron un avance histórico fundamental para la lucha social, sin embargo sus concepciones eran insuficientes, dado que no comprendieron que el Estado puede usarse para beneficio de los trabajadores, de modo que proponían la formación de comunidades descentralizadas compuestas por pequeños propietarios, lo cual es un retroceso histórico que la burguesía ha impedido fácilmente en cada intento.

El declive del anarquismo como movimiento social internacional inicia en la década de 1910 hasta prácticamente extinguirse en la década de 1940, dado que nunca pudieron llevar a triunfo sus revoluciones y su teoría no soporta el juicio de la historia, ni rebasa el pensamiento burgués.

El anarquismo puede clasificarse dentro del socialismo utópico, junto con Fourier y Owen que pretendían forjar sociedades igualitarias sin comprender la lucha de clases y sin poseer un método objetivo para derrotar a la burguesía. La izquierda anarquista responde a los intereses de la pequeña burguesía, dado que favorece principalmente a los pequeños productores.

  1. la izquierda socialista o comunista

Junto a los anarquistas surgió la corriente de Marx y Engels llamada socialista científica, la cual identificó que la lucha de clases es el motor de la historia y que la clase trabajadora debe tomar el poder del Estado, para instaurar una dictadura del proletariado (socialismo) hasta que se logre aniquilar a la clase capitalista y así llegar a una sociedad sin clases y sin Estado (comunismo).

La izquierda socialista descubrió las leyes de la historia como la de plusvalía, la cual explica cómo la clase burguesa se queda con el trabajo no retribuido del obrero. Descubrió la importancia de la formación de partidos comunistas que conciencien al pueblo trabajador y lo orienten hacia la revolución socialista, la cual requiere tomar el poder por la razón de las armas dado que la burguesía no soltará el poder por las armas de la razón (Marx).

La izquierda socialista es la izquierda en sentido estricto, dado que es la única que ha logrado revoluciones exitosas, tales como la soviética, la china, la laosiana, la vietnamita, la cubana y la norcoreana, así como lograr que en el siglo XX la tercer parte de la población mundial viviera bajo un régimen socialista que abarcó casi todos los continentes. Esto conllevó por primera vez en la historia una sociedad con los derechos garantizados para la clase trabajadora, tales como la salud, la vivienda, la educación, el derecho al aborto, el trabajo digno y la alimentación, todo ello proporcionado por el Estado bajo control de los trabajadores.

Aun cuando la izquierda socialista tiene la claridad política, la experiencia exitosa y las herramientas para emancipar a la humanidad; en la actualidad se ha visto sumamente disminuida, al grado de sólo sobrevivir en Corea del norte, Cuba y una gama de organizaciones comunistas minoritarias en todo el mundo.

En adelante veremos por qué y cómo fue la debacle de la izquierda socialista desde el gran triunfo de la revolución soviética de 1917.

  1. la izquierda reformista o revisionista.

Mientras que la primera internacional de trabajadores fue disputada entre anarquistas y socialistas, la segunda internacional vivió una lucha entre marxistas y reformistas, los cuales son un intento de suavizar el socialismo científico, abogando por una transición al socialismo sin una revolución, sino con la vía democrática burguesa.

  1. a) La izquierda reformista se basa en Bernstein quien postula que el capitalismo puede evolucionar hacia el socialismo pacíficamente mediante el sindicalismo, sin necesidad de la lucha de clases como motor de la historia.

La izquierda reformista de Bernstein fue una posición hábilmente utilizada para frenar la efervescencia socialista en Europa de inicios del siglo XX, para frenar la lucha política de la clase trabajadora y redirigirla hacia una lucha meramente económica o sindicalista, respondiendo así a los intereses de la pequeña burguesía.

  1. b) La siguiente forma de revisionismo recayó en el trotskismo, el cual deriva de un sector de los mencheviques que querían el poder soviético para sí mismos y que al término de la revolución soviética traicionaron a la clase trabajadora en el poder. Desde entonces se han dedicado a descalificar toda revolución socialista ante su incapacidad de realizar revoluciones. Su práctica política es pequeño burguesa porque se reduce a colgarse de los movimientos sociales, así como introducirse en las organizaciones burguesas para tratar de reorientarlas a su visión, lo cual nunca les ha funcionado.

Los intereses de la izquierda revisionista trotskista responden a los de la pequeña burguesía que reduce la lucha de clases a “problemas de dirección” asumiendo a la clase trabajadora como una entidad pasiva que debe ser conducida (que no formada políticamente) hacia los intereses mezquinos del oportunismo.

  1. c) La siguiente forma de revisionismo recayó en Kruschev, quien dirigió la URSS a la muerte de Stalin. Kruschev y sus sucesores fueron mandatados por la burguesía internacional para derrocar al socialismo de la URSS, lográndolo hasta el mandato de Gorvachov.

Este revisionismo consistió en exagerar los logros de la URSS, asumiendo que ya se estaba entrando en la fase comunista, con lo cual se negaba la lucha de clases y se pactaba con la burguesía internacional. En el fondo este revisionismo fue el causante de la burocratización y posterior caída de la URSS, dado que consistió en una infiltración de la clase capitalista al interior del partido comunista de la URSS para destruirlo gradualmente, con ello la clase trabajadora sufrió una derrota histórica de la cual no se ha levantado.

  1. d) La siguiente forma de revisionismo se vivió en China a la muerte de Mao, donde nuevamente la clase capitalista se infiltró en el partido comunista chino para desmantelarlo por dentro. Desde entonces China viró hacia el capitalismo de Estado en el que se encuentra actualmente, disputándose la hegemonía mundial con Estados Unidos.
  2. e) Otra forma de revisionismo fue el eurocomunismo, que fue una política de infiltración hacia los partidos comunistas europeos, principalmente en Italia y Francia, con el objetivo de desmantelar la organización proletaria, afirmando que en Europa no era posible una revolución socialista, por lo que había que pasar al socialismo por la vía democrática burguesa, acercándose mucho a la posición de Bernstein.

En pocas palabras el revisionismo o reformismo de izquierda es una herramienta de la burguesía para derrotar al socialismo sin una confrontación directa, sino mediante infiltraciones políticas y negando la importancia de la lucha de clases para la emancipación de la clase trabajadora, tomando posturas pequeñoburguesas y de conciliación con la clase capitalista.

 

 

  1. la derecha fascista o nazi

La derecha liberal triunfó sobre la aristocracia y extendió el capitalismo a todo el mundo, para ello engañó al pueblo con valores presuntamente universales como igualdad, libertad y fraternidad, los cuales nunca fueron disfrutados por el naciente proletariado, quien fue sometido a la más absoluta miseria. Los primeros brotes de protesta obrera fueron brutalmente reprimidos por una burguesía confiada en su dominación mundial. Pero tal burguesía cayó en un exceso de confianza, dado que poseía poca fuerza en la Rusia zarista y tuvo su primera derrota en la revolución soviética, la cual no sólo instauró el primer Estado socialista, sino que propagó la esperanza en una sociedad justa cuando menos en Europa. La clase burguesa europea se dio cuenta muy tarde y no logró revertir dicha revolución, así como tampoco pudo impedir que se formaran fuertes sindicatos y partidos socialistas en toda Europa.

La derecha liberal sufrió una derrota definitiva, dado que los conflictos interburgueses que desataron la primera guerra mundial, prepararon las condiciones para que el proletariado soviético encontrara una coyuntura inigualable para tomar el poder.

La clase capitalista europea temía que la previsión de Marx fuera a realizarse, que el fantasma que recorre Europa se encarnara y culminara en la revolución socialista mundial. De modo que las condiciones históricas impulsaron a la clase capitalista al último recurso que fue mostrar su verdadero rostro, ya no el democrático del liberalismo, sino el dictatorial del fascismo, el cual es una ideología, un movimiento político y un tipo de Estado de carácter totalitario y antidemocrático.

El primer objetivo del fascismo fue aniquilar a los partidos comunistas, pero no de modo frontal puesto que eso avivaría más la llama del levantamiento popular, sino que se infiltró para revertirlos desde dentro. Eso hizo Mussolini con su bien conocido pasado socialista, así también hizo Hitler al apropiarse del concepto de socialismo para el partido de los trabajadores alemanes nacionales socialistas (Nazi). Es decir, se apropiaron de un discurso y una práctica que brindaba a los trabajadores el control del Estado, para imponer una práctica dictatorial que pone al Estado (capitalista) como el controlador totalitario de los trabajadores y pequeños burgueses, en manos de la gran burguesía.

El segundo objetivo del fascismo fue derrotar a la URSS para recuperar la hegemonía mundial capitalista, lo cual intentaron con la Segunda Guerra Mundial, pero el ejército rojo logró resistir gracias a la valentía y entrega de la clase trabajadora en la Gran Guerra Patria, derrotando al fascismo y extendiendo el socialismo a la mitad de Europa.

Por otra parte, mientras la derecha liberal reprimía descaradamente las huelgas, los sindicatos y los levantamientos populares, la derecha fascista inventó formas de represión más efectivas en el terrorismo de Estado. El fascismo somete al pueblo mediante la amenaza de desaparición forzada, la cual es una desaparición que comete el Estado, pero que no admite que cometió, de modo que los familiares no tienen ninguna certeza de dónde está el desaparecido o quiénes son los perpetradores. También aplicó sistemáticamente el paramilitarismo, el cual consiste en financiar, entrenar y mandatar a particulares para que repriman al pueblo organizado sin una orden oficial, con lo que no es posible acusar directamente al Estado. Asimismo, el fascismo inventó el concepto de enemigo interno, que consiste en criminalizar al pueblo organizado como política contrainsurgente, de modo que cualquiera que exija sus derechos sea visto como un delincuente.

De este modo, los fascistas implementaron una serie de medidas que sirven para reprimir brutalmente a la clase trabajadora hasta el grado de aterrorizarlos, mientras que utiliza mecanismos que disminuyen al mínimo el costo político, dado que se deslindan de toda responsabilidad con al menos tres tácticas: desaparición forzada, paramilitarismo y la ficción de un enemigo interno, que puede ser judío, comunista, musulmán, migrante o anarquista, entre otros.

En pocas palabras, la derecha fascista surgió como medida para contraatacar al movimiento socialista internacional, mostrando la verdadera cara del capitalismo: antidemocrático, clasista, racista, dictatorial, terrorista y bélico.

  1. la izquierda socialdemócrata o benefactora o socialismo del siglo XXI.

Al terminar la Segunda Guerra Mundial, el mundo se dividió en dos bloques que dieron inicio a la guerra fría. La URSS ganó la guerra y se extendió por el este de Europa, mientras que China se sumaba como revolución triunfante, así que la clase capitalista mundial ideó varias estrategias para contrarrestar tal correlación de fuerzas. Una medida fue la revisionista, la cual se infiltró en la URSS desde Krushev como ya vimos. Otra medida fue el bloqueo económico a todo país socialista. Otra medida fue la creación de los organismos no gubernamentales (ONG) para cuestionar la supuesta falta de derechos humanos en los países socialistas. Otra medida fue satanizar a los países socialistas como dictaduras totalitarias semejantes a los regímenes fascistas y gran parte de la izquierda lo sigue creyendo. Por último, ante la lucha incansable de la clase obrera nórdica (Finlandia, Suecia, Noruega, Alemania, Austria, Dinamarca), el capitalismo se vio obligado a crear el Estado benefactor, con lo que surgió la izquierda socialdemócrata, es decir, una izquierda que no renuncia al capitalismo, pero que recupera la medida socialista de garantizar los derechos sociales a la población.

Esta postura es la heredera de la izquierda reformista, con la diferencia de que la reformista busca llegar al socialismo mediante la democracia y la socialdemocracia abandona la idea del socialismo, buscando integrar los derechos sociales en un Estado capitalista benefactor. La socialdemocracia defiende  el sistema de economía social de mercado, sostiene que la autoridad pública debe intervenir para restablecer el equilibrio y la libertad económica.

La izquierda socialdemócrata posee varias deficiencias, por un lado no refleja los intereses de la clase trabajadora, dado que mantiene la desigualdad de clase, sino que representa a la pequeña burguesía que sólo busca un capitalismo con rostro humano para su propio beneficio. Además, constituye un freno a la lucha proletaria, dado que limita el avance del proletariado a objetivos meramente económicos como acceso a un salario digno, dejando intacta a la clase capitalista en su posesión de los medios de producción. Por otra parte, al cimentarse en la economía capitalista, suele explotar los recursos naturales y explotar trabajadores de países subdesarrollados, como hace Canadá con las mineras en México. Finalmente, la izquierda socialdemócrata sueña con extenderse a todo el mundo, pero en cuanto se trata de implementar fuera del primer mundo, es fuertemente castigado por el imperialismo, tal como pasa en Venezuela y los países del ALBA (Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América).

En pocas palabras, la socialdemocracia es la única posición que es capitalista y de izquierda, lo cual no satisface a la clase capitalista que busca la explotación laboral a toda costa, pero tampoco satisface a la clase obrera porque impide su lucha por el poder político. De modo que sólo favorece a la pequeña burguesía, que por su carácter transitorio oscila entre aspirar a ser gran burguesía y caer en la gran masa proletaria.

  1. la derecha neoliberal o libertaria

La clase capitalista aprendió de sus errores, tanto de la derrota que le propinó el proletariado soviético en 1917, como de la siguiente derrota en la Segunda Guerra Mundial por el mismo proletariado. Entendió que el liberalismo clásico no era suficiente para someter a los trabajadores y que el fascismo le representaba un alto costo político.

El primer objetivo de la estrategia capitalista era desmantelar a la URSS, ya que el referente de vida digna y derechos sociales para el proletariado mundial era el socialismo real. Una o dos décadas antes de derrocar a la URSS, el capitalismo inició su política neoliberal, que consistió en desmantelar los derechos sociales ganados por el proletariado, es decir, lo que definió el inicio del neoliberalismo fue la privatización gradual de las empresas públicas, puesto que en sentido estricto el Estado benefactor no genera ganancias al capital, por lo que es contrario a su proceso de acumulación.

En tal sentido, en cuanto se derrotó a la URSS se aplicó la disminución del salario y prestaciones sociales a nivel mundial, tanto en superpotencias como Estados Unidos, así como en países subdesarrollados como México, difundiendo ante la opinión pública que el socialismo había fracasado por sí mismo y que la única opción era el capitalismo. En realidad, el capitalismo se infiltró en la URSS para desmantelarla por dentro y el capitalismo no sólo no es la única opción sino la más rapaz hacia los trabajadores y el medio ambiente.

El objetivo principal del neoliberalismo es recuperar la máxima tasa de plusvalía posible, la cual consiste en precarizar a la clase trabajadora al grado máximo, es decir, eliminar todas las prestaciones sociales como servicios médicos, jubilación, vacaciones, días de descanso y jornadas máximas al día. De modo que restituya las condiciones que disfrutó en la época de la Revolución Industrial, donde el proletariado vivía en la más absoluta miseria y no disfrutaba de ningún derecho.

Por otra parte, el neoliberalismo retomó lo más destacado del fascismo, para contener la protesta social y toda forma de organización popular. En tal sentido, los Estados neoliberales implementan una política de terrorismo de Estado, el cual consiste en acciones como la ejecución extrajudicial, la desaparición forzada y la detención arbitraria, con el objetivo de atemorizar a la población y desmovilizarla. Esta política se perfecciona con la herramienta del paramilitarismo, que consiste en contratar, capacitar, armar y encubrir a particulares para que ejecuten las acciones represivas, sin que el Estado pueda identificarse como el responsable, sino que se genera un supuesto enemigo interno llamado narcotráfico, para justificar la militarización de las calles, siendo que el narcotráfico es un negocio capitalista protegido por el mismo Estado.

En tal sentido, el neoliberalismo requiere de un Estado fuerte como el del fascismo, para controlar al pueblo trabajador y favorecer a los capitalistas, que implemente una imagen pública de progreso en lo económico y en derechos humanos, mientras que en los hechos mantiene una política sistemática de violación a derechos humanos y de precariedad laboral.

En pocas palabras, la derecha neoliberal es la posición política más acabada de la clase capitalista, que recupera lo mejor del liberalismo clásico para la explotación de la clase trabajadora y recupera lo mejor del fascismo, para contener y reprimir toda forma de protesta y organización popular, y es la única derecha que sobrevive actualmente.

  1. La izquierda autonomista o comunitaria o decolonial.

Ante la derrota de la URSS y el dogmatismo de ciertos partidos comunistas en el mundo, surgió una posición de izquierda que retoma aspectos del marxismo y del anarquismo, pero suprimiendo un factor tan importante como lo es la toma del poder del Estado. Los teóricos de la izquierda autonomista son Antonio Negri y John Holloway, quienes sostienen la idea de que se pude cambiar el mundo sin tomar el poder, perdiendo de antemano toda posibilidad histórica de triunfo para la clase trabajadora.

En otras palabras, mientras la derecha aprendió de sus errores y se perfeccionó con la posición neoliberal, la izquierda se tragó el cuento del supuesto régimen de terror soviético y del fracaso del socialismo, con lo que se refugió en el autonomismo, el cual pierde de vista al proletariado como sujeto histórico y la conquista del poder del Estado como meta fundamental para la superación de la lucha de clases, para refugiarse en comunidades autónomas que son brutalmente reprimidas por la fuerza del Estado capitalista.

Los autonomistas italianos, los piqueteros argentinos y los neozapatistas  mexicanos, son buenos ejemplos de izquierda autonomista, así como los colectivos estudiantiles okupas.

La izquierda autonomista refleja los intereses de la pequeña burguesía, dado que diluye al proletariado en sectores que si bien son oprimidos por el capitalismo, no tienen la capacidad histórica de derrotarlo, tales como los pueblos indígenas, los migrantes, la comunidad de la diversidad sexual, los estudiantes y los campesinos.

La prueba de que todos esos sectores dependen del proletariado como sujeto histórico para su emancipación, reside en la revolución soviética, que solucionó gran parte de los problemas de racismo, sexismo y todo tipo de discriminación en la URSS, lo que fue perdiéndose con la posterior infiltración del capitalismo.

Otro retroceso que implica el autonomismo lo constituye la desconfianza del partido como una herramienta de organización, anteponiéndole la comunidad horizontal, la cual en el fondo es una utopía que termina por ser manipulada por intereses particulares. Además la izquierda autonomista renunció a luchar frontalmente contra el capitalismo, por lo que optó por resignarse a la resistencia.

En pocas palabras,  la izquierda a nivel mundial sufrió un retroceso con el autonomismo, dado que abandonó el objetivo fundamental de la toma de poder del Estado, renunció a la estructura organizativa del partido, perdió de vista a la clase trabajadora como el sujeto histórico de transformación y negó la memoria histórica de las revoluciones socialistas triunfantes, que son ejemplo de cómo derrotar a la derecha capitalista.

Conclusión

Hemos visto que existen diversos tipos de derecha y de izquierda, ya que cada cual intenta responder a las necesidades de su contexto histórico dentro del capitalismo y obedece a los intereses de una clase social como son la burguesía, la pequeña burguesía y el proletariado.

También vimos que mientras la derecha se perfecciona hasta la forma más acabada del neoliberalismo, la izquierda retrocede a posiciones que la alejan de los objetivos históricos de la clase trabajadora, negando los triunfos del pasado y refugiándose en problemas secundarios como la migración y la discriminación indígena.

Además, la derecha se ha perfeccionado a tal grado que no parece existir, dado que utiliza eufemismos como “centrismo político” y “ni de izquierda ni de derecha”. Logrando ejercer su dominio con un discurso de progreso social.

Nuestro deber histórico como clase trabajadora, es recuperar la posición de la izquierda socialista y utilizar la teoría y práctica del marxismo-leninismo para lograr la revolución socialista.

 

Referencias.

Comité Cerezo (2015) Estado terrorista. En: https://www.comitecerezo.org/spip.php?article2177

CIUDADANO 014-Q (2010) ¿Qué es la derecha y la izquierda política? En: http://www.lasangredelleonverde.com/ique-es-la-derecha-y-la-izquierda-politica/

Martens, Ludo (2003) Otra mirada sobre Stalin. Ediciones EPO, Bélgica.

Martens, Ludo (1992) El trotskismo al servicio de la CIA contra los países socialistas. En: http://socialismo-solucion.blogspot.com/2012/03/el-trotskismo-al-servicio-de-la-cia.html

Partido Comunista (Bolchevique) de la Unión Soviética (1939) Historia del partido comunista (bolchevique) de la URSS. En: https://www.marxists.org/espanol/te…

Rodríguez Kauth, Angel (sin año) Izquierda y derecha en política. En: http://www.uca.edu.sv/publica/realidad/r82izqui.htm

 

Lo que no es la democracia

Mauricio Dimeo

perro democracia

INTRODUCCIÓN

En este ensayo se analizarán los principales prejuicios sobre la democracia, para clarificar cómo se ha presentado a lo largo de la historia y qué papel juega en la sociedad actual.

  1. La democracia no es producto de la civilización

Se suele creer que en la prehistoria predominaba la ley del más fuerte, dado que el nivel de desarrollo social era escaso. Sin embargo, las pocas posibilidades de supervivencia ante un mundo hostil a las comunidades primitivas, propiciaron que los individuos se subsumieran a la voluntad de la colectividad, en razón de que la única sobrevivencia posible era la del grupo.

Esto supone la primera forma de democracia, la cual era directa, espontánea y en detrimento del desarrollo individual, dado que se exaltaba todo aquello que beneficiara a la colectividad pasando por encima del individuo. Todo lo cual responde a las condiciones históricas, las cuales determinaron una política colectivista.

Posteriormente, en la primera etapa de la barbarie, surgió el sedentarismo en razón de que las mujeres descubrieron que las semillas guardadas bajo la tierra germinaban, creando así la agricultura. Esto les dio una supremacía económica y política, de modo que se generó un periodo breve de matriarcado, donde las mujeres decidían el rumbo de la sociedad, estableciendo un poder femenil colectivo, sin que ello implicara una opresión hacia los hombres.

Posteriormente, en la cumbre de la barbarie, el desarrollo de la ganadería y de los pueblos guerreros, propició que los hombres tomaran el poder y establecieran tribus patriarcales, donde la situación de las mujeres pasó a un papel de subordinación y donde surgió una casta dominante, basada en lazos sanguíneos y que tomaría las decisiones buscando el apoyo y la aprobación de toda la población.

Dicha casta se transformó en la clase esclavista con el surgimiento de la civilización, estableciéndose como la primera clase dominante mediante la imposición de los reyes o emperadores.

En pocas palabras, la democracia surgió de manera espontánea en la prehistoria, sufrió algunas restricciones en la barbarie tanto por un breve matriarcado como por el surgimiento de una casta dominante.

  1. La democracia no existió en la Grecia Antigua

En el periodo esclavista de la humanidad predominó la forma de gobierno autoritaria mediante reyes o emperadores, una variación la constituye la Antigua Grecia, en donde la clase dominante estableció una muy restringida democracia, compuesta por el 10% de la población, los cuales eran varones adultos que fueran ciudadanos y atenienses, lo que excluía a la mayoría de las personas que eran trabajadores, mujeres, esclavos y extranjeros. Dicha democracia no perduró, dado que las condiciones históricas del esclavismo exigían sistemas políticos autoritarios.

Dentro del periodo esclavista, donde la democracia parecía totalmente aniquilada, surgió el cristianismo primitivo, el cual luchó enérgicamente contra el imperio romano e instauró una forma de convivencia democrática, mediante asambleas en las que hombres y mujeres participaban por igual, de modo que los profetas no tomaban las decisiones, sino que la asamblea (ecclesía) decidía colectivamente. Con la llegada del emperador Constantino, el cristianismo se convirtió en la religión oficial, convirtiendo las iglesias en instituciones autoritarias.

Es decir, en el periodo antiguo hubo una democracia oligárquica en Grecia y una democracia efímera con igualdad de género entre las comunidades cristianas primitivas.

 

  1. La democracia no estuvo ausente en la Edad Media

Durante la Edad Media la organización política se basó en una compleja jerarquización basada en el poder de la Iglesia, el dominio de los reyes y el dominio de los señores feudales, de modo que se dificultó enormemente la existencia de la democracia.

Sin embargo, existió un grupo de mujeres llamadas las beguinas, las cuales estaban a disgusto con la imposición patriarcal y corrupta de la iglesia, así que formaron comunidades donde elegían a sus lideresas democráticamente, se encargaban de la defensa de los desamparados y del cuidado de enfermos, ancianos, niños, enfermos de lepra y a la enseñanza de niñas sin recursos, y se financiaban haciendo trabajos textiles. Al principio la iglesia fue indiferente, pero al ver que las beguinas crecían en poder y prestigio, las persiguió como herejes hasta casi exterminarlas, en el periodo de la gran caza de brujas del Renacimiento.

  1. La democracia no es posible en el capitalismo

El sistema feudal favorecía a la clase dominante, la cual simplemente buscaba acumular riqueza y sostener su nivel socioeconómico. Por lo contrario, la naciente clase burguesa requería de libre comercio y se veía severamente frenada por las restricciones del feudalismo y como no existía un sistema democrático con el que pudiera hacer oír su voz, se vio obligada a realizar varias revoluciones violentas para establecerse como clase dominante, las cuales fueron la revolución de las 13 colonias, la inglesa y la francesa, entre otras.

Dentro de dichas revoluciones, la clase burguesa se autonombró la abanderada de los intereses universales, como la libertad (de comercio), la igualdad ante la ley (si se tienen propiedades) y la fraternidad (entre los hombres propietarios).

Los sistemas de gobierno basados en monarquías que fueron funcionales en las épocas anteriores no eran adecuados para la hegemonía de la clase burguesa, por lo que fueron reemplazados gradualmente por democracias burguesas. La clase capitalista optó por la figura de la democracia para engañar a los trabajadores, haciéndoles creer que si luchaban contra la clase feudal ganarían los mismos derechos que la burguesía y por supuesto su libertad. En los hechos sólo obtuvieron derechos formales que no pueden ser satisfechos sin dinero, de modo que se vieron obligados a vender su fuerza de trabajo para sobrevivir.

En otras palabras, la dictadura de los amos en la época esclavista fue reemplazada por la dictadura de los señores feudales en la Edad Media y ésta fue sustituida por la dictadura de la burguesía con una apariencia formal de democracia.

La democracia capitalista es formal y no real por las siguientes razones:

  1. a) Toda la ciudadanía puede votar (las mujeres hasta hace algunas décadas), pero el Estado no se hace responsable de formar política y culturalmente a la población para dicho ejercicio. De modo que son fácilmente manipulados para que apoyen y aprueben a los representantes de la burguesía, sin ser conscientes de sus intereses como proletariado.
  2. b) La pluralidad de partidos es engañosa, dado que sólo tienen registro los que obedecen a los intereses de la clase capitalista. Ningún partido responde a los intereses de los trabajadores, ya que de ser así pondrían en riesgo al sistema capitalista, de modo que les es negado el registro, se les corrompe para que responda a la burguesía o se le extermina con golpes de estado cuando llegan al poder o la persecución de sus integrantes.
  3. c) Las elecciones son un producto más de consumo. El sistema electoral está diseñado para que sólo puedan acceder a puestos de elección quien invierta mucho dinero para las campañas, por lo que los partidos y candidatos se ven obligados a comprometerse con las empresas y una vez que llegan al poder deben responder a intereses particulares, de modo que la democracia se convierte en un mercado más.
  4. d) La democracia se reduce al voto. Muy pocos derechos se han ganado con el voto, la historia nos dice que la mayoría de los derechos han sido ganados mediante la protesta social, dado que el voto es un ejercicio pasivo de elegir entre varios candidatos y partidos cada cierto tiempo, mientras que la protesta social implica la participación activa de la población para exigir derechos a los gobernantes y manifestar el descontento social. Paradójicamente, en las democracias formales se concibe a la protesta social como un acto vandálico y violento, aun cuando la misma ONU reconoce el ejercicio de la protesta social como uno de los pilares de la democracia. La ONU, en La declaración de los Defensores y las Defensoras de los Derechos Humanos (Art. 5) afirma que “A fin de promover y proteger los derechos humanos y las libertades fundamentales, toda persona tiene derecho, individual o colectivamente, en el plano nacional e internacional: […] a) A reunirse o manifestarse pacíficamente”.

En pocas palabras, la democracia capitalista es sólo una fachada para cubrir a la dictadura de la burguesía, la cual utiliza dicha formalidad para mantener a los trabajadores engañados y que el costo político de su dominio sea menor, es decir, es más sencillo hacerle creer a  los trabajadores que los gobernantes los representan dado que votaron por ellos, que decirles abiertamente que la clase burguesa diseñó al Estado capitalista para proteger sus intereses y para explotar y oprimir a la clase trabajadora.

  1. La democracia no es posible sin una dictadura transitoria.

Cuando la clase trabajadora toma consciencia de sus intereses tales como el derecho a la educación, a la vivienda, al trabajo digno, a la salud y a la alimentación y se organiza para exigir lo que le corresponde, se topa con varios impedimentos dentro de la democracia burguesa.

  1. a) Sus exigencias son escuchadas, pero son deliberadamente ignoradas porque perjudican los intereses de la burguesía en el poder.
  2. b) Sus exigencias no son escuchadas, sino que se criminaliza la forma en la que exigen sus derechos, tachándolos de delincuentes, por lo que se inhibe cualquier forma de hacer peticiones a la autoridad.
  3. c) Sus exigencias no sólo no son escuchadas y criminalizada su forma de protesta, sino que los manifestantes son detenidos arbitrariamente, ejecutados extrajudicialmente o desaparecidos forzadamente, con lo que se evidencia que la dictadura de la burguesía utiliza el terrorismo de Estado cuando se atenta contra sus intereses.
  4. d) Sus exigencias son negociadas de modo que un grupo selecto (como un sindicato corrupto) acapara los derechos y los reparte de modo discriminado como privilegios para los que se someten al poder en turno.

Por ende, en el sistema capitalista están bloqueadas las vías para que la clase trabajadora pida sus derechos utilizando las vías democráticas y pacíficas. La historia nos ha demostrado que todos los movimientos pacíficos se vieron obligados a utilizar las armas para conquistar los derechos del pueblo trabajador, tal es el caso de la revolución soviética, china, laosiana, vietnamita, cubana y norcoreana. En estos casos se logró cumplir la voluntad de la mayoría mediante las armas, lo cual es en cierto sentido un ejercicio democrático.

Es decir, las revoluciones socialistas le quitaron el poder al 10% de la población que constituye la dictadura burguesa, la cual pregonaba una democracia formal que sólo beneficiaba a esa minoría, mediante las revoluciones socialistas se le otorgó la voz y el voto al 90% de la población que constituye la clase trabajadora. Esto es lo que se denomina dictadura del proletariado, dado que es una imposición al 10% de la población que es la clase burguesa.

Esta dictadura del proletariado es nueve veces más democrática que la supuesta democracia burguesa, ya que responde al 90% de la población y no sólo al 10% burgués, la dictadura del proletariado es necesaria dado que la burguesía no soltará el poder pacíficamente, pero esta dictadura es transitoria, dado que dejará de ser necesaria cuando se haya aniquilado a la clase capitalista en todo el mundo, lo que corresponde a la etapa del comunismo.

  1. La democracia no es posible sin colectividad

Uno de los principales prejuicios para el ejercicio de la democracia es que la clase trabajadora es ignorante y torpe, por lo que no tendría la capacidad de gobernar ni participar democráticamente, de modo que una élite debe representarla y tomar decisiones en su beneficio. Sin embargo esto no es más que una postura clasista que subestima la capacidad del pueblo organizado para tomar las riendas de toda la sociedad.

La capacidad del pueblo para gobernar ha sido ampliamente demostrada desde la Comuna de París, pasando por la Comuna de Morelos y las revoluciones socialistas, en todas ellas se vivió un proceso de educación popular en donde la vanguardia del proletariado formó políticamente a la gran masa de trabajadores, logrando así la educación de la personalidad que se requiere para pensar en colectividad.

Es decir, para que exista una verdadera democracia la clase trabajadora debe tomar conciencia de clase, cambiando la mentalidad individualista que nos mantiene en la lógica capitalista, hacia una personalidad que se oriente al bien de la colectividad. La democracia no significa lo que opine la mayoría, muchas veces la mayoría puede estar motivada por intereses individualistas como el racismo y la misoginia. La democracia significa que los intereses de la colectividad sean los intereses individuales, que nuestras aspiraciones y sueños no sean individualistas, sino que impliquen el beneficio social. A su vez, la colectividad no significa el aplastamiento de la individualidad, sino el desarrollo de la personalidad individual, como planteaba el gran educador popular de la Unión Soviética: Makarenko.

La democracia socialista disfruta de las siguientes características (Fekerfanta, 2014):

  1. a) Unipartidismo o pluripartidismo restringido. En las democracias socialistas suele haber un solo partido, que es el partido comunista o bien varios partidos mientras no obedezcan a intereses ajenos al socialismo. Esto es parte de la dictadura del proletariado, dado que ha quedado claro que no se necesitan más partidos que los que obedezcan a los intereses del proletariado, de modo que la admisión de partidos con intereses capitalistas conllevaría un riesgo para la democracia que sí obedece a los intereses del pueblo trabajador y les brinda sus derechos.
  2. b) Elecciones directas sólo para la asamblea. El sistema electoral del socialismo es un proceso de cercanía, dado que quienes quieren formar parte de la asamblea legislativa tienen que conseguir la aprobación de su comunidad previo al proceso de elección, de modo que cuando se hace la votación simplemente es para confirmar al vecino que consiguió más aprobación previa a la elección. El hecho de que sólo se vote al diputado local implica que se conoce en persona al gobernante y esto hace de la democracia socialista un proceso humanizado y no un evento publicitario como en el capitalismo.

Una vez elegidos a todos los integrantes de la asamblea de modo local, éstos eligen entre sí al presidente, de modo que la elección del poder ejecutivo es indirecta para el pueblo. Esto podría tomarse como un proceso autoritario, pero no debe olvidarse que el presidente que sea elegido en la asamblea ya fue elegido por el pueblo en el distrito o comunidad donde le corresponde. Además, el capitalismo se desgarra las vestiduras porque el poder ejecutivo no es elegido directamente, cuando en la democracia capitalista el poder judicial tampoco suele serlo.

  1. c) La revocabilidad permanente. Debido a que en el socialismo el pueblo participa activamente en la política, está atento a las decisiones de los gobernantes, de modo que tiene la posibilidad de revocar en cualquier momento a quienes no cumplan su trabajo, que es responder a los intereses del proletariado.
  2. d) Salario de los gobernantes iguales o menores que los del pueblo trabajador. En el socialismo la diferencia en salarios se mide primordialmente por el riesgo de trabajo, de modo que los trabajos de alto riesgo son los mejores pagados y con la jubilación más temprana. Los altos funcionarios reciben un salario similar al de cualquier obrero y los diputados conservan el empleo que tenían antes de ser electos, de modo que suelen ocupar su puesto político sin salario extra. Esto conlleva que la carrera política sea efectivamente por una convicción de servir al pueblo y no una ambición económica y política individualistas.
  3. e) votación del 99%. Mientras que en el capitalismo la mayoría de la gente no vota o vota por el menos peor, en los sistemas socialistas vota casi la totalidad de la ciudadanía y lo hace por convicción propia, dado que mediante la educación popular el pueblo se hace consciente de la importancia de votar y de vigilar a sus gobernantes en función de los intereses de la colectividad. Quienes se pierden la votación es porque tuvieron un problema grave como una enfermedad o una emergencia.
  4. f) Gobernantes que responden a los intereses del pueblo trabajador. Quienes son elegidos a puestos de gobierno sienten una gran responsabilidad con su pueblo, de modo que están respondiendo permanentemente con hechos como la construcción y entrega de casas gratuitas a la población, construcción y mantenimiento de hospitales, escuelas, centros recreativos, guarderías y parques, entre otros. Además, a veces tienen que invertir en industria militar como lo hace Corea del Norte para poder protegerse de la amenaza del capitalismo, o tienen que hacer grandes esfuerzos para compensar el bloqueo económico al que los somete el imperialismo, como en Cuba.

En pocas palabras, la democracia es una realidad en el socialismo, donde los medios de producción son propiedad del Estado, el cual responde a los intereses del pueblo trabajador, toda la población disfruta de una vida digna y la educación popular les ha permitido participar eficazmente en procesos electorales. Sin embargo la amenaza del capitalismo es un peligro para la supervivencia del socialismo y la gran campaña de desprestigio que se vierte sobre los medios de comunicación masiva nos hace creer que los países socialistas son terribles dictaduras, porque la burguesía considera que el pueblo trabajador es incapaz de gobernar, por eso asume que todos los líderes socialistas son autoritarios, pero si se revisan las elecciones, en todos los casos los dirigentes supremos son elegidos mediante la asamblea y son queridos por el pueblo por las grandes obras públicas que realizan.

Ese es el caso de Lenin, Kollontai, Stalin, Fidel Castro, “Ché” Guevara, Mao Tse Tung, Kim Il-sung y muchos otros que predicaron la educación popular con el ejemplo y condujeron a sus pueblos a revoluciones socialistas triunfantes, de las cuales sólo sobreviven Cuba y Corea del Norte al asedio capitalista.

  1. La democracia no es posible en el patriarcado.

Veamos brevemente la participación democrática de las mujeres en la historia. En el salvajismo hombres y mujeres fueron subsumidos a los intereses de la colectividad, en la barbarie inferior las mujeres tomaban las decisiones de manera colectiva y en la barbarie superior comenzó el sometimiento del patriarcado. En la época esclavista las mujeres fueron completamente sometidas y sólo disfrutaron de la democracia en el cristianismo primitivo. En el feudalismo las mujeres no participaron de ninguna experiencia democrática, salvo las beguinas que formaron colectividades democráticas marginales.

En el capitalismo, las mujeres no obtuvieron el derecho al voto a la par de los hombres y tuvieron que luchar arduamente para conseguirlo, comenzando con la Declaración de los derechos de la mujer y la ciudadana, de Olympe de Gouges, quien murió guillotinada en la época de la Revolución Francesa, por atreverse a exigir derechos para las mujeres.

Fue hasta el siglo XX, como producto de innumerables manifestaciones, que las mujeres lograron el derecho al voto en la mayoría de los países capitalistas, lo cual no es suficiente dado que esto no significa que ocupen tantos puestos de poder como los hombres, tampoco significa que su voz sea reconocida a la par que los hombres, pero lo más importante es que esto no significa que gobiernen para garantizar los derechos de las mujeres. Es decir, las mujeres estarán realmente representadas en una democracia cuando las gobernantes (e incluso los gobernantes) respondan a sus intereses: como legislar en favor del aborto, del divorcio, del acceso a una vida libre de violencia, de la pensión por maternidad, de días de descanso en periodos menstruales, de guarderías gratuitas y de calidad, de salario igual por trabajo igual que los hombres y de un servicio de trabajo doméstico a domicilio, tal como proponía Kollontai (1976).

Por lo contrario, en la mayoría de los países capitalistas, las mujeres que llegan al poder le dan la espalda a sus representadas, prohibiendo el aborto, promoviendo la esterilización forzada o negándose a combatir los feminicidios. Esto ocurre en razón de que la democracia formal del capitalismo también responde a intereses patriarcales de dominación y cosificación de las mujeres, por lo que las mujeres que llegan al poder suelen venderse al patriarcado por unos cuantos privilegios personales.

Por otra parte, en los países socialistas el patriarcado no se ha eliminado, pero se ha reducido al mínimo, ya que la participación de las mujeres en puestos de poder es casi paritaria, salvo en el puesto de presidente o líder de las fuerzas armadas. El terreno de los derechos sexuales y reproductivos está prácticamente resuelto, dado que el derecho al aborto, al trabajo digno y a las guarderías colectivas es un hecho, no existen feminicidios y su posibilidad de desarrollo profesional está garantizada. Sin embargo, aún se vive una relación paternalista con los líderes de la revolución, la sociedad norcoreana es un tanto conservadora y el gobierno cubano aun no reconoce el matrimonio entre personas del mismo sexo (2018).

Conclusión

Hemos visto que la democracia es un fenómeno excepcional en la historia de la humanidad, ya que en la prehistoria se dio de modo espontáneo por las condiciones materiales que lo propiciaron y desde entonces se ha dado escasamente en cada periodo histórico.

Fue hasta que se efectuaron las revoluciones socialistas que la democracia se realizó como producto de la voluntad del pueblo trabajador, desgraciadamente el capitalismo se ha encargado de reducir a dos el número de repúblicas populares socialistas: Cuba y Corea del Norte, que son malentendidas como crueles dictaduras por el imaginario común.

Nuestro deber histórico como pueblo trabajador es construir relaciones colectivas con nuestros semejantes y organizarnos contra el sistema capitalista, de modo que preparemos las condiciones para la revolución socialista, la cual debe incluir organizaciones colectivas de mujeres, de modo que al llegar al socialismo puedan velar por sus derechos. La democracia sólo será posible en una sociedad donde cada cual trabaje según sus capacidades y reciba según sus necesidades, como dijera Marx, y las mujeres tengan poder sobre sí mismas, como dijera Wollstonecraft.

Referencias

Eisenstein, Zillah R. (compiladora) (1980) Patriarcado capitalista y feminismo socialista. México. Siglo XXI.

Fekerfanta (2014) La democracia popular en Corea del Norte. En: http://depyongyangalahabana.blogspot.mx/2014/05/la-democracia-popular-de-corea-del-norte.html.

Kollontai, Alexandra (1976) La mujer en el desarrollo social. En: Kollontai, Alexandra. La mujer en el desarrollo social. En:https://creandopueblo.files.wordpress.com/2011/09/kollontai-alexandra-la-mujer-en-el-desarrollo-social.pdf

Makarenko, Anton (1977) La colectividad y la educación de la personalidad. Editorial Progreso, Moscú.

Rodríguez Fernández, Alicia  (2015) Las Beguinas: su historia y su forma de vida alternativa. En: http://index-f.com/gomeres/?p=1098

Sánchez Vázquez, Adolfo. (2014) Ética. En: https://aproximandonosalaetica.files.wordpress.com/2016/10/etica_sanchez-vazquez-adolfo.pdf

Simón, Pablo (2015) La democracia según Karl Marx. En: http://www.jotdown.es/2015/10/la-democracia-segun-karl-marx/

LO QUE NO ES EL MACHISMO

2a edición

MAURICIO DIMEO

machismo mata

INTRODUCCIÓN

El machismo es la actitud o manera de pensar de quien sostiene que el hombre es por naturaleza superior a la mujer. Ante los diversos prejuicios y malentendidos sobre el fenómeno del machismo, surge la necesidad de aclarar cuál es su papel ante la opresión patriarcal hacia las mujeres, en este ensayo se trata de clarificar tales cuestiones.

  1. El machismo no es natural

Uno de los argumentos más populares para justificar al machismo, es pretender que éste es natural, en tanto se asume que el hombre es superior por naturaleza, lo cual se ha utilizado para justificar la violencia y la subordinación hacia las mujeres.

Sin embargo, la historia nos dice lo contrario, dado que en el periodo del salvajismo, que duró unos 40 mil años, las diferencias entre hombres y mujeres se reducían a la capacidad reproductiva, dado que la supervivencia en la prehistoria de la humanidad obligó tanto a hombres como mujeres a cazar y recolectar por igual, por lo que no había ningún tipo de dominación. Fue en la época posterior de la barbarie, con el desarrollo de la agricultura y la ganadería, y la posibilidad de un excedente de producción, cuando la división sexual del trabajo subordinó a las mujeres, hasta el grado de convertirlas en esclavas de los hombres en la antigüedad.

Es decir, el machismo no es natural, sino que es producto de relaciones socioeconómicas opresivas, donde los hombres monopolizan el poder, el espacio público, las propiedades y la toma de decisiones, lo que les brinda un amplio margen de libertad para ser violentos con las mujeres, desde los piropos hasta los feminicidios.

Basta con revisar la cantidad de puestos de poder que ocupan y han ocupado hombres y mujeres en el mundo, para darse cuenta que los puestos más altos están dominados por hombres, tanto a nivel empresarial como gubernamental. En el espacio público las mujeres corren mayores riesgos de ser asaltadas, violadas y asesinadas que los hombres. La mayor parte de las propiedades están a nombre de hombres y las personas más ricas del mundo son hombres. Los juzgados suelen favorecer los testimonios de los hombres en temas como feminicidios, abusos sexuales y violencia doméstica.

Todas estas condiciones propician que los hombres abusen de sus privilegios, de modo que el machismo que ejercen no es en absoluto natural, sino producto del sistema patriarcal que brinda privilegios y un trato preferencial a los hombres como clase sexual hegemónica, por encima de las mujeres como clase sexual subordinada.

  1. El machismo no es un problema individual

El machismo no es un hecho aislado ni es producto sólo de decisiones individuales, sino que es la expresión de un sistema social llamado patriarcado. Dicho sistema no es explícito como lo es el capitalismo, sino que es un sistema oculto y negado por sus beneficiaros: los hombres.

El patriarcado surgió en la barbarie superior, justo cuando el excedente de producción dio la posibilidad de que los hombres se apoderaran de los recursos y subordinaran a las mujeres al cuidado del ganado y a la crianza de los hijos. Desde entonces existen dos clases sexuales: la clase sexual de los hombres, que monopoliza el poder, las propiedades y el espacio público, y la clase sexual de las mujeres que son asumidas como objetos sexuales y reproductivos, así como propiedad de los hombres.

El patriarcado es un sistema oculto porque hace parecer la desigualdad de género como algo natural, basado en una supuesta animalidad o biología inherente e inmutable al género humano. Utiliza varios mecanismos de control para mantener su hegemonía, como los siguientes:

2.1 Control reproductivo. Para el patriarcado ninguna mujer debe decidir sobre su propio cuerpo, esto implica la criminalización del aborto, los matrimonio arreglados principalmente con niñas, así como las esterilizaciones forzadas en los hospitales públicos, la violencia obstétrica y la maternidad obligatoria, es decir, el prejuicio de que las mujeres están incompletas si no tienes hijos.

2.2 Control corporal. El feminicidio, la tortura sexual, la trata de mujeres y la violencia doméstica como medidas disciplinarias para que las mujeres se sometan a las jornadas (laborales, sexuales, domésticas y de crianza) que les impone el patriarcado, de modo que nunca tenga tiempo para sí mismas y no sean personas independientes y autónomas.

2.3 Control sexual. La satanización de las mujeres que ejercen su sexualidad libremente, de modo que sean descalificadas como mujerzuelas y rechazadas en sociedad. Ya sea porque tienen mucha actividad sexual o porque mantienen relaciones homoeróticas.

2.4  Control estético. La imposición de un modelo de belleza, delgadez, juventud y blancura de piel que fuerza a las mujeres a mantenerse en estándares imposibles, de modo que vivan insatisfechas con sus cuerpos permanentemente. Este criterio se utiliza para la contratación laboral y para la aprobación en el espacio público.

2.5 Control romántico. La imposición del amor romántico como el máximo sentido de la vida de las mujeres, de modo que estén dispuestas a sacrificar todo por un hombre y se vean a sí mismas como competidoras y rivales, a tal grado que sea imposible la alianza entre mujeres.

2.6 Control doméstico. Para mantener a las mujeres sometidas se les asigna la crianza de los hijos como algo obligatorio, desestimando la responsabilidad paterna, así como el interminable trabajo de cuidados hacia los hijos y cualquier miembro de la familia, además en el mercado laboral se les brinda empleo estereotipado como el trabajo doméstico y el de intendencia, donde la mayoría son mujeres en pésimas condiciones laborales.

2.7 Control económico. El hecho de que los hombres posean la mayoría de las propiedades en el mundo, que la mayoría de las personas pobres en el mundo sean mujeres y que en general el salario de las mujeres sea menor que los hombres por el mismo trabajo, implica que la mayoría de las mujeres no poseen independencia económica, lo cual es una forma más de control patriarcal.

En pocas palabras, el machismo no es un problema individual dado que es la expresión del sistema patriarcal, el cual posee varios mecanismos de control que mantienen a las mujeres al servicio de los hombres como clase sexual hegemónica.

  1. El machismo no es producto de una enfermedad mental

Se suele creer que los feminicidas, violadores y golpeadores de mujeres constituyen una minoría de hombres que están mentalmente enfermos y que la mayoría de los hombres no son así, lo cual es tan sólo un mito que se utiliza para minimizar o invisibilizar la violencia permanente que ejerce la clase sexual de los hombres contra la clase sexual de las mujeres.

En realidad, la mayor parte de los feminicidios, violaciones sexuales y violencias contra mujeres, son ocasionados por hombres conocidos por ellas, ya sea esposos, amantes, padres, tíos, abuelos, hermanos, profesores y jefes de trabajo. Lo cual muestra que los agresores no son enfermos mentales sino lo que suele llamarse hijos sanos del patriarcado, es decir, hombres comunes y corrientes que aparentan ser pacíficos y amables pero que saben que en el momento que les plazca pueden ejercer su dominio y serán cobijados por el patriarcado.

Este respaldo patriarcal se expresa en el sistema de justicia que minimiza el abuso hacia las mujeres como problemas domésticos o crímenes pasionales, de modo que la superestructura jurídica es uno de los pilares del patriarcado.

La muestra de que el patriarcado respalda a los hombres agresores está por ejemplo en la cultura de la violación, en la que se criminaliza a las mujeres violadas como provocadoras y se justifica a los violadores como víctimas de las tentaciones o de impulsos supuestamente naturales.

Otra muestra es la cultura machista generalizada de los hombres que en su mayoría disfrutan con pornografía que simula violaciones sexuales, expresan piropos a desconocidas para evidenciar su hegemonía y responden con violencia desmedida ante el rechazo sexo-afectivo de las mujeres.

En pocas palabras, la violencia machista no es producto de unos cuantos enfermos mentales, sino de una cultura patriarcal que protege y victimiza a los agresores y criminaliza a las mujeres, normalizando la violencia y el abuso sexual al grado de invisibilizarlos.

  1. El machismo desde las mujeres no es significativo.

Se suele creer que las mujeres son más machistas que los hombres o inclusive más violentas, lo cual es sólo un gran prejuicio.

Se dice que como la educación comienza en la casa, son las mujeres las que educan a hombres machistas, sin embargo la realidad es más compleja. En primera instancia, el hogar no es el único espacio educativo, los niños son influidos por todos los espacios donde conviven: casa, escuela, calle y hospitales, entre otros, de modo que no se puede responsabilizar a las madres de modo arbitrario. En segunda instancia, el control de los hombres influencia la educación que ejercen las madres, dado que los hombres poseen el control económico y político de la familia, de modo que ejercen presión sobre cómo debe las madres educar a los niños. En tercera instancia, pese a que los padres de familia suelen delegar la crianza a las madres, suelen hacer demostraciones de poder y control que son formas de educación indirecta, de modo que son ellos los principales responsables de la transmisión del patriarcado en la siguiente generación.

Existen mujeres que contribuyen al mantenimiento del patriarcado con una infinidad de expresiones machistas, desde posicionarse en contra del aborto, descalificar a las mujeres por su vida sexual o atacar a todas las mujeres que amenacen su relación sexo-afectiva. Sin embargo, en la medida en que el patriarcado otorga el poder a los hombres, todas estas acciones de las mujeres machistas son insignificantes comparado con el machismo que pueden ejercer los hombres por el gran poder que les otorga el patriarcado, tales como asesinar mujeres, violarlas, acosarlas y agredirlas en todo sentido, por lo que las mujeres cómplices del patriarcado no son la principal amenaza.

 

  1. El machismo hacia los hombres no es significativo

Se tiene el prejuicio de que como el machismo ataca tanto a hombres como a mujeres, ambos lo sufren por igual, lo cual es sólo un prejuicio.

El patriarcado ejerce cierto control sobre los hombres, con el objetivo de mantenerlos disciplinados para el dominio de las mujeres, por lo que deben mostrarse fuertes, invulnerables, proveedores y dominantes, lo cual puede ser fuente de sufrimiento.

Por ejemplo, en promedio los hombres viven menos que las mujeres, esto es efecto del patriarcado, dado que los hombres van menos a los hospitales por temor a verse débiles, por lo que las enfermedades los matan más rápido.

Otro ejemplo es la violación sexual hacia los hombres, la cual ocurre sobre todo en las cárceles, este es efecto del machismo en la medida en que es ejercida por otros hombres con el objetivo de quitarles la hombría, es decir, la violación sexual hacia los hombres es un acto machista de sobajamiento y dominación patriarcal.

Un ejemplo más cotidiano es la alusión de homosexualidad como forma de ofensa o burla, lo cual es un ejemplo de machismo en la medida en que se asume que las mujeres son inferiores y que toda semejanza de un hombre con una mujer lo humilla.

En pocas palabras, el machismo afecta a los hombres porque viven un poco menos que las mujeres, poseen una ligera posibilidad de ser violados por otros hombres y suelen sufrir humillaciones con alusión a la homosexualidad. Todo ello es insignificante comparado con el riesgo permanente de las mujeres a ser violadas, asesinadas y secuestradas para trata, lo cual es un riesgo que corren todos los días.

  1. El machismo no es feminismo al revés.

Como el machismo es la idea de que los hombres son superiores a las mujeres, se suele creer que el feminismo pondría a las mujeres en un grado superior, sin embargo esto es completamente falso, dado que el machismo posee el respaldo del sistema patriarcal para que los hombres disfruten de una serie de privilegios como acceder con mayor facilidad a puestos de poder, salarios y propiedades, así como ser escuchados y validados en sus opiniones y ser sujetos sexuales, lo cual los coloca en una posición de supremacía, que les da la libertad de abusar de las mujeres desde el piropo, el consumo de prostitución, así como la violencia, la violación sexual y el feminicidio, es decir, el machismo mata a las mujeres permanentemente.

Por lo contrario, el feminismo no busca esclavizar a los hombres como si se tratara de una venganza, sino que tan sólo se propone la conquista de derechos para las mujeres, es decir, que dejen de ser consideradas como objetos sexuales, reproductivos o domésticos y sean reconocidas como personas autónomas e independientes. En otras palabras, no basta con que las mujeres adquieran los mismos derechos que los hombres, dado que requieren derechos específicos por sus condiciones históricas, tales como los derechos sexuales y reproductivos.

Por otra parte, cuando las mujeres se organizan y exigen sus derechos son satanizadas por el patriarcado como “feminazis” el cual es un concepto fuera de lugar porque no tiene relación la lucha feminista con las atrocidades que cometieron los nazis, pero este concepto es utilizado para descalificar las formas de lucha que incomodan la situación de privilegio de los hombres. En todo caso, lo opuesto al machismo sería el “hembrismo”, sin embargo, no hay comparación entre un machismo que mata a las mujeres con el respaldo del sistema patriarcal y un presunto hembrismo que tan sólo se burlaría de los hombres.

En pocas palabras, el machismo es la expresión del dominio patriarcal de la clase sexual de los hombres, el feminismo es la protesta contra dicho dominio para lograr el reconocimiento de las mujeres como sujetas de derechos, y los conceptos de feminazismo y hembrismo son tan sólo inventos del patriarcado para satanizar la lucha de la clase sexual de las mujeres.

7. El machismo no se puede superar dentro del sistema capitalista

Dentro del capitalismo existen países que han logrado un gran avance por los derechos de las mujeres, tal es el caso de los países nórdicos, donde las mujeres disfrutan de puestos directivos, derechos de salud y reproductivos, aborto legal y gratuito, erradicación de la prostitución y de la trata, así como la posibilidad de desarrollarse profesionalmente y tener propiedades. Sin embargo, tales derechos han sido producto de las luchas feministas locales, en países que también han logrado un estado benefactor para la clase trabajadora, el problema es que el capitalismo como sistema mundial no puede permitirse que dicho bienestar se extienda a todo el globo, dado que su supervivencia depende de la explotación y opresión del proletariado, que en su mayoría se compone por mujeres.

En tal sentido, el capitalismo mantiene grandes sectores industriales como el del vestido gracias a la explotación brutal de mujeres pobres, además uno de los más jugosos negocios capitalistas es la trata de mujeres y la prostitución, eso sin mencionar el abuso que implica la gestación subrogada que se ejerce contra las mujeres pobres.

Es decir, el capitalismo no puede permitirse la superación del patriarcado, dado que ambos sistemas se complementan para mantener oprimidas a las dos principales clases dominadas en la actualidad: la clase sexual de las mujeres y la clase trabajadora, por lo que la lucha contra el machismo está interconectada con la lucha proletaria por la superación del capitalismo.

Conclusión

Hemos visto que existe una serie de prejuicios sobre el machismo que deben ser desmentidos, dado que el machismo es un producto histórico, es una expresión del sistema patriarcal, es reproducido por hijos sanos del patriarcado, es ejercido fundamentalmente por hombres y daña principalmente a las mujeres, no es feminismo al revés y no se puede superar dentro del sistema capitalista.

Consecuentemente, la superación del machismo requiere que los hombres cuestionemos y combatamos nuestros privilegios, asumiendo que formamos parte de una clase sexual hegemónica. También requiere que no nos entrometamos en la lucha de las mujeres como clase sexual, dado que como sujetas históricas requieren emanciparse por sí mismas. Además, tal esfuerzo no puede completarse mientras vivamos en el sistema capitalista, así que la lucha feminista requiere apoyarse en la lucha socialista para lograr una sociedad donde cada cual trabaje según sus capacidades y reciba según sus necesidades, como dijera Marx, y las mujeres tengan poder sobre ellas mismas, como dijera Wollstonecraft.

Referencias

Asuar Gallego, Beatriz (2017) La antropóloga que demostró que la violencia machista no es natural. En: https://www.publico.es/sociedad/francoise-heritier-antropologa-demostro-violencia-machista-no-natural.html Consultado el 29 de julio de 2018.

Barba Pan, Montserrat (2016) ‘Hembrismo’ y ‘feminazismo’, dos inventos del machismo. En: https://www.aboutespanol.com/hembrismo-y-feminazismo-dos-inventos-del-machismo-1271575 Consultado el 29 de agosto de 2018.

Vela Barba, Estefanía (2016) ¿Y la violencia en contra de los hombres, qué? En: http://www.eluniversal.com.mx/blogs/estefania-vela-barba/2016/11/24/y-la-violencia-en-contra-de-los-hombres-que Consultado el 29 de julio de 2018.

CRISTIANOS, BRUJAS Y COMUNISTAS

MAURICIO DIMEO

jesuscommunist

INTRODUCCIÓN

La historia de la humanidad es la historia de la lucha de clases y en cada periodo histórico surgen grupos políticos que luchan contra las clases dominantes, en este ensayo se analizará el papel de las clases sometidas de la civilización, los cuales han jugado un papel fundamental en el devenir de la historia.

  1. Prehistoria.

En el periodo del salvajismo no existía ninguna diferencia entre la situación del hombre y la mujer, así como tampoco existían clases o castas sociales. Esto no fue así porque el humano fuera bueno por naturaleza, sino porque el modo en que la gente se ganaba la vida era muy precario y no permitía ningún tipo de opresión, es decir, todos hacían de todo (cazar, recolectar, criar, huir, entre otras). Si un hombre intentaba esclavizar a otro o a una mujer, se morían de hambre mutuamente, dado que los recursos que consiguiera una persona no alcanzaban para alimentar a dos, es decir, “quien no se subordinara a la voluntad de la colectividad perecía” (Kollontai, 1976:3). Además, esta situación duró varias decenas de miles de años, es decir, la mayor parte del tiempo que el humano ha habitado la tierra ha estado exento de desigualdad de género o de clase.

Sin embargo, esta igualdad absoluta no podía durar para siempre, dado que “Con el género homo las actividades de caza de presas medianas, además de la recolección, empiezan a cobrar mayor importancia frente a las actividades de carroñero y eventual cazador de presas menores, y con ello, quizá la primera división social del trabajo entre hombres cazadores y mujeres recolectoras (por lo menos las mujeres preñadas o en periodo de lactancia).” (García Colín, 2014). Desde ese momento los hombres se empiezan a especializar en la caza y las mujeres en la recolección, lo que propició las condiciones materiales para que la mujer fuera la primera en domesticar el fuego (Kollontai, 1976:4). Además, gracias a los largos periodos que las mujeres pasaban esperando la llegada de los cazadores para surtirse de alimentos, fue que las mujeres descubrieron la agricultura. Estos hallazgos de las mujeres propiciaron las condiciones para que el papel de la mujer en gran parte de los pueblos bárbaros fuera preponderante, lo que generó en algunos casos el surgimiento del matriarcado, es decir, como las mujeres eran las que cocinaban la carne conseguida por los hombres y al mismo tiempo suministraban alimentos vegetales por la recolección y siembra: su papel en la economía propició una gran valoración política y cultural, reflejada en muchas mitologías que instauraron como su deidad principal a una diosa (por ejemplo en Grecia la diosa Gea fue durante algún tiempo la más importante, por su vinculación con la agricultura, o la diosa Isis de Egipto). Dado que el hecho de que las mujeres cuidaran y administraran los territorios, les dio un papel preponderante en la toma de decisiones.

En consecuencia, la primera división de trabajo fue la división sexual y en su primera fase favoreció a las mujeres, ya que eran valoradas por su papel en la economía, además de su papel en la reproducción e incluso fueron las primeras médicas por su conocimiento de las plantas propiciado por la agricultura, y su primacía en la toma de decisiones, sin que esto representara opresión alguna para los hombres.

Por otro lado, cuando la caza empezó a encarecerse, los hombres se vieron obligados a conservar a algunas de las presas y se dieron cuenta que podían extraerles leche, lana y otros recursos sin necesidad de matarlas, además de que esto permitía el control natal de las crías, así fue como surgió el pastoreo. En los pueblos pastores se dieron las condiciones materiales para el surgimiento del patriarcado, dado que era económicamente más valiosa la labor de los hombres de recolectar ganado, que el de las mujeres de cuidarlo en casa, de modo que poco a poco el hombre sustituyó a la mujer políticamente hablando y la fue subordinando hasta concebirla como propiedad del hombre. Incluso porque los pueblos pastores tendían a conquistar a los pueblos agricultores, que al ser matriarcales solían ser pacíficos. En América el patriarcado tuvo otro matiz, dado que no había animales domésticos de gran tamaño, por lo que no se desarrolló la ganadería, pero los mismos pueblos agricultores empezaron a rivalizar por las tierras y los más belicosos lograron establecer cierto dominio sobre otros pueblos y sobre las mujeres, que al enfocarse en la agricultura y las labores de crianza, fueron gradualmente subordinadas.

El patriarcado surgió entonces por una razón económica y la mujer, de ser la principal productora con la invención de la agricultura pasó a ser una cuidadora de ganado y posteriormente propiedad privada del hombre, recluida al espacio doméstico. El hombre podía tener tantas mujeres como pudiera mantener, lo que se agravó con el desarrollo del sistema esclavista, donde la mujer perdió todo tipo de derechos.

En pocas palabras, la lucha de clases y la desigualdad de género son dos caras de la misma moneda: la subordinación política que ejerce quien posee el dominio económico. El surgimiento del clasismo (esclavismo, feudalismo o capitalismo, según el periodo histórico) y del patriarcado se gestaron cuando las condiciones materiales permitieron un exceso de recursos, gracias a la agricultura y luego a la ganadería, lo cual favoreció que los hombres pastores o guerreros sometieran a las mujeres y a los pueblos agricultores, desarrollando un sistema patriarcal y de castas que se consolidó en un sistema de clases esclavista basado en la propiedad privada.

  1. Cristianismo primitivo.

El esclavismo es el primer sistema socioeconómico que surgió de la civilización, la primera clase social oprimida de la historia fue la esclava, la cual protagonizó innumerables rebeliones en busca de su emancipación, una de las primeras rebeliones fue la de Espartaco, la cual fue aplastada al no contar con un programa político ni las condiciones históricas suficientes para triunfar. Otra rebelión importante fue la del pueblo hebreo, que se liberó de la esclavitud egipcia, para posteriormente caer sometido ante el Imperio Romano.

Dentro de los judíos surgió una infinidad de grupos guerrilleros que luchaban en contra del yugo del Imperio Romano, entre ellos estaban los Celotes y los Esenios, de los que surgieron los cristianos. Aunque no se tenga certeza de la existencia histórica de Jesucristo, son los pueblos quienes hacen la historia, por lo que el valor histórico del cristianismo primitivo reside en haberse enfrentado a todo un imperio.

Los cristianos tuvieron la gran idea de fundar una doctrina universal, que no se remitiera a un pueblo elegido, sino que pudiera liberar a todos los oprimidos. Fue un movimiento revolucionario porque tambaleó a la clase dominante, mediante “hostigamiento, provocación, robos, asesinato, terrorismo y actos de valentía que acababan en la muerte (…) preferían asesinar a sus familias y suicidarse antes de entregarse al enemigo” (García Colín, 2015). Hubo por lo menos cinco mesías militares judíos, sin incluir a Jesús o Juan el bautista.

La universalidad del cristianismo primitivo residía en que buscaba liberar a prostitutas, esclavos, campesinos y marginados en general, lo cual le dio mucho poder de convocatoria. Otra característica es que los cristianos formaban comunidades agrícolas donde todo era propiedad común, por ello se suele decir que el cristianismo primitivo tiene rasgos comunistas.

Además, el cristianismo no era una religión de sumisión como ahora, sino de venganza y justicia mediante la lucha armada, tampoco era una religión de otro mundo, sino que buscaba la justicia en la tierra. En el Nuevo Testamento aún se conservan alusiones sobre Jesucristo atacando a los ricos, tanto de palabra (la parábola de la aguja y el camello) como de acción (el repudio a los mercaderes en el templo). También se conserva el argumento de que para ser cristiano hay que dar todo a los pobres.

El descubrimiento de los rollos del Mar muerto muestra cómo el cristianismo primitivo tuvo un profundo sentido revolucionario, armado y contra los ricos. Del mismo modo, el Apocalipsis representa el juicio final contra la clase dominante, en el cual se sueña con un mundo libre de desigualdad e injusticia, viviendo en comunidad.

Las mujeres eran las que más sufrían la opresión del Imperio Romano, dado que no sólo eran sometidas como esclavas, sino que eran oprimidas por sus esposos, dado que el primogénito hombre era el heredero universal (Gálves, 2016), generaba vergüenza que la mujer tuviera sexo prematrimonial y resultara embarazada, si resultaba estéril era repudiada por el marido que exigía el divorcio, con frecuencia se le apedreaba hasta la muerte después del divorcio. Con la conquista romana las mujeres eran violadas como rito de sobajamiento, lo que ocasionaba hijos ilegítimos y más humillación. Con el cristianismo se ofrecía una salida, ya que se consideraba a hombres y mujeres como iguales.

En consecuencia, la mayoría de las personas que seguían a Cristo eran mujeres, lo cual probablemente ocasionó que varios de los apóstoles también lo fueran, principalmente María Magdalena. A la muerte de Jesús, fueron las mujeres las que expandieron el cristianismo, fundaron comunidades y escribieron evangelios.

La persistencia y tenacidad de los guerrilleros cristianos fue tan contundente que los romanos se cansaron de combatirlos y decidieron cambiar su estrategia. El emperador Constantino consiguió corromper a las capas superiores de la iglesia cristiana primitiva y fundó el catolicismo para adueñarse del poder de los cristianos. Una vez que se logró neutralizar la fuerza del cristianismo, lo siguiente fue alterar su método de lucha; en vez de la justicia: el perdón, en vez de las armas: la oración, en vez de la igualdad entre hombres y mujeres: la sumisión de la mujer, en vez de igualdad política: jerarquías feudales. En el concilio de Nicea se fueron configurando todas estas medidas retrógradas, que posteriormente se hicieron dogma y se borró por completo todo vestigio del cristianismo revolucionario.

En pocas palabras, el cristianismo primitivo fue un movimiento revolucionario, armado, igualitario y comunista, que logró herir de muerte al sistema esclavista del Imperio Romano, al grado de obligarlo a generar la religión católica para corromper y neutralizar al cristianismo, propiciando la muerte del esclavismo como sistema y dando origen al sistema feudal y a la época medieval. Sin embargo, la ansiada igualdad entre hombres y mujeres, así como el sueño de exterminar a la clase dominante: no pudieron concretarse porque no existían las condiciones históricas para la superación de la lucha de clases.

  1. Herejes y brujas.

La instauración del feudalismo suavizó la lucha de clases, dado que la clase de los siervos desplazó a la clase esclavista como la clase dominada, los siervos eran familias que podían poseer una tierra propiedad de los señores feudales, no podían abandonar dicha tierra y no eran dueños de ella, pero les bastaba con pagar un diezmo para asegurar su supervivencia.

Sin embargo, la miseria en la que se encontraban y los abusos por parte de los señores feudales, propiciaron movimientos populares que solían ser calificados de heréticos, con esa connotación religiosa de que quien está en contra del orden establecido atenta contra la iglesia y contra Dios. “Poco se sabe sobre las diversas sectas herejes (cátaros, valdenses, los pobres de Lyon, espirituales, apostólicos)” (Federici, 2004:53). Los herejes eran quemados en la hoguera y el Papa creó la Santa Inquisición para aniquilarlos. Los herejes buscaban la renovación espiritual y la justicia social, denunciaron las jerarquías sociales, la propiedad privada y la acumulación de riquezas, redefiniendo al trabajo, la propiedad, la reproducción sexual y la situación de las mujeres. Proponían una estructura comunitaria alternativa, desafiando al poder feudal, su programa político era muy parecido al de los primeros cristianos, pero adaptado a la época medieval.

La iglesia criminalizaba toda insubordinación social y política como herejía, colgando rebeldes y quemando con la Santa Inquisición a trabajadores que se levantaron en armas contra sus empleadores. La herejía era una crítica a las jerarquías, a la explotación económica y a la corrupción clerical. John Ball, líder intelectual inglés en 1381, denunció que nada estará bien en Inglaterra mientras haya caballeros y siervos, argumentó que estamos hechos a imagen de Dios, pero nos tratan como bestias.

En el plano sexual, los herejes eran perseguidos tanto por libertinos como por ser ascetas extremos, dado que se apropiaban de su sexualidad, más allá del control de la iglesia. De modo que la herejía se asoció a crímenes reproductivos, tales como la sodomía, el infanticidio y el aborto, lo que en realidad eran los primeros controles reproductivos. En el Tercer Sínodo Laterano de 1179, la iglesia intensificó sus ataques contra los homosexuales y el sexo no procreativo.

En los movimientos herejes las mujeres recobraban su estatus de igualdad, tenían derecho a administrar sacramentos, predicar, bautizar y ser sacerdotisas. Entre herejes vivían hombres y mujeres en unión libre, desafiando a la Iglesia. Otras mujeres como las beguinas vivían juntas fuera del control masculino. La herejía fue el enemigo  y la amenaza principal que tuvo la Iglesia, practicado principalmente por las clases bajas, que al no formar parte la jerarquía feudal, podían actuar con mayor libertad.

Las condiciones feudales que propiciaron la herejía como movimiento social, también generaron cierta autonomía en las mujeres, las cuales comenzaron a asociarse con independencia de los hombres y desarrollaron un gran conocimiento sobre el control de la reproducción, así como de herbolaria y una incipiente enfermería, esto les brindó un gran poder político y social, que no convenía a la clase dominante, así como tampoco a la naciente clase capitalista, por lo que se implementó una gran cacería de brujas, la cual se considera que exterminó a millones de mujeres en la Europa renacentista.

El naciente capitalismo requería una abundante fuerza de trabajo que no podía suministrarse si entre las mujeres existía un control reproductivo, por lo que se generó toda una mitología en torno a las mujeres autónomas, satanizándolas como brujas. Ese es el origen y explicación histórica de la dominación patriarcal de las mujeres en el capitalismo, para ello se tuvo que perseguir a millones de brujas hasta su exterminio.

La llamada acumulación originaria del capital consistió por una parte en el despojo de millones de campesinos de sus tierras, para lanzarlos al mercado laboral, así como la expropiación del cuerpo de las mujeres para que se convirtieran en máquinas reproductoras imparables, despojándolas también de su saber herbolario, para masculinizarlo en la ciencia moderna de la medicina. El surgimiento mismo de la ciencia, como una interrogación a la naturaleza, tiene su metáfora en la interrogación de las brujas por la Santa Inquisición.

De este modo, el capitalismo surge como sistema mundial con la sangre de millones de mujeres quemadas en la hoguera, millones de mujeres pariendo trabajadores destinados a la explotación laboral, el despojo de tierras comunes para la parcelación privada en función del capital y el conocimiento monopolizado por la ciencia burguesa en desarrollo.

En pocas palabras, los herejes y las brujas no fueron simples leyendas asociadas con el demonio, sino que fueron grupos revolucionarios que lucharon contra el poder de la clase feudal y fueron exterminados por el naciente capitalismo, que requirió una abundante mano de obra barata para completar su acumulación originaria y convertirse en el sistema económico mundial más poderoso de la historia. Las comunidades de herejes y brujas fracasaron porque no existían las condiciones históricas necesarias para su emancipación.

  1. Comunistas.

No bastó con exterminar a las brujas para que la burguesía tomara el poder, dado que la clase feudal buscaba mantener su hegemonía, por lo que fueron necesarias varias revoluciones violentas para lograrlo: la revolución de las 13 colonias, la inglesa y la francesa, entre otras. La burguesía utilizó al proletariado como carne de cañón para lograr su triunfo, para luego traicionarlo y hundirlo en la miseria de la explotación laboral y el desempleo.

Hubo dos grandes intentos de instaurar regímenes gobernados por el pueblo organizado, uno es la Comuna de París en 1871 y otro la Comuna de Morelos de 1914 a 1918. En ambos casos el proletariado demostró que tenía la suficiente fuerza social y la capacidad política para autogobernarse, pero les faltó la claridad política para derrotar al Estado capitalista, por lo que fueron derrotados en poco tiempo.

Esos dos intentos demostraron que por primera vez en la historia de la humanidad, se habían generado las condiciones económicas, políticas y sociales para que las clases oprimidas tomaran el poder y derrotaran a la clase dominante, ese fue el caso de la Revolución Rusa, la cual es probablemente el mayor triunfo del pueblo organizado en la historia, ya que cumplieron el sueño de los cristianos primitivos y de los herejes medievales de una sociedad donde haya justicia, igualdad y sea derrotada la clase dominante.

El proceso de la revolución rusa respondió a varias condiciones históricas, una efervescencia revolucionaria en toda Europa, un programa político consistente, basado en la teoría marxista (de lo cual carecieron las comunas de París y Morelos), además de una burguesía débil ocupada con la primera guerra mundial, un proletariado en ascenso y la conformación de un partido comunista sólido como lo fue el partido comunista de la Unión Soviética.

Cabe mencionar que las mujeres fueron protagónicas en esta revolución, una de sus manifestaciones públicas dio pauta al levantamiento armado y lograron el sueño de las cristianas primitivas y de las brujas renacentistas, al consolidar por primera vez en la historia un Estado que legisló el aborto, el divorcio y guarderías colectivas para asegurar la vida digna de todas las mujeres trabajadoras, eliminando también la prostitución y la trata de mujeres, además de posicionarlas en puestos de dirección política.

Desde que triunfó la revolución rusa, la clase capitalista a nivel mundial arremetió con toda su fuerza para destruir al socialismo, lo primero que hizo fue una guerra abierta contra las repúblicas soviéticas, pero fracasó en su intento. La URSS pasó de ser un grupo de países semifeudales a ser la mayor potencia mundial, esto no podía permitirlo la burguesía, además en Europa crecían los partidos comunistas como en Italia y Alemania, así que decidió corromperlos desde adentro, de modo que el fascismo en Italia y el Nazismo en Alemania fueron encabezados por la ultraderecha capitalista para frenar al pueblo organizado.

La ultraderecha europea logró aplastar al pueblo organizado y se dispuso a aniquilar al socialismo con la Segunda Guerra Mundial, pero no contaban con que la Unión Soviética disfrutaba de un ejército completamente comprometido a defender al socialismo, con un nivel de conciencia social nunca antes visto, producto de la pedagogía socialista impulsada por Makarenko (1977) para educar al pueblo en un pensamiento de colectividad. El ejército ruso derrotó a los nazis en la Gran Guerra Patria, siendo los verdaderos vencedores de la contienda y no los estadounidenses como la historia oficial nos ha hecho creer.

La burguesía fue derrotada, pero asentó varios golpes letales al socialismo soviético. En primera instancia hizo con Stalin lo mismo que con las brujas: lo satanizó, exagerando las cifras de represión que ejecutó el partido comunista de la Unión Soviética contra los traidores y renegados de la revolución. Pretendiendo asemejar la lucha por mantener al socialismo con el holocausto nazi, sin entender que el primer paso para llegar al comunismo es una dictadura del proletariado, donde se requiere luchar contra toda amenaza hacia el poder obrero hasta las últimas consecuencias. Lamentablemente la mayoría de los intelectuales burgueses y socialistas se creyeron el cuento capitalista de la satanización de Stalin, así como anteriormente se creyeron el cuento de las brujas como seres malvados, en ambos casos se difundió el mito de que comían niños. En el caso de las brujas por el control reproductivo y en el de los comunistas por la supuesta miseria en la que vivían.

En segunda instancia la clase capitalista entendió que no podía derrotar al socialismo mediante las armas, de modo que decidió corromperlos, tal como hizo la clase dominante de la antigüedad para derrotar a los cristianos primitivos. Con un proletariado debilitado por la Gran Guerra Patria, el capitalismo logró infiltrar a Nikita Kruschev, quien gobernó con un discurso ilusorio de que la lucha de clases en la URSS había terminado y que ya estábamos llegando al comunismo en sentido pleno. Desde Kruschev hasta Gorbachov, todos los gobernantes fueron infiltrados del capitalismo para desmantelar desde adentro al socialismo soviético y al final lo lograron. No es verdad que el socialismo haya fracasado o que hubo una burocratización, en realidad fue la infiltración del capitalismo y la destrucción del socialismo desde adentro en un periodo de varias décadas.

En tercera instancia el capitalismo se apropió de los derechos sociales conquistados por el pueblo trabajador y los instauró en su Estado de bienestar, pero sólo en los países capitalistas desarrollados, frenando así la lucha obrera en el primer mundo. Con lo que simulaba que el capitalismo es capaz de brindar vida digna y que no es necesario el socialismo, pero después de la caída de la URSS, todos estos derechos han sido gradualmente arrebatados, como ejemplo tenemos el deficiente sistema de salud pública en Estados Unidos y la caída del salario a nivel mundial.

Afortunadamente las condiciones históricas fueron suficientes para propiciar revoluciones socialistas en casi todos los continentes, las que triunfaron fueron la cubana, la china, la laosiana, la vietnamita y la norcoreana; de las cuales el capitalismo pudo infiltrarse y derrotar a todas, menos a la cubana y la norcoreana, las que mantienen los principios del marxismo-leninismo que han brindado la claridad política para sobrevivir al asedio y el bloqueo capitalista.

En pocas palabras, los comunistas son los herederos históricos de la lucha de los primeros cristianos y de las brujas y herejes, encarnados en el proletariado organizado contra el capitalismo, los cuales han logrado varias revoluciones triunfantes en el siglo XX, conquistando derechos sociales nunca antes vistos como la salud, la vivienda, la educación, la alimentación y el trabajo digno, los cuales se mantienen en Cuba y Corea del Norte, sobreviviendo al acecho del capitalismo.

Conclusión

Hemos visto que la historia de la humanidad es la lucha de clases, donde las clases dominadas han luchado por la justicia y la dignidad desde la época esclavista. El cristianismo era un movimiento revolucionario que fue corrompido por el emperador Constantino, que con el Concilio de Nicea lo convirtió en su opuesto: una institución reaccionaria que contribuye a la sumisión ante la opresión. El pueblo organizado no se rindió y generó la herejía y la brujería como formas de lucha y de estudio de la naturaleza, los cuales fueron satanizados y aplastados por la Santa Inquisición y sus conocimientos fueron expropiados por la ciencia naciente. Las clases dominadas volvieron a luchar en el capitalismo y lograron por primera vez en la historia el triunfo de una revolución social en la Unión soviética, la cual también fue satanizada y corrompida por los revisionistas desde Krushev hasta Gorbachov y los derechos sociales conquistados por el proletariado a nivel mundial, poco a poco se extinguen con el avance del neoliberalismo.

Desde el inicio de la civilización las clases desposeídas sueñan con una vida digna y una sociedad justa e igualitaria, somos herederos de una lucha de miles de años que ha condicionado los procesos históricos desde el esclavismo hasta el socialismo. Nuestro deber es continuar esta lucha, para honrar a millones de cristianos, herejes, brujas y comunistas (entre muchos otros) que dieron la vida para que exterminemos a las clases dominantes de una vez y para siempre.

La civilización se ha caracterizado porque no ha pasado un día sin que las clases dominantes hagan la guerra para despojar, exterminar, explotar o reprimir a las clases dominadas, por eso es necesario hacer la última de las guerras: la revolución socialista mundial, para instaurar una paz con justicia y dignidad definitiva, donde las mujeres tengan poder sobre sí mismas como dijera Mary Wollstonecraft y cada cual trabaje según sus capacidades y reciba según sus necesidades como dijera Karl Marx.

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